Haptika nace con la voluntad de utilizar la tecnología como una herramienta real para ayudar a las personas. Nuestro proyecto se centra en el desarrollo de soluciones que aportan feedback sensorial funcional a personas con amputación o con déficits neurológicos, con el objetivo de mejorar su relación con prótesis y dispositivos de asistencia y, en consecuencia, su autonomía y calidad de vida. Abordamos un problema muy concreto: la falta de información sensorial durante la interacción con el entorno, aportando una solución tecnológica diseñada desde una perspectiva humana, centrada en las necesidades reales de los usuarios y no únicamente en el rendimiento técnico.
La historia de Haptika comienza como un Trabajo de Final de Grado. En su origen no había la intención de crear una empresa, sino la voluntad de explorar una solución tecnológica a un problema concreto detectado durante nuestra experiencia trabajando con prótesis de brazo en la universidad: la falta de feedback sensorial en el uso de prótesis y dispositivos de asistencia. El primer prototipo desarrollado en este contexto académico permitió validar la idea a nivel funcional y, de forma inesperada, evidenció que el concepto tenía un potencial real para mejorar la vida de muchas personas.
A partir de ese primer resultado, surgió la decisión de seguir avanzando. Con la ayuda de algunos compañeros, el prototipo inicial se fue refinando, incorporando mejoras técnicas y funcionales, y pasando de una prueba conceptual a una solución más robusta. Paralelamente, el proyecto empezó a alejarse del marco estrictamente académico para adoptar una visión más amplia, orientada al desarrollo de un producto real.
Este proceso implicó un aprendizaje continuo que fue mucho más allá de la ingeniería: entender cómo se construye un producto, cómo se valida con usuarios, cómo se estructura una empresa y cómo se transforma una idea técnica en una solución viable y sostenible. Con el tiempo, Haptika dejó de ser un proyecto de estudiantes para convertirse en una iniciativa emprendedora con un objetivo claro: desarrollar tecnología con sentido, capaz de generar un impacto positivo real en la vida de las personas. Ese punto marcó el paso definitivo de la etapa académica a la creación de la empresa y al compromiso de llevar el proyecto adelante.
En este camino, el papel de entidades como la Fundación Más Humano resulta clave. La creación de comunidades de emprendedores, la generación de espacios de encuentro y la organización de eventos donde personas con inquietudes similares pueden conectarse son fundamentales para impulsar proyectos con impacto social. Estas iniciativas permiten reunir talento diverso con un denominador común: la voluntad de aportar su grano de arena al planeta, generar cambio y contribuir, desde distintos ámbitos, a mejorar algunas de las problemáticas de la sociedad actual.
Los jóvenes emprendedores tenemos un papel especialmente relevante en este contexto. Aunque en muchos casos no contamos todavía con la experiencia necesaria para llevar adelante proyectos de esta envergadura o empresas complejas, sí disponemos de algo igual o incluso más valioso: las ganas, la motivación y la determinación para hacerlo posible. Esta energía es la que nos permite seguir avanzando a pesar de las dificultades, aprender durante el proceso y dar forma a iniciativas que, como Haptika, buscan generar un impacto positivo real.
En los últimos años se ha consolidado una fuerte tendencia hacia el emprendimiento alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, combinando tecnología e innovación para dar respuesta a problemas reales de la sociedad. Este tipo de proyectos supone un esfuerzo doble, ya que no solo requiere inversión económica, sino también una dedicación de tiempo, compromiso y constancia muy elevados. Emprender en el ámbito tecnológico y social suele ser más exigente que desarrollar un negocio tradicional, pero también representa una oportunidad única para construir soluciones con sentido y con un impacto duradero en la vida de las personas.


