La defensa del medioambiente ya no puede entenderse como una causa ajena a la salud pública. Al contrario: cuidar del planeta es también cuidar de las personas. Desde esta perspectiva —la que promueve el principio de One Health o una sola salud— la profesión farmacéutica lleva tiempo asumiendo que su responsabilidad no termina en la fabricación y dispensación de medicamentos, sino que alcanza también al impacto que estos pueden tener sobre el entorno.
Existen muchas formas de actuar. Algunas pasan por la prevención; otras, por la compensación o la correcta gestión de los recursos. En todas ellas, la Farmacia está desempeñando un papel activo: desde campañas de sensibilización sobre el uso racional de los medicamentos hasta iniciativas que promueven el reciclaje adecuado de los fármacos cuando el paciente ya no los necesita. En todas, el sector farmacéutico se ha ido situando progresivamente en la primera línea.
Uno de los ámbitos donde esta responsabilidad resulta más evidente es el del uso de los antibióticos. Desde hace años, la farmacéutica —junto a otras profesiones sanitarias— viene advirtiendo del mal uso de estos medicamentos tanto en humanos como en animales. Un uso inadecuado no solo compromete su eficacia, sino que agrava un problema de salud pública de primera magnitud: las resistencias microbianas.
En España, el Programa Nacional de Resistencia a los Antibióticos (PRAN), aprobado en 2014 por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y la Conferencia Intersectorial de Agricultura, representa un ejemplo claro de cómo abordar este desafío desde una perspectiva integral. Su objetivo es reducir el impacto de las resistencias sobre la salud de las personas, los animales y el medioambiente, al tiempo que se preserva de forma sostenible la eficacia de los antibióticos existentes.
Para lograrlo, la estrategia articula múltiples medidas: formación e información para los profesionales sanitarios, campañas de sensibilización dirigidas a la población, vigilancia del uso de los antibióticos y la identificación de acciones de prevención y tratamiento. Pero, sobre todo, se apoya en la colaboración. En este esfuerzo común participan todas las comunidades autónomas, diez ministerios, cinco consejos generales de profesiones sanitarias —entre ellos, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos—, setenta sociedades científicas, asociaciones profesionales, universidades y más de trescientos expertos colaboradores. Una red amplia que demuestra que los grandes retos sanitarios solo pueden afrontarse desde el trabajo conjunto.
La dimensión global de esta amenaza también exige respuestas globales. Por ello, en 2025 más de ochenta organizaciones miembros de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), incluido el Consejo General, firmaron la Declaración de Copenhague sobre Resistencia Antimicrobiana. Un compromiso internacional que insta a reforzar la cooperación frente a este desafío mediante alianzas entre países, la promoción de la vacunación y del uso responsable de los antimicrobianos, la protección de las cadenas de suministro de medicamentos y el impulso de la investigación y la generación de evidencia en la gestión de estos tratamientos.
La declaración también puso de relieve el papel esencial de los farmacéuticos como guardianes de la eficacia de los antimicrobianos y como actores clave para fortalecer los sistemas de salud frente a esta amenaza mundial.
Pero la contribución de la Farmacia al cuidado del planeta no se limita a la lucha contra las resistencias antimicrobianas. También se refleja en iniciativas pioneras en materia de gestión de residuos. Un ejemplo paradigmático es el Sistema Integrado de Gestión de Residuos de Medicamentos (SIGRE), creado en 2001 gracias a la colaboración entre la industria farmacéutica, las farmacias comunitarias y la distribución. Su objetivo: garantizar la correcta gestión medioambiental de los envases y restos de medicamentos generados en los hogares. Y, desde enero del año pasado, además, amplió su ámbito de actuación a los envases comerciales e industriales de medicamentos, reforzando, así, el compromiso del sector con la sostenibilidad y la economía circular.
Más de dos décadas después, SIGRE se ha consolidado como un auténtico caso de éxito. En 2024, el reciclaje de medicamentos en España aumentó un 4,3 % respecto al año anterior. Detrás de estas cifras está la labor de la red de 22.000 farmacias, que está ayudando a la ciudadanía a proteger el planeta, poniendo a su disposición los Puntos SIGRE, donde pueden reciclar los medicamentos.
A estas iniciativas se suman otras impulsadas por el Consejo General para avanzar en la sostenibilidad ambiental. Entre ellas, acciones centradas en el cálculo, la reducción y la compensación de la huella de carbono. Enseñar a los farmacéuticos cómo medir este indicador en su actividad profesional, evaluar el impacto ambiental de grandes eventos como el Congreso Nacional Farmacéutico y compensar esas emisiones mediante proyectos de regeneración ambiental son muestras de un compromiso que va más allá de las palabras.
Porque ayudar a usar y reciclar correctamente los medicamentos, como estamos haciendo los farmacéuticos, es cuidar el planeta, a la vez que cuidamos de nuestra salud. Estamos, pues, dando pasos en favor de un sistema sanitario más sostenible y forjando el bienestar de las generaciones presentes y futuras.


