El principal desafío que afrontan hoy en día las empresas españolas es la mejora de su productividad. Este reto se hace especialmente evidente en la construcción, una actividad que desempeña un papel estratégico en la economía, tanto por su peso en el PIB como por su capacidad de arrastre sobre otros sectores. Sin embargo, la baja productividad relativa que sufre la economía española, unida al déficit de mano de obra cualificada en la construcción, amenaza con frenar la competitividad de las compañías y con limitar su contribución a objetivos tan cruciales como la transición ecológica y digital.
La respuesta a este desafío pasa, inevitablemente, por la formación. Las empresas de la construcción no pueden aspirar a mejorar su competitividad sin volcarse en la capacitación continua de sus empleados y en la incorporación de nuevos profesionales cualificados. La innovación, la eficiencia en los procesos, la digitalización y la Sostenibilidad no se logran únicamente con inversión en tecnología o con cambios normativos: requieren sobre todo de personas formadas, capaces de aplicar conocimientos actualizados y adaptados a las necesidades de cada proyecto.
En este contexto, la reciente aprobación del nuevo modelo de Formación Profesional (FP) “a medida” supone una oportunidad única. Desde CNC llevamos tiempo proponiendo una especie de “mochila formativa”, que puede contribuir a que cada trabajador acumule microformaciones de forma flexible a lo largo de su trayectoria, hasta completar un título o un certificado profesional. Se trata de un esquema innovador que reconoce que el aprendizaje ya no puede concebirse como un proceso lineal y cerrado, sino como un itinerario acumulativo y personalizado que acompaña al profesional en las distintas etapas de su vida laboral.
Este modelo es especialmente relevante en la construcción, donde los perfiles profesionales son muy variados y donde la demanda de cualificación cambia de manera constante. Desde los oficios más tradicionales como la albañilería, la carpintería o el encofrado, hasta competencias en aislamiento, manejo de maquinaria, eficiencia energética o digitalización de procesos; el abanico de necesidades formativas es inmenso. Ofrecer itinerarios modulares y acumulativos significa facilitar que más personas se incorporen al sector y que quienes ya trabajan en él puedan actualizar sus conocimientos sin abandonar su empleo.
La urgencia de este cambio es evidente. Según nuestras propias estimaciones, el sector necesitará incorporar alrededor de 700.000 profesionales en los próximos años para responder a las exigencias del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, así como a la creciente demanda de construcción de viviendas. Actualmente, cerca de 1,5 millones de personas ya trabajan en la construcción, lo que supone un 4,3 % más que el año anterior. Sin embargo, este crecimiento del empleo no logra cubrir la carencia de perfiles cualificados, en un contexto en el que las matriculaciones en FP de Edificación y Obra Civil han descendido un 45 % desde 2008 y representan apenas el 0,66 % del total.
La solución no puede ser otra que reconocer la importancia de la formación y ponerla en el centro de la estrategia empresarial y de las políticas públicas. Para ello hay que comunicar mejor las oportunidades del sector, pero también diseñar itinerarios atractivos y adaptados a las nuevas realidades. No se trata sólo de levantar edificios o infraestructuras, sino de participar en un proceso innovador que incorpora tecnologías digitales, criterios de eficiencia energética, materiales sostenibles y técnicas de economía circular. La construcción del futuro será necesariamente más verde, más tecnológica y más inclusiva.
El impacto de una buena formación va más allá de cubrir vacantes. Es, de hecho, la palanca más poderosa para mejorar la productividad. Un trabajador bien formado es capaz de ejecutar tareas con mayor precisión y rapidez, reducir errores, minimizar desperdicios y optimizar el uso de los recursos. A nivel agregado, esta mejora se traduce en empresas más competitivas, con mayor capacidad de innovar y de responder a las exigencias de clientes e instituciones. Y, lo que es más importante, en un sector que aporta más valor a la economía española en su conjunto.
El reto de la productividad no se resuelve únicamente desde los despachos de dirección. Exige que cada trabajador pueda desplegar su máximo potencial y que se sienta parte de un proyecto compartido, que se sienta construcción. Aquí la formación continua juega un papel fundamental: no como obligación burocrática, sino como una herramienta de desarrollo profesional y personal que beneficia tanto al empleado como a la empresa.
En otras palabras, apostar por la formación de los propios empleados permite a las empresas lograr el talento que necesitan, evitándolas tener que salir al mercado a captarlo.
En esta tarea, las empresas de nuestro sector cuentan con un aliado fundamental: nuestra Fundación Laboral de la Construcción, donde el año pasado se formaron más de 110.000 profesionales. Su labor resulta decisiva para cualificar a los trabajadores en nuevas técnicas constructivas y dotar al sector de la capacidad necesaria para ser más productivo, competitivo, sostenible y, en definitiva, mejor.
En este marco, conviene destacar el reciente protocolo de colaboración que firmó con el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana para fomentar el acceso de profesionales al mercado laboral del sector, en un momento marcado por la acentuada escasez de perfiles cualificados para hacer frente a los retos de la edificación en España. Este acuerdo permitirá reforzar la cooperación en materia de formación, cualificación profesional, prevención e innovación, con especial atención a los colectivos menos representados como jóvenes, mujeres y personas del ámbito rural.
España no puede permitirse un sector de la construcción anclado en modelos obsoletos. En este punto también podemos destacar la importancia de proyectos como el Observatorio 2030 del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), que aboga por espacios urbanos más inclusivos, seguros y sostenibles gracias, entre otras palancas, a su defensa de la formación.
La competitividad y la Sostenibilidad del país dependen, en buena medida, de que sepamos formar a los profesionales que van a diseñar, construir y mantener las viviendas e infraestructuras del futuro.
Esta tribuna es parte de la colaboración entre Corresponsables y el Observatorio 2030 del CSCAE para dar a conocer las líneas de trabajo de su Comisión de Visión y Estrategia.


