Un centro educativo seguro es aquél en que se educa activamente en valores, que acompaña emocionalmente y que fomenta las conductas prosociales que protegen al alumnado. Un espacio educativo que siembra empatía, cooperación y respeto en todos los rincones del centro y en todas las edades- también en educación infantil-; donde la convivencia se construye antes incluso de que aparezcan los conflictos. Porque la seguridad no se activa: se cultiva. Y ese cultivo cotidiano es, en sí mismo, el mejor antídoto frente a problemáticas como el acoso escolar.
Los datos de prevalencia del acoso escolar y ciberacoso muestran la urgencia del reto. El I Estudio sobre el acoso escolar y el ciberacoso en España, impulsado por la Fundación ColaCao junto a la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, revela que el 6,2% del alumnado entre 4º de Primaria y 4º de Secundaria se reconoce como víctima. Es decir, casi dos estudiantes por aula sufren bullying en nuestro país. También es muy preocupante que más de 1 de cada 3 víctimas no se lo cuenta a nadie, principalmente por miedo o por no querer preocupar a su familia. El silencio, por tanto, se convierte en uno de los grandes enemigos a combatir.
Ese silencio nos obliga a reflexionar sobre el clima educativo que impulsamos. Prevenir no es solo identificar conductas agresivas: es generar entornos donde pedir ayuda sea sencillo y seguro, donde el alumnado sepa que alzar la voz no lo aislará, sino que forma parte de las conductas a valorar y reforzar. Cuando fortalecemos la cohesión del grupo, trabajamos la confianza y desarrollamos habilidades emocionales, estamos creando las condiciones que impiden que la violencia se consolide. La prevención no es complementaria: es el núcleo de cualquier proyecto serio de protección.
La investigación también confirma algo esperanzador: el trabajo educativo sistemático funciona. Casi el 80% del alumnado recuerda haber trabajado la prevención del bullying y haber aprendido cómo actuar para detenerlo. En este aspecto, desde la Fundación ColaCao hemos impulsado el programa educativo gratuito Somos Únic@s, que ofrece a los centros materiales didácticos para trabajar la educación emocional, la cohesión grupal y la prevención del acoso escolar tanto en Primaria como, desde este curso, también en Secundaria. Cualquier colegio puede adherirse sin coste y aplicar los recursos de forma flexible en el aula. La gran aceptación del programa entre la comunidad educativa es solo una muestra de la gran necesidad de los docentes de disponer de herramientas prácticas y de calidad que les ayuden a avanzar en el fomento de estas conductas prosociales.
En aquellos centros donde el trabajo de prevención del acoso escolar es estructural y continuado, las cifras mejoran. El mensaje es claro: la escuela tiene capacidad real de protección. El bullying no es un fenómeno inevitable; es una realidad que puede transformarse cuando se actúa con coherencia, continuidad y recursos adecuados.
Además, el acoso escolar rara vez es un acto individual: es un proceso grupal. A menudo ocurre delante de otros compañeros, y se sostiene por dinámicas de presión, imitación o miedo a quedar fuera. Educar en conductas pacíficas implica trabajar también con quienes observan: enseñarles que la indiferencia puede perpetuar el daño, y que posicionarse del lado de la víctima es un acto de valentía y de justicia. Hablar de escuelas seguras es hablar de cultura grupal, no solo de intervención.
Tampoco podemos pasar por alto la relación entre bullying y salud mental. Los datos del estudio son contundentes: más del 20% de las víctimas declara haber intentado quitarse la vida alguna vez. Estos datos obligan a mirar el acoso escolar no solo como un problema de convivencia, sino como una cuestión de bienestar integral. Trabajar la regulación emocional, la empatía o la autoestima no es un recurso pedagógico: es una medida preventiva de protección.
Desde la Fundación ColaCao trabajamos precisamente desde ese foco preventivo, articulando la acción social en torno a la investigación, la divulgación y la educación. Creemos que la investigación social es central para orientar las decisiones, y que tiene que traducirse en herramientas concretas para el aula.
Durante años, el bullying se redujo a una idea equivocada: “cosas de niños”. Hoy sabemos que es una de las principales barreras educativas, emocionales y sociales en el desarrollo infantil. Por eso la prevención no puede limitarse a acciones puntuales o respuestas reactivas: ha de integrarse en la vida cotidiana del centro, en cómo hablamos, cómo corregimos, cómo acompañamos emocionalmente y cómo reforzamos el respeto a la diversidad.
Cada vez la conciencia social es mayor. Centros, docentes, administraciones, familias y entidades sociales estamos tomando mayor consciencia de la importancia de anticiparnos, de actuar antes de que el daño se cronifique. Sabemos que cuando la prevención se convierte en cultura de centro, los resultados llegan. A finales de 2026 se publicarán los datos de la segunda edición del estudio sobre acoso escolar que estamos elaborando junto a la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, lo que nos permitirá analizar la evolución de la problemática en los últimos años y valorar si hemos hecho avances. Confiamos en que el compromiso colectivo y el trabajo sostenido se traduzcan en cifras que reflejen una mejora real.
Porque una escuela verdaderamente segura no es aquella donde nunca hay conflictos, sino aquella donde se enseña a gestionarlos sin violencia, con apoyo colectivo y con responsabilidad compartida. Y esa enseñanza empieza cada día, en cada aula, cuando decidimos que la convivencia no es un elemento más, sino el corazón del proyecto educativo.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Escuelas seguras, en alianza con #Notecalles.org


