¿Cómo emprender con impacto social y medioambiental? ¿Cómo generar alianzas significativas con actores importantes de nuestro entorno? o ¿Cómo estar a la vanguardia de la innovación social? Estas son algunas de las preguntas que siempre rondan en el equipo de SIC4Change, y en mi caso, como coordinadora territorial de Canarias. A veces de forma consciente y otras de manera velada: presentes en la sala pero sin hacerse ver. Como un ruido sordo que marca nuestro enfoque y nuestra mirada.
Sin embargo, en el mejor de los días solo están estas preguntas. Otros, en cambio, la mente y el cuerpo necesitan respuestas a las preguntas de los “¿para qué?: ¿Para qué poner nuestra misión en el impacto social y no en el rédito económico? ¿Para qué buscar la innovación social hasta debajo de las piedras? o ¿Para qué liderar equipos? Liderar equipos, sin más coletilla porque, de por sí, esto es un reto.
Estas preguntas siempre están ahí. A veces aparecen en medio de una reunión, de una llamada; otras en la ducha o por la noche ya en la cama. En ocasiones estas preguntas llegan de la mano de la ilusión y la certeza y otras en cambio, vienen reñidas con la angustia y las dudas. Pero siempre, la fuerza con la que irrumpen nos obliga a poner los pies en la tierra.
En Canarias, desde 2024 hemos mejorado la situación de empleabilidad de más de 150 personas, en su mayoría, mujeres en situación de vulnerabilidad, jóvenes y jóvenes migrantes. Hemos acompañado en la certificación de competencias profesionales a más de 40 personas y han conseguido un empleo estable más de 30. Más de 150 jóvenes migrantes han asistido todas las semanas a las clases de español que impartimos, gracias al trabajo de voluntarios y del equipo técnico, en nuestra sede ubicada en Las Palmas de Gran Canaria. Y hemos tejido redes con más de 20 actores del tejido empresarial, la administración pública y entidades del tercer sector. Todo esto ha sido posible gracias a un equipo de trabajo de más de 15 personas, formado por profesionales de diferentes ámbitos, desde el social hasta el tecnológico.
Sin embargo, a pesar del impacto, esas preguntas siempre están ahí. Y las respuestas no siempre las encontramos. Surgen cuando estamos en la cuenta atrás para presentar un proyecto a una subvención pública de la que depende parte de la sostenibilidad de la entidad; cuando nos reunimos con actores importantes y no conseguimos orientar la reunión para generar la confianza necesaria; cuando vivimos con la incertidumbre de no saber cuando se hará efectivo el ingreso de una subvención ya aprobada; o cuando en una reunión interna no hemos sabido gestionar la tensión y el conflicto se vuelve denso y pesado.
La única certeza que siempre está presente es que no existe otra alternativa. En un mundo cada vez más individualista, donde lo colectivo parece perder presencia; donde la pobreza parece un ejercicio voluntario e individual; donde la migración no se comprende como un movimiento que define la historia del Ser Humano o; cuando parece que el éxito radica en los bienes económicos que tiene una persona… Ahí están las entidades y actores de la economía social, marcando ritmos y miradas diferentes. Miradas centradas en las personas que acompañamos y sin perder el foco hacia el ecosistema, hacia la razón estructural que determina el funcionamiento de nuestra sociedad. Creyéndonos que nuestro granito puede marcar la diferencia, puede ser un oasis en medio del desierto y en ese ejercicio descubrir que no estamos solos. Existen más personas que, desde su pequeño margen de maniobra, creen en que el mundo puede ser más justo y más equitativo.


