Cada siete minutos, una mujer muere en el mundo a causa de una hemorragia posparto. Es la principal causa de mortalidad materna a nivel global y, sin embargo, sigue siendo una emergencia infradiagnosticada. En la mayoría de partos, el sangrado se estima visualmente, un método subjetivo que provoca que la detección llegue tarde, cuando la situación ya es crítica. Esta realidad fue el punto de partida de Nataly.
En Nataly estamos desarrollando un dispositivo médico no electrónico para la detección temprana de la hemorragia posparto. Se trata de una compresa posparto capaz de absorber y cuantificar la pérdida de sangre en tiempo real, permitiendo una intervención precoz por parte del personal sanitario. Detectar antes significa actuar antes, y actuar antes salva vidas: estimamos que esta solución puede reducir en más de un 60 % la mortalidad asociada a la hemorragia posparto, lo que equivale a cerca de 42.000 vidas salvadas cada año. Además, la detección temprana reduce complicaciones, evita intervenciones más agresivas y permite disminuir en un 54 % los costes sanitarios por caso, así como alrededor de un 50 % el uso de compresas posparto y el desperdicio de recursos médicos, contribuyendo a sistemas de salud más eficientes y sostenibles.
El 95 % de las muertes maternas se producen en países en desarrollo. Esta cifra condiciona todas nuestras decisiones. Desde el inicio tuvimos claro que Nataly no podía ser un producto pensado únicamente para hospitales de alta complejidad o contextos con abundantes recursos. Nuestro objetivo es que el dispositivo sea barato, sencillo y accesible, incluso en entornos donde no hay infraestructura avanzada, electricidad o formación especializada, alineándonos con el ODS 3 (Salud y Bienestar) y el ODS 10 (Reducción de las Desigualdades).
Uno de los mayores retos del proyecto ha sido apostar por una solución analógica, sin componentes electrónicos. En un ecosistema donde la innovación suele asociarse automáticamente a sensores, software y conectividad, optar por una solución no electrónica puede parecer contracorriente. Sin embargo, creemos firmemente que es la única manera de lograr un cambio real y escalable. Un dispositivo que no depende de baterías, mantenimiento técnico o sistemas digitales es clave para su adopción global y para integrarse como nuevo estándar en el cuidado posparto.
Somos Olivia Génova (26 años) y Berni Beneria (24 años), cofundadores de Nataly. El proyecto nació durante los estudios universitarios de Olivia en ingeniería biomédica, cuando identificó que la mayoría de soluciones existentes no abordaban el problema real de la hemorragia posparto: su detección tardía. Convencida del potencial de impacto de esta idea, decidió convertir el proyecto en una startup. La primera prueba de concepto se desarrolló en casa, utilizando sangre de cerdo y materiales comerciales. En 2025 se fundó la empresa y, en ese mismo periodo, Berni, diseñador de interacción digital e innovación, se incorporó como cofundador. Desde entonces, trabajamos juntos para llevar Nataly allí donde más se necesita.
Como jóvenes emprendedores sociales, nos enfrentamos a una paradoja: muchas becas y ayudas a la innovación están orientadas a proyectos deep tech o basados en Inteligencia Artificial, cuando en nuestro caso la innovación pasa por simplificar, por eliminar complejidad y por repensar procesos básicos desde el impacto real. Innovar no siempre es añadir capas de tecnología digital; a veces es tener el valor de quitarlas.
Todo esto ocurre en un contexto más amplio de desigualdad estructural. A día de hoy, solo el 2 % de la financiación global en innovación sanitaria se destina a la salud de la mujer. Que, en pleno siglo XXI, sigan muriendo mujeres durante el parto por la falta de herramientas simples y efectivas no es solo un fallo técnico, sino una injusticia sistémica, directamente relacionada con el ODS 5 (Igualdad de Género).
En Nataly creemos que la innovación en salud debe ir acompañada de ética, propósito y responsabilidad social. Nuestra misión es clara: salvar vidas donde más se necesita, contribuyendo a un modelo sanitario más equitativo, eficiente y sostenible, en línea también con el ODS 12 (Producción y Consumo Responsables). Porque creemos que la tecnología solo tiene sentido cuando está al servicio de las personas, y no al revés.


