Davos 2026 confirmó un giro claro en el enfoque de la Sostenibilidad: menos narrativa aspiracional y más realismo operativo. Menos moralidad y más materialidad.
Más allá de la Sostenibilidad, esta última reunión del World Economic Forum puede ser recordada por la ruptura del orden mundial posguerra, como ha explicado el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el discurso más brillante y aplaudido del evento. Aunque el más esperado y comentado evidentemente ha sido el del actual presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump. Y el más subvalorado, pero muy certero, ha sido el del viceprimer ministro chino He Lifeng.
Pero me centraré en lo que conozco: El año pasado tuve el privilegio de observar el giro de la Sostenibilidad o al menos el “greenhushing” in situ. Y lo he confirmado este año, aunque “en remoto”: 1) la Sostenibilidad – especialmente la crisis climática – sigue siendo el mayor riesgo a largo plazo, como ya había adelantado el Global Risks Report; 2) una peligrosa disonancia cognitiva con evidente menor presencia de la Sostenibilidad en la agenda oficial – hecha a medida para no decepcionar al líder de la enorme delegación de Estados Unidos y 3) que, por eso, las discusiones han sido más discretas, pero también más pragmáticas.
El debate ya no se centró tanto en torno a si hay que actuar frente al cambio climático, por ejemplo, sino en cómo hacerlo en un contexto de límites físicos/energéticos, tensiones geopolíticas y presión económica, como adelantamos en nuestra última newsletter. La Sostenibilidad, incluyendo la desigualdad, se presentó, sobre todo, como una condición para la estabilidad y la competitividad, no como un añadido reputacional. Muy en línea con el mensaje de He Lifeng al subrayar que el desarrollo verde y de bajas emisiones solo es viable si se apoya en un crecimiento que beneficie a todos.
Uno de los ejes centrales fue el concepto de “prosperidad dentro de los límites planetarios”, actualizado, como siempre de manera magistral, por Johan Rockström. En Davos 2026 se asumió de forma bastante transversal que el crecimiento económico futuro solo es viable si incorpora de manera explícita el capital natural, el uso de recursos y la resiliencia climática. Esto marcó un desplazamiento desde el foco exclusivo en net zero hacia una visión más amplia que integra adaptación, biodiversidad, agua y, con un preocupante menor protagonismo, la descarbonización.
En materia de energía, la conversación estuvo dominada por la expansión de la inteligencia artificial – el tema estrella desde hace 2-3 años – y la idea de seguridad energética. La transición energética se trató menos como un ideal climático y más como una cuestión estratégica: electrificación acelerada, la “marcha imparable” de las renovables, refuerzo de redes, y almacenamiento. Donald Trump dijo varias falsedades sobre la energía eólica, pero Elon Musk hizo una defensa apasionada de la energía solar, explicando que una “planta solar” de 160x160km bastaría para abastecer todos los EEUU. En efecto sin sistemas energéticos robustos y financiables no hay transición climática. La buena noticia es que cleantech sigue creciendo, muy gracias a China, incluso en países con la economía estancada, como Alemania.
Las finanzas sostenibles no han tenido el protagonismo de antes, pero Davos puso el foco en cómo movilizar capital privado a gran escala, superar los cuellos de botella regulatorios y reducir el riesgo percibido de las inversiones verdes. Se habló menos de compromisos voluntarios – tan promocionados por el mismo Carney, desde su Tragedia del Horizonte – y más de modelos de negocio, marcos regulatorios estables y mecanismos de transición que permitan ejecutar proyectos reales, especialmente en infraestructuras y energía limpia, evitando una reacción negativa o, como dijo Al Gore, una recesión de políticas climáticas. En cualquier caso, como explicó la CEO de Novonesis, la catalana Ester Baiget, la economía verde ya mueve 5 billones de dólares y crece el doble que la economía tradicional.
Por último y quizás lo más importante a corto plazo, la Sostenibilidad apareció estrechamente ligada a la tecnología. La IA, la digitalización y los centros de datos fueron vistos simultáneamente como un reto —por su creciente demanda energética— y como una oportunidad para mejorar eficiencia, planificación y gestión de emisiones.
El mensaje final desde la Montaña Mágica este año fue claro: la Sostenibilidad no es un discurso moral ni una moda, sino parte del diseño de sistemas económicos, energéticos y tecnológicos compatibles con un mundo finito.
Seis consejos prácticos (algunos incluso crueles)
1. Cambia el relato: de virtudes a riesgos y competitividad
En Davos quedó claro que la sostenibilidad ya no se defiende por valores, sino por riesgo financiero, resiliencia operativa y ventaja competitiva.
Qué hacer:
- Reenmarcar clima, energía, agua o biodiversidad – si es que ya no están – como riesgos materiales para el negocio y aunque no tengas la obligación de hacer (o actualizar) un análisis de doble materialidad.
- Hablar el lenguaje del CFO: flujo de caja, coste de capital, continuidad operativa y cadena de suministro.
- Si no puede explicarse así, internamente perderás tracción.
2. Prioriza energía y recursos críticos antes que métricas accesorias
- Identificar dos o tres dependencias críticas (energía, agua, materias primas, recursos humanos).
- Trabajar con Operaciones, Compras, RRHH para asegurar los recursos, eficiencia y contratos/relaciones estables.
- Sin seguridad energética, la transición no escala. Mucho menos sin talento.
3. Pasa del net zero abstracto a planes financiables
- Revisar el plan de transición climática y priorizar proyectos con impacto real en costes, riesgos y cumplimiento, incluyendo la huella de carbono (RD214/2025).
- Dar prioridad a iniciativas con CAPEX claro y retorno medible en el horizonte 2026–2030.
- Menos objetivos lejanos y más inversión concreta.
4. Conecta Sostenibilidad con el modelo de negocio
- Identificar dónde la Sostenibilidad protege ingresos, reduce costes o abre nuevas líneas de negocio.
- Evitar iniciativas que solo existen para el informe anual – sin dejar de asegurar el cumplimiento evidentemente.
- Lo que no impacta en el P&L tiende a desaparecer, aunque ¡Ojo!, no todo es convertible a euros a corto plazo. Ver impactos, riesgos y oportunidades a largo plazo: ¡El Informe de Rockstrom, ahora anual, o el Global Risks Report, por ejemplo, ayudan!
5. Usa la IA como palanca de eficiencia, no como experimento
- Aplicar IA a eficiencia energética, mantenimiento o planificación de recursos.
- Evitar proyectos sin responsable de negocio, es decir, sin inteligencia humana/gente formada y sin métricas claras.
- La IA que no ahorra tiempo, energía o dinero será cuestionada.
6. Prepárate para el backlash y refuerza la credibilidad
- Reducir lenguaje ideológico y reforzar el enfoque técnico y económico.
- Tener argumentos claros sobre el coste de no actuar: seguros, activos varados, interrupciones operativas.
- Hoy la Sostenibilidad se defiende con datos y decisiones, no con declaraciones.
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