El Colegio Ramón y Cajal es una institución centrada en la formación académica y humana de sus alumnos, dentro de un marco afectivo y cercano. Priorizamos que nuestros alumnos sean, ante todo, buenas personas, educadas en valores, respeto al medio ambiente, creatividad y solidaridad. Conocer a nuestros alumnos y que ellos se sientan importantes es una condición indispensable para su desarrollo integral.
Asumimos de forma clara y firme la prevención y la lucha contra cualquier forma de violencia ejercida hacia la infancia y la adolescencia. Entendemos que una escuela segura no es únicamente un espacio protegido frente a riesgos, sino un entorno donde cada alumno puede crecer, aprender y desarrollarse sintiéndose acompañado, escuchado y valorado. La seguridad, en su sentido más amplio, es un derecho educativo y una responsabilidad ética que asumimos como institución.
Desde el centro aplicamos los protocolos oficiales de prevención del acoso escolar, del ciberacoso y de actuación ante posibles casos de autolesiones, en cumplimiento de la normativa de la Comunidad de Madrid. Estos protocolos permiten una respuesta rápida, coordinada y eficaz, siempre centrada en el interés superior del menor. Cuando la situación lo requiere, activamos planes individualizados de protección que garantizan el acompañamiento y la intervención adecuados. Además, el centro cuenta con su propio Plan de Convivencia, orientado a promover relaciones basadas en el respeto, la responsabilidad y el cuidado mutuo.
De acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 8/2021, de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), el centro cuenta con la figura del Coordinador de Bienestar y, desde el curso pasado, con dos líderes de salvaguardia (DSL), encargados de velar por la prevención, la detección temprana y la intervención ante posibles situaciones de violencia, acoso, autolesión o ciberacoso.
El Líder de Salvaguarda es la persona responsable de impulsar y supervisar la Política de Salvaguardia y Protección Infantil del centro. Entre sus funciones se encuentran garantizar la aplicación efectiva de la política (revisión y actualización), registrar y proteger adecuadamente la información sensible y mantener informada a la dirección del centro ante cualquier preocupación relacionada con la protección de menores, derivando a las autoridades competentes cuando sea necesario. También se asegura de que todo el personal del centro reciba la formación adecuada de forma periódica. Todas las actuaciones se realizan con celeridad, transparencia y eficacia, velando en todo momento por el interés superior del alumno.
No obstante, desde el colegio tenemos claro que la protección no recae en una sola figura: es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Por ello, todo el personal recibe formación anual específica en materia de protección infantil y debe mantener una actitud vigilante y proactiva, basada en la premisa de que “podría suceder aquí”. La prevención comienza con la observación atenta, la escucha activa y la disposición a actuar.
El bienestar emocional constituye la base de cualquier aprendizaje significativo, ya que la evidencia científica demuestra que sin estabilidad emocional no es posible un desarrollo académico pleno. Por ello, en nuestro centro trabajamos para que cada alumno se sienta acompañado en su desarrollo personal mediante la detección temprana de señales de malestar emocional o dificultades de adaptación, una coordinación fluida con las familias y, en caso necesario, con profesionales externos (como psicólogos o terapeutas), un acompañamiento individualizado especialmente en momentos de transición o vulnerabilidad, y una educación emocional integrada que ayude a los alumnos a identificar, expresar y regular sus emociones.
La convivencia positiva es otro pilar esencial. Trabajamos con nuestros alumnos el respeto y la responsabilidad compartida, impulsamos la mediación escolar y la resolución pacífica de conflictos.
En un contexto social marcado por la hiperconectividad, la protección digital ocupa un lugar prioritario. La tecnología ofrece grandes oportunidades educativas, pero también plantea riesgos inherentes que no pueden ignorarse: el ciberacoso, el grooming, el phishing y el acceso prematuro a contenido inapropiado o violento. Una buena práctica esencial en nuestros centros es unir la tecnología segura con el acompañamiento emocional constante. La escuela segura no prohíbe por miedo, sino que fomenta la ciudadanía digital responsable.
Enseñamos a los estudiantes a proteger su privacidad, a respetar la de los demás como un valor sagrado y a desarrollar un pensamiento crítico frente a la desinformación y las noticias falsas. Esto implica establecer normas claras de uso de dispositivos y utilizar herramientas de monitoreo y control parental que actúen como una red de seguridad, permitiendo que la navegación sea un proceso de aprendizaje guiado y no una exposición al peligro descontrolado. El bienestar digital se convierte así en un equilibrio necesario entre el aprovechamiento de las oportunidades tecnológicas y la preservación de la salud mental. Así lo llevamos a cabo desde nuestro Proyecto de cuidado, bienestar y seguridad digital, integrado ya en nuestros 23 centros educativos.
En conclusión, la construcción de estos entornos protectores es un esfuerzo conjunto que trasciende los muros físicos del aula. La colaboración estrecha con las familias es vital; los padres y tutores deben ser aliados estratégicos que compartan este lenguaje de cuidado en el hogar. El horizonte de una «Escuela Segura» es un viaje formativo inspirado en la ética del cuidado del otro. Al consolidar centros donde se aplican protocolos rigurosos, donde la tecnología se usa con responsabilidad y donde impera una cultura del buen trato, no sólo estamos protegiendo a la infancia hoy; estamos transformando el tejido social del mañana. Cuando una institución decide proteger de manera profesional, unida y decidida, está reafirmando que su labor educativa es, ante todo, un compromiso ineludible con la vida y el desarrollo pleno de cada ser humano. Desde la Fundación estamos convencidos de que educar, en su esencia más pura, es el mejor regalo y el compromiso más firme que una sociedad puede ofrecer a sus generaciones futuras. El proyecto de “Escuela Segura” del Colegio Ramón y Cajal culminará a finales de 2026 con la obtención de un sello que certifique la implantación de estos sistemas en toda su red de colegios a nivel nacional.
No obstante, somos conscientes de que la certificación es solo el hito visible de una transformación interna mucho más profunda y permanente. El verdadero éxito de este esfuerzo colectivo no reside en el documento o la placa en la puerta del colegio, sino en la convicción diaria de que una comunidad formada, alerta y empática es una comunidad mucho más humana y, por definición, infinitamente más segura para todos. Nuestra misión continúa cada día, en cada gesto de escucha y en cada espacio de protección que logramos asegurar para nuestros alumnos.
Finalmente, este compromiso trasciende lo institucional para convertirse en una promesa personal de cada educador. Entendemos que la verdadera excelencia no es solo académica, sino fundamentalmente humana, y que el legado más valioso que podemos dejar es un entorno donde cada niño crezca con la certeza de ser amado y protegido. Juntos, familias y escuela, seguiremos caminando hacia ese ideal de justicia, paz y seguridad plena para el futuro.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Escuelas seguras, en alianza con #Notecalles.org


