En el Día Mundial de las ONG celebramos a quienes sostienen, muchas veces en silencio, la parte más humana de nuestra sociedad: la atención a las personas vulnerables, el acompañamiento, la inclusión, la salud comunitaria, el apoyo ante la soledad, la dependencia, la discapacidad o la enfermedad. Las ONG llegan donde la urgencia aprieta y donde la administración, la empresa o incluso la familia no siempre pueden llegar con la rapidez, la cercanía y la continuidad necesarias.
Pero hay una realidad que conviene mirar de frente: la calidad del impacto social no depende solo de la voluntad o de los recursos disponibles. Depende, sobre todo, de que exista capacidad real de cuidado, es decir, personas preparadas para cuidar con seguridad, con dignidad, con técnica y con humanidad. Y ahí aparece un desafío estructural que comparten miles de entidades: ¿quién cuida a quienes cuidan? ¿Cómo protegemos a los equipos y voluntarios que sostienen el día a día? ¿Cómo evitamos el desgaste, la rotación y la frustración? ¿Cómo garantizamos que el cuidado no se convierta en improvisación, riesgo o sobrecarga?
Cuidar a las personas que cuidan es una estrategia de impacto
En SUPERCUIDADORES creemos que el cuidado es un servicio esencial y, por tanto, debe ser formado, profesionalizado y reconocido. Esto no es un eslogan; es una palanca para que las ONG multipliquen su impacto y su sostenibilidad. Por eso, desde nuestra experiencia, acompañamos a entidades sociales que quieren fortalecer sus proyectos mediante formación práctica y una visión integral del cuidado. (Más información en SUPERCUIDADORES).
Cuando una ONG integra una verdadera cultura del cuidado en su organización, ocurren mejoras concretas y medibles:
- Mejora la atención a usuarios y beneficiarios: más seguridad, mejor comunicación, menos incidentes y mayor calidad en el acompañamiento.
- Disminuye la sobrecarga del equipo: menos estrés, menos absentismo y mejor clima interno.
- Aumenta la continuidad del servicio: menor rotación, mayor cohesión y más aprendizaje acumulado.
- Se refuerza la reputación institucional: el cuidado excelente se nota, se reconoce y se recomienda.
- Se profesionalizan itinerarios: de la experiencia y el voluntariado a la empleabilidad real.
En otras palabras: cuidar bien no solo es un deber ético; es también una forma de gestionar mejor, proteger la misión y garantizar que el compromiso se sostenga en el largo plazo.
Formación práctica para colectivos diversos dentro de las ONG
Las ONG trabajan con realidades muy distintas: personas mayores, familias cuidadoras, infancia y adolescencia en riesgo, personas con discapacidad, pacientes crónicos, salud mental, soledad no deseada, migración, exclusión social o emergencias humanitarias. Y en todas ellas hay un denominador común: el cuidado exige competencias, no improvisación.
Por eso, la colaboración con ONG suele traducirse en algo muy concreto: formación útil, aplicable y adaptada a los perfiles que participan en los proyectos (profesionales, voluntariado, familias, cuidadores informales, personal de apoyo, coordinadores y responsables). Para muchas entidades, un recurso especialmente eficaz es poder seleccionar itinerarios formativos ya disponibles y actualizados, en función del tipo de proyecto y del colectivo al que se acompaña (véase el catálogo formativo).
Una formación orientada al cuidado debe reforzar, como mínimo, estos ámbitos clave:
- Higiene, movilizaciones y prevención de riesgos (para reducir lesiones e incidentes).
- Comunicación y trato digno (especialmente en dependencia o deterioro cognitivo).
- Autocuidado del cuidador y prevención del agotamiento (para sostener el compromiso sin romperse).
- Organización del cuidado y coordinación con familias y recursos comunitarios.
- Detección temprana de señales de alarma (físicas, emocionales y sociales).
Cuando estas competencias se incorporan a la operativa diaria de la ONG, la entidad gana robustez y el beneficiario recibe un cuidado más seguro y más humano.
Del acompañamiento a la empleabilidad: el cuidado también crea oportunidades
Otro elemento esencial del impacto social es la inclusión laboral. Muchas ONG impulsan itinerarios de inserción y programas de activación de empleo para personas con dificultades de acceso al mercado laboral. El sector de los cuidados, por su dimensión social y su demanda, es una vía realista y de alto valor cuando se hace bien: con formación, con acompañamiento y con acreditación cuando procede.
En este punto, la experiencia acumulada —en cuidados, atención domiciliaria o apoyo en entornos sociosanitarios— puede convertirse en un activo profesional si se orienta adecuadamente hacia el reconocimiento de competencias. Para muchas entidades del tercer sector, este paso marca la diferencia entre un itinerario formativo que “ayuda” y otro que abre puertas reales. (Más información sobre esta vía en acreditación de competencias profesionales).
En colaboración con el tercer sector, esto se traduce en objetivos muy concretos:
- Capacitar a colectivos que necesitan una oportunidad.
- Incrementar la empleabilidad mediante competencias demandadas.
- Acompañar el tránsito desde la experiencia hacia el reconocimiento formal de esas competencias, cuando procede.
- Conectar formación con oportunidades reales en el ámbito sociosanitario.
Así, la ONG no solo atiende: transforma, porque contribuye a que una persona pase de la vulnerabilidad a la autonomía económica, y a que las familias y personas dependientes reciban apoyos de mayor calidad.
Colaborar no es “hacer un curso”: es construir cultura de cuidado
El valor diferencial de una alianza entre una ONG y un actor especializado en formación de cuidados no es el “contenido” en abstracto, sino el resultado: un equipo más preparado, más protegido y más eficaz. Por eso, en el Día Mundial de las ONG, la invitación es clara: situemos el cuidado donde merece estar, en el centro de la estrategia.
Porque cuando una ONG impulsa la cultura del cuidado, lanza un mensaje poderoso a sus grupos de interés: aquí la dignidad no se negocia; aquí la atención se hace con rigor y humanidad; aquí las personas que cuidan también importan.
Y ese mensaje, además de ético, es profundamente transformador: mejora la vida de quienes reciben apoyo, fortalece a quienes lo prestan y refuerza la sostenibilidad del tercer sector en su conjunto.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial de las ONGs


