En pleno siglo XXI, una de cada diez personas sigue sin acceso a agua potable. Cada día, millones de personas deben recorrer kilómetros para conseguir agua, dependen de fuentes contaminadas o carecen de infraestructuras básicas de saneamiento.
La falta de agua potable, además de ser un derecho humano básico, trasciende lo sanitario:, es un freno estructural al desarrollo. Cuando en escuelas y hogares no existen letrinas y agua limpia, se multiplican las enfermedades, se perpetúa la desigualdad y se limitan las oportunidades educativas y económicas. El acceso al agua es el punto de partida, sin él, la salud, la educación o la seguridad alimentaria quedan en segundo plano.
Para combatir esta realidad, desde el sector empresarial debemos asumir un papel activo que se traduzca en impacto real. En los últimos años, las empresas están adquiriendo compromisos frente a retos sociales o medioambientales, pero, ¿es suficiente?
En AUARA nacimos precisamente para demostrar que es posible integrar el propósito en el modelo de negocio, ser una empresa 100% social y luchar contra luchar contra la falta de agua potable en países en vías de desarrollo con resultados medibles. Por cada litro de agua AUARA vendida, generamos 9 litros de agua potable donde más se necesita.
Desde 2016, hemos impulsado más de 260 infraestructuras de acceso a agua, saneamiento y regadío en 28 países de África, Asia y América Latina, contribuyendo a que más de 168.000 personas mejoren sus condiciones de vida. Esto incluye la construcción y rehabilitación de pozos, depósitos, sistemas de canalización, letrinas en escuelas y centros médicos, así como proyectos agrícolas que fomentan la autonomía de las comunidades.
En estos 10 años de trayectoria hemos aprendido muchas lecciones, pero sin duda, la más importante es la necesidad de contar con socios locales especializados para garantizar el éxito de cada uno de nuestros proyectos. Por ello, colaboramos siempre con ONG y organizaciones que conocen la realidad social, cultural y económica de cada comunidad. Juntos estudiamos la viabilidad de cada proyecto y el plan de ejecución. Y algo muy importante para nosotros es el seguimiento posterior, ya que no se trata solo de construir una infraestructura, sino de asegurar su mantenimiento, su uso adecuado y su sostenibilidad en el tiempo, porque el acceso al agua no puede depender de soluciones puntuales.
El reto al que nos enfrentamos es enorme, y el cambio climático intensificará este problema, tensionando aún más el acceso a los recursos hídricos en las regiones más vulnerables. Por eso es esencial que el compromiso deje de ser una declaración y se convierta en acción sostenida, medible y colaborativa. Desde AUARA, y con el apoyo de Hijos de Rivera, vamos a continuar impulsando proyectos de acceso a agua, saneamiento, fortaleciendo un modelo empresarial que sitúa el impacto social en el centro. Porque creemos que el propósito solo tiene sentido cuando se traduce en resultados concretos y duraderos. Y mientras haya comunidades sin acceso a agua potable, nuestro compromiso seguirá siendo el mismo: trabajar para que el agua llegue donde más se necesita.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Agua


