Seguro que en nuestra retina permanecen imborrables, como heridas abiertas, imágenes de niños, mujeres y hombres destrozados por los últimos conflictos bélicos de los que informan incansables los medios de comunicación. Como imborrables son las miradas tristes y desoladas de esas madres que, con sus bebés en brazos, sufren por no tener nada con qué alimentar a sus pequeños por la hambruna que asola su país.
Muchos de los que desde aquí vemos las consecuencias de las guerras, de los desastres naturales, de las emergencias sanitarias y de los regímenes dictatoriales que atentan contra los derechos fundamentales no nos resignamos a ser simplemente observadores. Y menos los que formamos parte de la profesión farmacéutica, que en nuestro día a día nos dedicamos a velar por la salud de nuestros pacientes y de la población a la que atendemos.
Desde nuestra condición de profesionales sanitarios y con la vocación de sacrificio y entrega que nos caracteriza, muchos compañeros, a través de diversas ONG farmacéuticas, trabajan por tratar de que el derecho a la salud que disfrutamos quienes vivimos en los países desarrollados no sea un privilegio para unos pocos en otras partes del mundo.
Compañeros que dedican horas de su tiempo para que los medicamentos lleguen con todas las garantías de seguridad a quienes más los necesitan, a pesar de las inundaciones, a pesar de los terremotos, de los incendios, por muy lejos que estén, por muy difícil que sea.
Por eso, en el Día Mundial de las ONGs, que celebramos cada año el 27 de febrero, es de justicia no solo destacar la gran labor que estas entidades realizan en numerosos rincones del mundo sino también resaltar de forma muy especial la contribución de los farmacéuticos en las labores de ayuda humanitaria.
Porque los farmacéuticos aportan conocimientos técnicos sobre el medicamento, la distribución farmacéutica, la educación sanitaria, la salud pública, la atención farmacéutica… Y mucho más que eso. Aportan empatía, capacidad de trabajo en equipo, adaptación al medio y a entornos difíciles, resiliencia, entrega, vocación…
El farmacéutico en una ONG no solo es el que está en el terreno ayudando a construir una farmacia en un hospital de referencia en un país de África, o formando a mujeres en el buen uso de los medicamentos o en autocuidado en una aldea recóndita de Perú; es el que desde aquí, sentado frente a un escritorio, diseña un proyecto de cooperación, el que contacta con las autoridades locales para saber qué medicamentos necesitan, el que se encarga de garantizar que el envío de medicamentos se realiza cumpliendo la normativa internacional, el que forma y prepara a quienes se irán lejos para que su estancia sea segura y den lo mejor de sí mismos.
Porque la cooperación farmacéutica es mucho más que garantizar el acceso al medicamento. Es velar por el derecho a la salud. Una salud integral para todos, sobre todo para los colectivos vulnerables y los que viven en situaciones de emergencia o conflictos.
Y para que esta labor continúe y la cooperación farmacéutica cale aún más hondo en nuestra profesión, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, como parte de su estrategia social, lleva a cabo diversas iniciativas, entre ellas, la Concesión de Ayudas para la Realización de Proyectos de Cooperación al Desarrollo. El objetivo no es otro que ofrecer respaldo económico a aquellos proyectos que contribuyen a paliar las necesidades mínimas de las comunidades más vulnerables y pobres de los países en vías de desarrollo.
Llevamos ya 26 años otorgando estas ayudas con las que hemos logrado contribuir al desarrollo de 96 proyectos en 35 países. Pero aquí hablamos de personas, no solo de cifras. En total, gracias a esta labor, se ha conseguido mejorar la asistencia sanitaria de más de 2,2 millones de personas, algo de lo que, como farmacéuticos, nos sentimos muy orgullosos.
Además, desde el Consejo General, de la mano de las ONGs farmacéuticas Farmamundi y Fundación El Alto, hemos elaborado la “Guía de Buenas Prácticas en Cooperación Farmacéutica”, con el fin de ayudar a la profesión farmacéutica a dar los primeros pasos en el camino de las labores humanitarias y consolidar esta práctica en la profesión, reforzando la figura del farmacéutico en la atención a los colectivos en situación de vulnerabilidad y en contextos de crisis o emergencias.
Un documento de gran utilidad donde se detallan cuestiones relevantes como los diez fundamentos de la cooperación farmacéutica; la diferencia entre cooperante y voluntario, y la formación, habilidades y funciones de un farmacéutico en un proyecto de cooperación. También recopila criterios básicos para elegir correctamente una ONG con la que colaborar y consejos prácticos para el cooperante relacionados con el antes, durante y el después del viaje, haciendo hincapié en la salud mental tras la vuelta.
Nuestra aportación no se queda aquí. De hecho, el Consejo General creó en 2024 la plataforma FarmaColabora, un espacio alojado en nuestra web, que ayuda a las organizaciones sin ánimo de lucro a comunicar sus proyectos, facilitando que los farmacéuticos puedan conocer y colaborar en aquellos que más les interesen.
Y continuaremos trabajando en esta línea. Porque los que más sufren nos necesitan y las manos que brindan la ayuda para calmar ese sufrimiento también. Y no podemos olvidar que las ONG honestas, que basan su labor en el respeto a las culturas y a los derechos humanos con criterios de justicia, equidad y compromiso social, como así trabajan las ONG farmacéuticas, precisan nuestro apoyo todos los días del año para continuar llevando esperanza a quienes la han perdido.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial de las ONGs


