A menudo hablamos de sostenibilidad como si fuera un destino al que todas las empresas aspiran a llegar. Sin embargo, tras años de trabajo en comunicación, RSE y sostenibilidad, estoy convencida de que no es un punto de llegada, sino un camino que exige coherencia, valentía y, sobre todo, verdad.
En mi experiencia, nada mueve más las conciencias —ni dentro ni fuera de las organizaciones— que la verdad contada con rigor. No basta con narrar buenas intenciones: debemos ser capaces de poner datos sobre la mesa, admitir lo que falta por hacer y explicar con transparencia los avances y los límites de nuestras actuaciones. La credibilidad se construye así: con evidencias, no con titulares.
Cuando pienso en este recorrido, recuerdo siempre una convicción que se ha hecho cada vez más fuerte en mí: la sostenibilidad solo es real cuando va más allá de las palabras y de las buenas intenciones. Este principio —aparentemente simple— encierra, sin embargo, la mayor responsabilidad que tenemos como empresas: demostrar con hechos lo que proclamamos en nuestros discursos.
Desde hace años, en DONTE GROUP hemos apostado por integrar la sostenibilidad en el corazón de nuestra actividad. Nuestro propósito — contribuir a mejorar la odontología, la sociedad y el planeta haciendo accesible la salud bucodental a todas las personas— no puede quedarse en un marco conceptual. Implica revisar procesos, medir impactos, establecer alianzas y asumir compromisos que transformen nuestra forma de operar. Y eso solo es posible si lo hacemos desde la autenticidad: escuchando, actuando y después comunicando.
Una parte esencial de este camino ha sido comprender que la sostenibilidad no se comunica para parecer, sino para aportar. En esa evolución, Corresponsables ha tenido un papel clave tanto para nosotros como para muchas organizaciones. Su trabajo ha permitido que la conversación sobre sostenibilidad deje de ser superficial y pase a apoyarse en análisis, casos prácticos y experiencias reales que impulsan un aprendizaje colectivo.
Pero comunicar sostenibilidad no es solo hablar de medioambiente, acción social o buen gobierno. Es, también, reivindicar el valor de una comunicación responsable. He defendido en varias ocasiones la necesidad de un “ODS 18” que ponga el foco en el impacto de la información veraz como palanca para avanzar en los retos globales: combatir la desinformación, promover la empatía social, proteger la libertad de prensa y asegurar que la sociedad recibe datos fiables sobre los desafíos que enfrenta. Porque sin información rigurosa no hay ciudadanía crítica, y sin ciudadanía crítica no hay sostenibilidad.
Mirando hacia el futuro, estoy convencida de que solo las empresas que integren la sostenibilidad en su ADN podrán construir un impacto real y duradero. No basta con proclamar compromisos o adherirse a marcos. La diferencia la marcarán aquellas que midan, evalúen y transformen su actividad de forma continua, generando impacto positivo más allá de lo que exige la regulación.
La sostenibilidad exige hechos. Exige coherencia. Exige propósito. Pero, ante todo, exige verdad y rigor, los únicos motores capaces de movilizar a las personas, generar confianza y crear organizaciones realmente responsables.
Solo así lo que hacemos dejará huella; una huella que valga la pena contar.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Comunicación Responsable: Claves para construir una marca transparente y sostenible


