La ciberseguridad y la lucha contra el fraude se han convertido en dos de los grandes desafíos transversales de nuestro tiempo. En un contexto marcado por la digitalización acelerada, la sofisticación de las amenazas y la creciente interconexión de las organizaciones, estos riesgos ya no pueden abordarse únicamente desde una perspectiva técnica. Hoy, más que nunca, están íntimamente ligados a la gobernanza, a las personas y a la confianza.
- Nuevas amenazas en un entorno cada vez más interconectado
- Personas: el factor clave… y el eslabón más vulnerable
- La cadena de suministro: un reto creciente de gobernanza
- Inteligencia artificial: aliada estratégica y nueva superficie de amenaza
- Gobernanza y reputación: dos caras de la misma moneda
- Una visión compartida para un futuro más resiliente
En el sector energético, esta realidad adquiere una relevancia especial. La gestión de infraestructuras críticas, la dependencia de ecosistemas digitales complejos y la colaboración con múltiples actores a lo largo de la cadena de valor hacen que cualquier debilidad, por pequeña que parezca, pueda tener consecuencias significativas. Desde Solarig, entendemos que afrontar este escenario exige una visión integral, que combine tecnología, cultura organizativa y un firme compromiso con el buen gobierno.
Nuevas amenazas en un entorno cada vez más interconectado
La transformación digital ha traído consigo enormes oportunidades para el sector energético: mayor eficiencia operativa, mejor gestión de activos, optimización de procesos y una capacidad sin precedentes para analizar datos y tomar decisiones informadas. Sin embargo, este mismo proceso ha ampliado la superficie de exposición a riesgos cibernéticos y a nuevas formas de fraude.
Las amenazas actuales ya no responden únicamente a ataques indiscriminados. Son cada vez más dirigidas, más persistentes y, en muchos casos, diseñadas para explotar debilidades humanas u organizativas. Esto convierte a la ciberseguridad en una pata estratégica de cualquier organización, con implicaciones directas sobre la continuidad del negocio y la reputación corporativa.
Personas: el factor clave… y el eslabón más vulnerable
La ciberseguridad empieza por las personas. Uno de los aprendizajes más claros en materia de ciberseguridad es que las personas siguen siendo uno de los principales vectores de riesgo. El error humano, la falta de concienciación o la sobrecarga de información pueden abrir la puerta a incidentes que ningún sistema tecnológico, por avanzado que sea, puede prevenir por sí solo.
En el ámbito del fraude, esta realidad es aún más evidente. Técnicas como la ingeniería social, el phishing o la suplantación de identidad se apoyan en la confianza, la urgencia o la rutina para engañar a empleados, socios o colaboradores. En organizaciones con estructuras complejas y equipos distribuidos, como ocurre en el sector energético, estos riesgos se multiplican.
Fomentar una cultura de responsabilidad compartida, invertir en formación continua y promover la alerta temprana son elementos esenciales para reforzar la resiliencia de la organización, algo que tratamos de implementar día a día en Solarig. El punto central es empoderar a los equipos para que se conviertan en la primera línea de defensa.
La cadena de suministro: un reto creciente de gobernanza
Otro de los grandes focos de riesgo en el contexto actual es la cadena de suministro. La colaboración con proveedores, socios tecnológicos y terceros es indispensable para el desarrollo de proyectos energéticos, pero también introduce dependencias que deben gestionarse de forma cuidadosa.
Las amenazas que se materializan a través de la cadena de suministro son especialmente complejas, ya que a menudo escapan al control directo de la organización. Un incidente en un proveedor puede convertirse rápidamente en un problema propio, con impacto operativo, legal y reputacional.
Por ello, la gestión del riesgo en la cadena de suministro debe formar parte de la gobernanza de la ciberseguridad y del fraude. Evaluar riesgos, definir requisitos claros, fomentar la transparencia y establecer mecanismos de seguimiento no son solo buenas prácticas, sino una necesidad en un entorno interconectado. En este sentido, la confianza con los socios se construye también a través de estándares compartidos y responsabilidades bien definidas.
Inteligencia artificial: aliada estratégica y nueva superficie de amenaza
La inteligencia artificial ocupa un lugar central en el debate actual sobre ciberseguridad y fraude. Por un lado, se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la detección de amenazas, identificar patrones anómalos y anticipar posibles incidentes. En el sector energético, su aplicación puede contribuir de forma significativa a reforzar la seguridad de sistemas complejos y distribuidos.
Por otro lado, la IA también está siendo explotada por actores maliciosos. La automatización de ataques, la generación de contenidos fraudulentos cada vez más creíbles o la sofisticación de técnicas de ingeniería social son ejemplos claros de cómo estas tecnologías pueden amplificar los riesgos existentes.
Esta doble faceta obliga a las organizaciones a adoptar una visión equilibrada. Aprovechar el potencial de la inteligencia artificial requiere, al mismo tiempo, comprender sus limitaciones y los nuevos riesgos que introduce. Desde la gobernanza, esto implica establecer marcos claros de uso responsable, supervisión humana y control de los datos que alimentan estos sistemas.
En Solarig entendemos que la IA debe ser un habilitador de seguridad y confianza, no una caja negra. Su integración en los procesos de ciberseguridad y prevención del fraude debe estar alineada con principios de transparencia, responsabilidad y coherencia con los valores corporativos.
Gobernanza y reputación: dos caras de la misma moneda
La gestión de la ciberseguridad y del fraude tiene un impacto directo en la reputación de las organizaciones. En la era digital, la percepción pública de cómo se previenen y gestionan estos riesgos es tan relevante como la capacidad técnica para hacerlo.
El buen gobierno juega aquí un papel fundamental. Consejos de administración y equipos directivos deben integrar estos riesgos en el diálogo estratégico, con información comprensible y una visión clara de sus implicaciones. Delegar completamente estas cuestiones supone infravalorar su impacto real sobre la confianza de los grupos de interés.
Asimismo, la comunicación responsable es un elemento clave. Explicar cómo se gestionan los riesgos, cómo se protege la información y cómo se responde ante incidentes contribuye a reforzar la credibilidad y a mitigar el impacto reputacional en situaciones adversas.
Una visión compartida para un futuro más resiliente
El sector energético seguirá avanzando hacia modelos cada vez más digitales y colaborativos. En este camino, la ciberseguridad y la prevención del fraude deben entenderse como pilares de una gobernanza sólida y responsable.
Desde Solarig estamos convencidos de que la verdadera resiliencia se construye integrando tecnología, personas y cadena de suministro bajo una misma visión. Solo así es posible afrontar las nuevas amenazas con responsabilidad y fortalecer la confianza, un activo esencial para cualquier organización comprometida con el largo plazo.
En definitiva, en un entorno de riesgos crecientes, la ciberseguridad y la gobernanza no son solo una obligación, sino una oportunidad para liderar con coherencia y reforzar la confianza de la sociedad en el sector energético.

