La ciberseguridad ya no es una cuestión exclusivamente técnica. En un entorno cada vez más digital, se ha convertido en un elemento clave de la gobernanza, la confianza y la reputación de las organizaciones. La tecnología atraviesa hoy casi todos los procesos empresariales y operativos, lo que nos obliga a entender la seguridad digital como una responsabilidad compartida. Coincidiendo con la celebración del Safer Internet Day, resulta oportuno reflexionar sobre cómo las nuevas amenazas digitales, especialmente el fraude y el cibercrimen, impactan en la gestión responsable de las compañías que prestan servicios a la ciudadanía.
En la última década, el cibercrimen ha evolucionado hasta convertirse en una actividad altamente rentable y profesionalizada, impulsada por el avance tecnológico y por factores de carácter geopolítico. Tecnologías como la inteligencia artificial han sofisticado las ciberamenazas y permiten hoy perfeccionar campañas de phishing, automatizar el robo de credenciales o identificar vulnerabilidades en sistemas expuestos a internet, dando lugar a ataques cada vez más complejos que buscan la extorsión o el ciber espionaje. A ello se suman campañas de hacktivismo que, mediante ataques de denegación de servicio dirigidos contra sectores estratégicos como la administración pública, el transporte o el sistema financiero, tienen por objetivo generar desconfianza y erosionar la credibilidad de quienes sostienen servicios críticos.
Desde Urbaser somos plenamente conscientes de este escenario. Como compañía que presta servicios a la ciudadanía, nuestra actividad debe apoyarse en la continuidad, la fiabilidad y la confianza. Cada vez dependemos más de entornos digitales y del uso del dato para optimizar operaciones, mejorar la eficiencia y avanzar en nuestro proceso de transformación tecnológica. La digitalización nos permite ofrecer servicios más sostenibles y eficaces, pero también implica asumir riesgos crecientes. Por eso, proteger la información, garantizando su disponibilidad, integridad y confidencialidad, es una condición imprescindible para asegurar un uso responsable del dato y seguir aportando valor real a la sociedad.
Este contexto de amenazas se ve reforzado por un marco regulatorio en plena evolución. Las directivas europeas relacionadas con la ciberseguridad y la resiliencia de las entidades e infraestructuras críticas plantean nuevos retos para las organizaciones que prestan servicios esenciales. Aunque algunos aspectos están aún pendientes de transposición en España y en otros países europeos, se afianza el hecho de que la ciberseguridad forma parte del buen gobierno corporativo y debe abordarse desde una visión estratégica, transversal y alineada con la gestión del riesgo, la continuidad del negocio y la protección de la reputación.
Partimos además de una premisa realista. Todas las organizaciones, antes o después, afrontarán un incidente de ciberseguridad. Por eso, más allá de intentar evitar lo inevitable, el foco debe situarse en la prevención, en la capacidad de respuesta y en la recuperación. En Urbaser trabajamos bajo un marco de gobierno sólido, apoyado en un sistema de gestión de la seguridad de la información, que nos permite revisar y mejorar de forma continua nuestros controles de seguridad y reforzar nuestra resiliencia frente a posibles ciberataques, minimizando su impacto sobre las operaciones y los servicios que prestamos.
Dentro de nuestra estrategia, las personas ocupan un lugar central. Los empleados suelen ser el principal punto de entrada en un ciberataque y, al mismo tiempo, pueden convertirse en la primera línea de defensa si cuentan con la formación y la concienciación adecuadas. Por este motivo, impulsamos de forma decidida por la capacitación continua de nuestros profesionales, fomentando hábitos seguros en su día a día y adaptando los contenidos a los distintos perfiles de riesgo dentro de la organización.
La tecnología es otro pilar clave, siempre al servicio de una visión integral de la seguridad. Desde el departamento de ciberseguridad trabajamos de forma coordinada con los equipos de sistemas y con los distintos equipos de operación y mantenimiento de nuestras plantas para implantar configuraciones seguras y promover un tratamiento adecuado del dato. Al mismo tiempo, mantenemos una vigilancia activa de nuestra postura de seguridad, monitorizando eventos y posibles anomalías que nos permitan anticiparnos a amenazas y mejorar de forma continua los tiempos de respuesta. En este ámbito, la inteligencia artificial representa también una oportunidad para reforzar nuestras capacidades defensivas.
Ante este escenario de continua evolución de amenazas y riesgos, las organizaciones nos vemos obligadas a anticiparnos y responder con la máxima agilidad para reducir cualquier impacto en nuestro negocio. Al mismo tiempo, las nuevas regulaciones en ciberseguridad abren una ventana de oportunidad: la de consolidar estándares mínimos y reforzar, de manera colectiva, nuestra resiliencia frente a un eventual ciberataque. Un desafío que no podemos ignorar, pero también un punto de inflexión para fortalecer nuestras capacidades y elevar nuestro nivel de protección.

