La digitalización ha transformado profundamente la manera en que nos relacionamos, viajamos y disfrutamos de nuestro tiempo libre. Al mismo tiempo, ha transformado el perímetro y el concepto de riesgo. El fraude digital ya no es solo un problema económico o tecnológico, sino una amenaza que erosiona la confianza y genera inseguridad. Cuando se produce un incidente, lo que se ve comprometido no es únicamente un sistema, sino la relación entre personas y organizaciones, y su reputación.
En un entorno cada vez más digitalizado, proteger implica ir más allá del mundo físico y cuidar también los datos de las personas que interactúan con nosotros. Por ello, la ciberseguridad forma parte de los objetivos en materia de buen gobierno de PortAventura World, vinculados directamente a la seguridad de clientes y trabajadores. Alineado con la dimensión de impacto positivo en las personas, no se trata de una iniciativa puntual, sino de un compromiso estructural integrado en nuestra forma de gestionar la compañía. En este marco, nuestro objetivo es claro: cero incidentes que comprometan la seguridad de las personas, un objetivo que hemos cumplido de forma consistente desde que fuimos certificados como primer resort B Corp del mundo en 2022.
Este compromiso se desarrolla en un contexto de rápida evolución tecnológica. La innovación avanza a gran velocidad y los ciberdelincuentes utilizan estas mismas tecnologías para sofisticar el fraude. Herramientas como la inteligencia artificial suponen una oportunidad clara para anticipar riesgos, pero también exigen un uso responsable.
Apostamos por la innovación no solo como palanca de eficiencia, sino como un escudo al servicio de las personas. Utilizamos la tecnología para detectar, prevenir y neutralizar intentos de fraude antes de que afecten al usuario, aplicando el enfoque de “Tech for Good” que sitúa la ética y el bien común en el centro de la toma de decisiones. De manera que la tecnología, bien utilizada, se convierte en un aliado clave para proteger la confianza y seguridad de quienes forman parte de nuestro entorno digital.
Ahora bien, la ciberseguridad no depende únicamente de sistemas y soluciones tecnológicas. Las personas y sus decisiones en el día a día desempeñan un papel esencial. Un descuido, por pequeño que sea, puede facilitar amenazas como el robo de datos, el phishing o los ciberataques, poniendo en riesgo tanto la operativa como la confianza de visitantes y equipos. Entendemos la seguridad digital como una responsabilidad compartida que se construye también a través de hábitos concretos. Proteger adecuadamente las contraseñas, mantener una actitud crítica frente a direcciones de correo electrónico sospechosos o mantener actualizados los sistemas y programas, son algunos ejemplos de las prácticas promovidas por PortAventura World para abordar la seguridad y el fraude digital en el día a día.
Además, se debe sumar la gestión responsable y el correcto tratamiento de los datos sensibles. Respetar las políticas de confidencialidad, utilizar únicamente los canales oficiales y actuar con prudencia en el uso de nuevas tecnologías, especialmente cuando se trata de compartir datos, forma parte de una conducta alineada con la protección de las personas. Cada pequeño gesto cuenta para garantizar la seguridad, reforzando un entorno de confianza que no interfiera en la experiencia de quienes nos visitan, ni en el trabajo de quienes forman parte de la organización.
Nuestro compromiso con la lucha contra el fraude digital se enmarca en una visión más amplia de sostenibilidad y compromiso social, ya que somos conscientes que cualquier descuido puede suponer una amenaza que ponga en riesgo la confianza depositada durante todos estos años en PortAventura World. Nuestra firme apuesta por innovación tecnológica nos impulsa a querer demostrar que es posible ser tecnológicamente avanzados y, al mismo tiempo, éticamente responsables sin comprometer la seguridad. Un reto que demuestra que la ciberseguridad no es solo una cuestión tecnológica, sino una forma clara y tangible de cuidar a las personas.


