La digitalización transforma la economía a una velocidad sin precedentes, comparable únicamente a la primera revolución industrial. Junto con oportunidades de crecimiento, innovación y eficiencia, surgen riesgos que impactan directamente en la confianza, la reputación y la calidad del buen gobierno. En este contexto, la ciberseguridad y la prevención del fraude dejan de ser meras cuestiones técnicas para convertirse en retos estratégicos clave.
- La economía digital como motor de competitividad y fuente de riesgos
- Ciberseguridad como dimensión estructural del buen gobierno y ESG
- La matriz de riesgos de sostenibilidad: una herramienta práctica y adaptable
- De la gestión individual al aprendizaje colectivo
- Conclusión: la confianza se construye aprendiendo del riesgo
La economía digital como motor de competitividad y fuente de riesgos
La economía digital impulsa la competitividad mediante tecnologías como la inteligencia artificial, la Internet de las Cosas o el análisis avanzado de datos, que redefinen procesos, modelos de negocio y relaciones con los grupos de interés. Sin embargo, el entorno es cada vez más expuesto: según el balance de INCIBE de 2024, se gestionaron más de 97.000 incidentes de ciberseguridad en España, un 16,6% más que en 2023, y el fraude online representó el 43,2% del total. En 2025, los incidentes destacados incluyeron ransomware contra entidades municipales, que paralizó servicios esenciales durante semanas, así como brechas en plataformas financieras y de criptomonedas a nivel global. Estos riesgos afectan a la confianza, la reputación y la continuidad operativa de organizaciones de todo tipo.
Ciberseguridad como dimensión estructural del buen gobierno y ESG
Estos riesgos trascienden lo operativo y alcanzan la gobernanza y la legitimidad institucional y empresarial. La ciberseguridad se integra como pilar clave del enfoque ESG, especialmente en su vertiente de gobernanza, al vincularse con la transparencia, la rendición de cuentas y la protección de los grupos de interés.
Desde la Dirección General de Economía concebimos el Registro de Entidades Valencianas Socialmente Responsables y su Sistema de Indicadores de Responsabilidad Social (SIR) como una plataforma de gestión y de aprendizaje continuo. No es solo un registro de reconocimiento, sino también un marco común para identificar riesgos, ordenar prioridades y fortalecer la resiliencia.
La matriz de riesgos de sostenibilidad: una herramienta práctica y adaptable
Uno de los avances clave del SIR es la incorporación progresiva de una lógica estructurada para gestionar los riesgos de sostenibilidad. La matriz de riesgos —impulsada por nuestra Dirección General— ofrece una herramienta proporcional y adaptable: ayuda a identificar riesgos relevantes, evaluarlos de forma razonada y definir medidas de mitigación y de seguimiento. No impone modelos únicos, sino que promueve anticipar antes de reaccionar, comprender antes de comunicar y aprender antes de corregir.
En la práctica, este enfoque permite detectar riesgos que antes no formaban parte de la conversación estratégica: ciberataques a sistemas de gestión, filtraciones de datos de clientes o usuarios, interrupciones de procesos críticos o falta de transparencia en la información no financiera. Estos no son sólo riesgos tecnológicos, sino también de gobernanza, con impacto reputacional, operativo y relacional.
El modelo es gradual y reconoce la diversidad del tejido valenciano: microempresas, entidades sociales y pymes pueden avanzar a su ritmo. El simple ejercicio de identificar vulnerabilidades —dónde puede producirse un ataque, qué datos son críticos o qué procesos dependen de terceros— genera aprendizaje organizativo valioso, ordena la información, coordina áreas internas e integra la gestión de riesgos en la toma de decisiones.
De la gestión individual al aprendizaje colectivo
La matriz no es un documento estático, sino un instrumento vivo integrado en los ciclos de revisión y planificación. Su valor reside en el proceso: en las conversaciones internas que genera y en la cultura preventiva que construye.
Desde la perspectiva ESG, este enfoque refuerza la coherencia entre la gobernanza, la comunicación y la confianza. Identificar, priorizar y explicar la gestión de riesgos permite construir relatos sólidos, evitar declaraciones vacías y ganar credibilidad ante los grupos de interés. La gestión del riesgo pasa de ser interna a convertirse en una pieza clave del diálogo externo.
Además, el SIR transforma experiencias individuales en conocimiento colectivo. El análisis agregado de los riesgos identificados ofrece a la Administración una visión privilegiada de los retos reales del tejido económico valenciano, orientando políticas públicas, acciones de acompañamiento y buenas prácticas compartidas.
En un contexto de rápida evolución tecnológica —donde la inteligencia artificial plantea oportunidades junto con incertidumbres en el uso responsable, la protección de datos o las decisiones automatizadas—, este aprendizaje conjunto resulta estratégico.
Conclusión: la confianza se construye aprendiendo del riesgo
La economía digital no se sostiene sólo en la tecnología, sino también en la confianza. Y la confianza surge cuando las organizaciones demuestran que conocen sus riesgos, los gestionan responsablemente y aprenden de ellos.
El SIR ofrece un espacio común para avanzar en esa dirección: el diagnóstico, el aprendizaje y la mejora continua, que fortalecen la gobernanza, la reputación y la sostenibilidad del tejido organizativo valenciano. En un entorno de incertidumbre, aprender del riesgo no es una debilidad: es una de las mayores fortalezas de las organizaciones que aspiran a perdurar.
Invitamos a todas las entidades valencianas —empresas, pymes, entidades sociales e instituciones— a unirse al Registro de Entidades Valencianas Socialmente Responsables, a incorporar la matriz de riesgos en su gestión y a compartir sus experiencias. Juntos podemos construir una economía digital más resiliente y competitiva.


