Hablar de impacto social local es hablar de cercanía. De presencia constante en los territorios, de conocimiento de realidades complejas y sobre todo, de personas. En un momento en el que la sostenibilidad ocupa un lugar central en la conversación empresarial, resulta cada vez más evidente que el impacto social no se construye solo desde grandes compromisos, sino desde la intervención directa en comunidades concretas y en situaciones reales.
En ese espacio es donde adquiere todo su sentido el trabajo de AEBIA, una compañía del grupo Urbaser que este año cumple 20 años de trayectoria. Dos décadas dedicadas a una labor que rara vez ocupa titulares, pero que resulta esencial para el bienestar de muchas personas y para la cohesión de los territorios en los que opera.
AEBIA nació en 2005 con una vocación clara de impacto social. Desde entonces, su actividad se ha centrado en la intervención social directa, trabajando con personas y colectivos en situación de vulnerabilidad, acompañando procesos de inclusión y fortaleciendo el tejido comunitario en entornos urbanos especialmente complejos. Su enfoque no parte de soluciones genéricas, sino de la atención cercana, profesional y continuada a realidades muy diversas.
El impacto social local se construye precisamente ahí, en la capacidad de entender el contexto y de actuar con sensibilidad y rigor. Programas de atención a personas sin hogar, acompañamiento a familias en riesgo de exclusión, mediación comunitaria, apoyo a personas mayores o intervención con colectivos LGTBI son ejemplos de cómo la acción social se traduce en mejoras tangibles en la vida cotidiana de las comunidades. No se trata de actuaciones puntuales, sino de procesos sostenidos en el tiempo, basados en la confianza y en el trabajo coordinado con administraciones públicas y entidades sociales.
Este tipo de impacto tiene una dimensión profundamente local. Cada intervención se desarrolla en barrios, municipios y comunidades concretas, donde los retos sociales se manifiestan de manera muy específica. La cercanía permite adaptar las respuestas, escuchar a las personas y trabajar desde una lógica de acompañamiento, no de imposición. Esa es una de las claves del valor que aporta AEBIA tras dos décadas de experiencia.
El vigésimo aniversario de la compañía invita también a reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar las empresas en la construcción de una sociedad más inclusiva. La experiencia de AEBIA demuestra que es posible integrar la acción social dentro de un modelo empresarial sólido, profesionalizado y con vocación de largo plazo. Lejos de ser una actividad accesoria, el impacto social forma parte de una manera de entender la responsabilidad corporativa que pone a las personas en el centro.
Este enfoque conecta de forma natural con la visión de Urbaser. Aunque AEBIA desarrolla una actividad claramente diferenciada de los servicios medioambientales, ambas comparten una misma convicción. El progreso solo es sostenible si genera bienestar real en las comunidades. En el caso de AEBIA, ese bienestar se materializa a través de la atención social, la inclusión y el acompañamiento a quienes más lo necesitan. En el conjunto del grupo, se expresa también a través del empleo, la economía circular y los servicios esenciales que mejoran la calidad de vida en las ciudades.
La integración de una empresa social como AEBIA dentro de un grupo industrial y de servicios refleja una visión amplia de la sostenibilidad. Una visión que entiende que los retos sociales y ambientales están profundamente interconectados y que deben abordarse de manera conjunta. La acción social no es un complemento, sino una pieza necesaria para construir comunidades más resilientes, cohesionadas y justas.
A lo largo de estos 20 años, AEBIA ha demostrado que el impacto social local se construye con profesionalidad, compromiso y continuidad. No se trata solo de atender necesidades inmediatas, sino de generar procesos que permitan a las personas recuperar autonomía, fortalecer vínculos comunitarios y participar activamente en la vida social. Ese impacto, aunque a menudo silencioso, es el que deja una huella más profunda y duradera.
En el contexto actual, las empresas tienen la oportunidad y la responsabilidad de ir más allá de su actividad principal y de aportar soluciones desde su conocimiento y su capacidad de gestión. El caso de AEBIA muestra que es posible hacerlo sin perder foco, integrando la acción social en una estrategia empresarial coherente y orientada al largo plazo.
El impacto social local no se mide únicamente en indicadores o reconocimientos. Se mide en historias de acompañamiento, en comunidades más cohesionadas y en personas que encuentran apoyo para reconstruir su proyecto de vida. Tras 20 años de trayectoria, AEBIA es un ejemplo de cómo ese impacto puede construirse desde la cercanía, el compromiso y una mirada profundamente humana.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Impacto social local: Empresas comprometidas con el bienestar de sus comunidades

