Durante años hablar de fitness fue hablar casi exclusivamente de entrenamiento: rutinas, repeticiones, intensidad, resultados visibles… Sin embargo, la experiencia de millones de personas que entrenan cada día demuestra algo evidente pero no siempre explícito: el fitness no empieza ni termina en una sesión de ejercicio. Es, en realidad, una herramienta poderosa para construir hábitos, mejorar la calidad de vida y tomar decisiones más conscientes en el día a día.
Desde esa convicción, en Anytime Fitness entendemos el fitness como un punto de partida. Entrenar no es un fin en sí mismo, sino una palanca que impacta en cómo dormimos, cómo nos alimentamos, cómo gestionamos el estrés, cómo organizamos nuestro tiempo y, en definitiva, cómo vivimos. Por eso, reducir el fitness a lo que ocurre dentro de un gimnasio sería quedarse corto.
Esta mirada más amplia es una respuesta a una realidad concreta: vivimos en sociedades cada vez más exigentes, donde el sedentarismo convive con agendas saturadas, altos niveles de estrés y una creciente dificultad para sostener hábitos saludables a largo plazo. En ese contexto, el fitness deja de ser un lujo o una moda para convertirse en una necesidad cotidiana, accesible y sostenible.
Pero esa sostenibilidad no depende solo de la motivación individual. Las empresas que operamos en el sector del fitness tenemos una responsabilidad clara: crear entornos que faciliten hábitos saludables reales, no solo promesas aspiracionales. Eso implica pensar el servicio más allá del entrenamiento puntual y asumir que cada decisión -desde la experiencia del socio hasta la forma en que operamos nuestros clubes– tiene un impacto directo en las personas y en las comunidades de las que formamos parte.
En Anytime Fitness este enfoque se traduce en una forma concreta de entender el negocio. Hablamos de acompañamiento, de cercanía, de comunidades locales abiertas las 24 horas, los 365 días del año, pensadas para adaptarse a la vida real de las personas y no al revés. El fitness, cuando es constante y accesible, se integra en la rutina diaria y se convierte en un hábito transformador.
Ahora bien, si el fitness impacta en la vida cotidiana, también lo hacen las decisiones que tomamos como organización. La coherencia entre lo que promovemos y cómo operamos es clave. No se trata solo de lo que decimos, sino de cómo lo hacemos. Desde el uso responsable de los recursos hasta la elección de socios estratégicos, cada paso cuenta.
En este sentido, incorporar criterios de sostenibilidad en la operativa diaria es una extensión natural de nuestra visión del fitness. La energía que utilizamos forma parte del ecosistema en el que viven nuestros socios, nuestros equipos y nuestras comunidades. Por eso, recientemente, en Anytime Fitness Iberia dimos un paso más firmando un acuerdo estratégico con Octopus Energy, una compañía comprometida con un modelo energético más responsable. Una decisión que coincide con una forma de entender el fitness como impulsor de hábitos saludables dentro y fuera del gimnasio.
El sector del fitness tiene, además, una oportunidad singular: conectar la salud individual con el impacto colectivo. Cada persona que incorpora el ejercicio a su rutina no solo mejora su condición física, sino que también reduce riesgos asociados al sedentarismo, mejora su salud emocional y refuerza su vínculo con el entorno. Cuando ese proceso se multiplica, el impacto es social.
Por eso, hablar hoy de fitness implica hablar de algo más grande. Implica reconocer que entrenar es una decisión personal, pero también una experiencia acompañada. Que el progreso individual se apoya en entornos que lo hacen posible. Y que las empresas tenemos la capacidad -y la responsabilidad– de amplificar ese impacto positivo a través de decisiones coherentes, sostenibles y centradas en las personas.
Mirando hacia adelante, el reto del sector no será solo atraer nuevos socios, sino ayudar a que el fitness forme parte de la vida de más personas durante más tiempo. Para lograrlo, necesitamos seguir ampliando la conversación: del ejercicio al hábito, del hábito al estilo de vida, y del estilo de vida a un impacto positivo y duradero en la sociedad.
Cuando el fitness se entiende así, deja de ser únicamente movimiento y se convierte en una forma de vivir mejor. Y ese es, sin duda, el mayor valor que podemos aportar como industria y como empresas comprometidas con las personas.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables.

