Cada 27 de febrero, con motivo del Día Mundial de las ONG, recordamos el papel vital que desempeñan las organizaciones sociales en la defensa de los derechos humanos, la justicia social o la sostenibilidad medioambiental. Es también un momento idóneo para reflexionar sobre cómo fortalecer —o revisar críticamente— nuestras alianzas estratégicas con actores como la empresa, con la que a menudo mantenemos relaciones transformadoras y, en ocasiones, controvertidas, pero que al mismo tiempo constituyen una alianza clave en un contexto global marcado por la incertidumbre, la desigualdad creciente y la transformación de los modelos económicos y sociales.
Diversos factores nos invitan hoy a identificar oportunidades estratégicas y misionales en esta relación:
Nuevas formas de liderazgo social
Las ONG nos hemos reconocido históricamente en un papel de liderazgo en la acción social: desde nuestras raíces en organizaciones de Iglesia, pasando por el nacimiento del humanitarismo moderno en el siglo XIX, la eclosión de los movimientos sociales en los años sesenta o la profesionalización de la cooperación internacional tras el final de la Guerra Fría y especialmente durante las grandes crisis humanitarias de la década de los 90.
Nuestra fortaleza ha residido —y sigue residiendo— en la cercanía con las comunidades, la comprensión de sus necesidades y la capacidad de movilizar a la ciudadanía y al voluntariado en torno a causas comunes. Sin embargo, los retos actuales, como la profundización de la desigualdad económica, la fragmentación social o la aceleración tecnológica, exigen recursos, capacidades de innovación y estrategias de largo alcance que con frecuencia superan la capacidad de actuación de una ONG en solitario.
Redes compartidas frente a la exclusión
Las ONG hemos mantenido un rol protagónico en relación al discurso de la empatía y la solidaridad global. Hemos sido capaces de generar amplios apoyos mediáticos, institucionales y ciudadanos —desde movimientos de base hasta donantes individuales y redes internacionales de colaboración—. No obstante, en los últimos años ese respaldo y la legitimidad de nuestro discurso a menudo se están viendo cuestionados.
Existe una creciente literatura que analiza esta crisis de confianza y el cambio en determinadas narrativas sociales respecto a la acción humanitaria. Este cambio no es solo retórico; los recientes recortes de ayuda internacional están teniendo consecuencias dramáticas y ya cuantificables (algunos análisis estiman hasta 22 millones de muertes adicionales en los próximos cuatro años), lo que tensiona aún más la capacidad de respuesta ante crisis humanitarias y debilita la arquitectura global de protección de derechos.
Sin embargo, frente a ese distanciamiento de algunos actores tradicionalmente afines, emerge con fuerza un espacio renovado de colaboración en el ámbito de la responsabilidad social corporativa y de las alianzas entre ONG y empresa.
Es en este punto donde las empresas pueden desempeñar un papel transformador. Más allá de la filantropía clásica, muchas compañías reconocen que la sostenibilidad de su propio éxito está inseparablemente ligada al bienestar social y ambiental. Las alianzas con ONG permiten canalizar conocimientos en gestión, innovación y tecnología hacia proyectos con impacto directo en las comunidades, mejorar su eficiencia y generar resultados medibles, además de generar vínculos de participación real y motivacional de sus empleados y empleadas con la acción social y transformación de su entorno.
Por su parte, la complejidad del actual sistema económico y social está llevando a las ONG a superar esquemas de relación más simplistas hacia la empresa basados en el binomio recaudación/denuncia. Ello no implica abandonar la vigilancia crítica ni a la exigencia de diligencia debida frente a prácticas como el greenwashing. Entendemos que esta mayor centralidad de la empresa en el discurso sobre el futuro de la Ayuda no debe llevar a confundir roles. Las alianzas son parte de la solución, pero no pueden sustituir la responsabilidad pública de garantizar derechos.
Desde ahí, reconocemos también la enorme capacidad de transformación del tejido empresarial cuando existe un compromiso real con las comunidades, la sostenibilidad, la economía circular y la inclusión de las personas más vulnerables. Cuando la visión social y la capacidad empresarial convergen, surgen soluciones que ninguna de las partes podría alcanzar por separado, así como espacios de debate necesarios sobre modelos de desarrollo, redistribución de la riqueza y transición ecológica justa.
Esta convicción nace de nuestro trabajo cotidiano en la Fundación Entreculturas, tanto con grandes alianzas como con más de 200 pequeñas y medianas empresas y fundaciones comprometidas con la educación, la inclusión y la generación de oportunidades para las personas más vulnerables. Estas alianzas demuestran que, cuando existe un propósito compartido, la cooperación entre sectores puede traducirse en un impacto real y sostenible.
Frente al discurso polarizado, el poder de la colaboración
La cooperación entre ONG y empresas no solo produce beneficios tangibles; también transmite un mensaje simbólico de unidad en tiempos marcados por la división. En un contexto mediático global donde conviven discursos de exclusión con narrativas de esperanza, la sociedad sigue mostrando su capacidad de movilizarse en torno a valores de solidaridad, diversidad y dignidad humana.
Estos gestos colectivos, pueden ser amplificados también gracias a la colaboración entre actores con capacidad de llegada tanto a públicos locales como a audiencias globales y transversalizadas. Trabajar en alianza con actores diversos como medios de comunicación, empresas, instituciones públicas, sectores educativos, culturales, movimientos sociales… nos permite a las ONG construir con mayor potencia imaginarios compartidos que desestigmatizan la migración, celebran la diversidad y refuerzan la idea de interdependencia entre comunidades, países y continentes. La alianza entre diferentes agentes puede apoyarse también en esta dimensión simbólica: la construcción de relatos que promuevan cohesión frente al miedo y cooperación frente al rechazo.
Una responsabilidad compartida
En última instancia, la relación entre ONG y empresas nos recuerda que los grandes desafíos contemporáneos —la pobreza, la desigualdad o la crisis climática— no pueden afrontarse de manera aislada. Requieren creatividad, compromiso sostenido y, sobre todo, colaboración entre sectores que durante mucho tiempo caminaron en paralelo o incluso en confrontación. Una colaboración que se oriente de manera explícita a la defensa de los derechos humanos y a la reducción real de las desigualdades desde un marco ético compartido que garantice alianzas transformadoras.
El Día Mundial de las ONGs es, por tanto, una celebración de la solidaridad, pero también una invitación a imaginar nuevas formas de alianza.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial de las ONGs


