Durante las últimas décadas, la comunicación sobre el cambio climático dirigida a la ciudadanía ha atravesado varias fases claramente diferenciadas influida por el nivel de conocimiento científico disponible, por los contextos sociales y económicos y, sobre todo, por la percepción pública del riesgo. Desde los primeros mensajes de alarma hasta la actual corriente de narrativas positivas, el relato climático ha ido buscando nuevas formas de conectar con la sociedad.
Si al inicio el reto era demostrar que el cambio climático era real y urgente, -la ciudadanía apenas empezaba a oír hablar del asunto-, en buena parte de la década de 2010 la narrativa climática se intensificó en la difusión de imágenes de grandes desastres. Fotogramas icónicos de incendios, huracanes o glaciares colapsando se convirtieron en símbolos de una crisis global que reclamaba titulares. El objetivo era que el público entendiera la dimensión del problema, pero muchas veces la historia se contaba como si el futuro estuviera ya escrito, fuera inevitablemente catastrófico y sin contextualizar qué significaba eso en la vida de una persona corriente.
A medida que creció la conciencia pública, muchos mensajes se centraron en la responsabilidad personal, lo que ayudó a que incorporáramos hábitos más sostenibles.
En los últimos años ha tomado fuerza una tendencia distinta y sumamente eficaz: la comunicación climática orientada a oportunidades, soluciones y liderazgo colectivo. Una manera de combatir el cambio en la que las organizaciones humanitarias tenemos la gran ocasión de aportar ejemplos concretos de esas respuestas que sí están funcionando y dando resultados. Tenemos equipos, tenemos experiencias de éxito y más ganas de actuar que nunca.
En la provincia occidental de Zambia, el niébé (una legumbre resistente a la sequía y rica en nutrientes) está ayudando a familias agricultoras a hacer frente al cambio climático, mejorar su alimentación y construir un futuro más seguro. Gracias al acompañamiento de Acción contra el Hambre, más de 1.300 agricultoras y agricultores están fortaleciendo su resiliencia y transformando sus medios de vida, demostrando que las soluciones sostenibles empiezan desde la tierra, y que combatir el hambre también significa apostar por cultivos que cuidan a las personas y al planeta.
En Kenia, en el condado de Isiolo, las mujeres de los Mother to Mother Support Groups están fortaleciendo la alimentación y la resiliencia de sus hogares. Desde 2023, junto a Acción contra el Hambre, han desarrollado huertos familiares climáticamente inteligentes, combinados con transferencias de efectivo y grupos de ahorro comunitario.
La energía limpia impulsa la educación en Aghor, una población en Mauritania que acoge a personas refugiadas de Mali y donde el acceso a la electricidad es casi inexistente. Gracias a REact, en esta escuela se instaló un sistema fotovoltaico que hoy mejora el acceso a educación de niños y niñas y que permite medir y diseñar soluciones energéticas renovables en contextos donde se brinda respuesta humanitaria.
En Acción contra el Hambre sabemos que la emergencia climática es también una crisis humanitaria y de equidad. La buena noticia: podemos actuar y la acción del sector privado es clave. Hoy, más que nunca, las empresas son protagonistas en la lucha contra la crisis climática y el hambre. Integrar soluciones sostenibles no solo reduce riesgos, también genera oportunidades. Iniciativas que mejoran los indicadores ESG pueden transformar realidades.
Precisamente por eso, hemos activado un fondo con el que es posible reforzar los objetivos de sostenibilidad y los criterios ESG de organizaciones y empresas. Este fondo trabaja en 6 áreas clave para impulsar un impacto positivo en la comunidad y en el planeta: agua limpia, semillas resilientes, apoyo en emergencias, innovación y tecnología, empleabilidad. Compartimos más información en: https://cambioclimaticoyhambre.accioncontraelhambre.org/
En Acción contra el Hambre llevamos 30 años innovando para responder a los grandes desafíos globales. Sabemos que cada esfuerzo compensa. Mostrar avances no es ingenuidad, es estrategia. La esperanza no es un sentimiento; es una forma de acción colectiva.


