Cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, un recordatorio de que este recurso es limitado, vulnerable y esencial para la vida, la economía y el bienestar colectivo. No se trata de una abstracción: el agua dulce disponible para consumo humano y producción representa apenas un 1% del total del agua del planeta, y su distribución es cada vez más desigual. Según la ONU, 2.000 millones de personas carecen de acceso seguro a agua potable, y más de 3.600 millones enfrentan algún tipo de estrés hídrico durante al menos un mes cada año.
En nuestro sector, el de la publicidad y creatividad, el agua no suele ser un protagonista. A diferencia de industria, la agricultura o la construcción, nuestro consumo directo de agua es bajo, limitado sobre todo a oficinas, o de forma excepcional, a grandes rodajes y producciones audiovisuales que requieran sets complejos. Es decir, en nuestro día a día, el agua no marca la pauta, pero está ahí, como un recurso invisible que sostiene todo lo que hacemos: desde el café que tomamos en la oficina, hasta los platós de rodaje.
Esa invisibilidad, sin embargo, no nos exime de pensar en su valor ni de reconocer que el planeta se enfrenta a una crisis. Las sequías son más frecuentes, los caudales de los ríos cambian de formas abrupta, el suministro urbano de muchas ciudades ya es inestable. La evidencia científica es clara: gestionar el agua con eficiencia, proteger los ecosistemas y reducir el desperdicio son medidas que o admiten demoras.
Innovación que ahorra agua
Aunque nuestra actividad no impacta significativamente en la huella hídrica, tenemos la oportunidad de aprender de otros sectores y de los clientes con los que trabajamos. Uno de esos casos es Quooker, el inventor del grifo de agua hirviendo y una marca premium de soluciones de agua para la cocina. Sus sistemas permiten dispensar agua hirviendo a 100 °C al instante, además de agua caliente y fría, y, en combinación con CUBE, agua fría filtrada y con gas, evitando el desperdicio asociado a la espera de agua caliente y reduciendo la necesidad de hervir más de lo necesario, por ejemplo.
Lo interesante de Quooker no es el producto en sí, sino cómo incorpora sostenibilidad, diseño y funcionalidad en la vida cotidiana de sus usuarios: eficiencia en el uso del recurso, reducción de residuos y menor consumo de energía. En términos de huella hídrica, un sistema de estas características puede contribuir a un uso más eficiente del agua en la cocina, al reducir desperdicios en acciones cotidianas.
En normmal disfrutamos colaborando con estos clientes que reflejan una filosofía que valoramos: usar la tecnología y la innovación para generar impacto positivo sin sacrificar calidad ni funcionalidad. Usar la tecnología para ser más eficientes con los recursos y hacer más eficiente a la empresa económicamente a la vez.
A veces nuestros clientes son ejemplos que inspiran nuestra mirada crítica, nuestra capacidad de narrar y de visibilizar, y en este caso, nos permite poner el agua en el centro de la conversación, enseñando y concienciando a cuidar un recurso que es absolutamente indispensable y del que dependemos todos.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Agua


