Durante décadas, el acceso al agua fue considerado un insumo estable para el desarrollo productivo en México. Hoy, esa premisa ha cambiado. El país se encuentra en un escenario de alto estrés hídrico. Según datos de la Dirección de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento, al utilizar más del 40% de su agua superficial disponible cada año, una presión que se intensifica por el crecimiento industrial, la urbanización y los efectos del cambio climático.
Esta presión recae principalmente sobre los sectores productivos, que concentran la mayor parte del uso del recurso a nivel nacional. De acuerdo con datos oficiales, cerca de tres cuartas partes del agua concesionada en México se destinan a actividades económicas como la agricultura y la industria, muchas veces bajo esquemas de gestión que carecen de medición en tiempo real o control detallado del consumo, lo que dificulta identificar pérdidas e ineficiencias operativas
Frente a este escenario, el país ha comenzado a impulsar una agenda de transformación en la gestión del recurso. El Plan Hídrico Nacional establece como prioridades la eficiencia en el uso del agua, la modernización de la infraestructura y una administración más integral del recurso, con inversiones públicas orientadas a fortalecer la disponibilidad y confiabilidad del suministro
Este nuevo contexto también redefine el papel de las empresas. Más allá del cumplimiento regulatorio, la eficiencia hídrica comienza a entenderse como una decisión estratégica, capaz de fortalecer la resiliencia operativa, optimizar los procesos productivos y reducir los riesgos asociados a la disponibilidad del recurso. Para el sector productivo, el desafío ya no es únicamente cuánta agua se consume, sino cómo se gestiona a lo largo de toda la operación.
En este punto, la tecnología se convierte en un habilitador clave. A través de soluciones de digitalización, automatización y análisis de datos, es posible avanzar hacia modelos de gestión más inteligentes, con visibilidad en tiempo real del consumo de agua, detección temprana de pérdidas y una mejor integración entre el desempeño hídrico y energético. Schneider Electric, socio tecnológico en eficiencia energética, desarrolla soluciones que permiten a las empresas transformar la gestión del agua en una palanca de eficiencia operativa y competitividad.
Un ejemplo claro de esta evolución se encuentra en los procesos de limpieza y saneamiento industrial, críticos para sectores como alimentos, bebidas y farmacéutica. Históricamente, estos procesos son intensivos en el uso de agua, energía y químicos. Sin embargo, mediante la digitalización y el análisis de datos, hoy es posible transitar de limpiezas convencionales a modelos dinámicos y precisos que dan pie a la mejora continua, a través de herramientas como CIP Optimize de Schneider Electric. Al optimizar los procesos, las plantas no solo reducen drásticamente sus desperdicios, sino que logran asegurar la trazabilidad para auditorías de calidad y aumentar la disponibilidad de la maquinaria.
“La presión sobre los recursos hídricos está obligando a las empresas a repensar su forma de operar. Contar con sistemas inteligentes que permitan medir, analizar y optimizar el uso del agua no solo reduce riesgos, sino que también fortalece la continuidad del negocio a largo plazo”, señaló Caroline Hoarau, Directora de Automatización Industrial y Atención a Usuarios Finales de Schneider Electric.
De esta manera, el uso eficiente del agua deja de ser una respuesta reactiva ante la escasez y se consolida como una estrategia de futuro, donde la innovación tecnológica permite a las empresas en México anticiparse a un entorno cada vez más exigente y construir operaciones más resilientes, eficientes y alineadas con los desafíos del país.
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