¿Cómo se articula vuestra estrategia RSE para garantizar que estas áreas trabajen de manera integrada y generen impacto tangible en España y Europa?
Nuestra estrategia de Responsabilidad Social Corporativa parte de la base de involucrar a todos los actores, sector público, privado y comunidad, en la protección y preservación del océano, a través de actividades y proyectos ambientales de educación medioambiental, ciencia y participación ciudadana, que están comprometidas y alineadas con los valores de la ONG.
Nos interesa crear relaciones de largo plazo, ayudar a reforzar estrategias de Sostenibilidad y/o programas de voluntariado corporativo en el sector público y privado. A través de relaciones cercanas, transparentes y basadas en el impacto, mostrando de forma clara los resultados ambientales y sociales de nuestros proyectos.
Por eso, nuestras acciones de RSC combinan dos aspectos: por un lado, responden a las necesidades e intereses de las empresas; por otro, se apoyan en proyectos consolidados de Surfrider que generan un impacto real, tanto a nivel educativo como en incidencia política y en la obtención de datos sobre contaminación marina.
A partir de esa base, hemos adaptado nuestra experiencia a formatos pensados para el ámbito empresarial: actividades de formación, team building y experiencias participativas que permiten a los equipos implicarse directamente. Además, muchas de estas acciones se enmarcan en programas de ciencia ciudadana, de modo que la participación de las empresas también contribuye a generar datos útiles sobre el estado del medio marino. Hemos creado y adaptado herramientas de inteligencia colectiva, como los murales, que permiten a los participantes aprender de una forma moderna y en colaboración con otros. Algunas de estas herramientas son originales de Surfrider.
¿Podríais compartir los proyectos más emblemáticos de Surfrider, incluyendo campañas de vigilancia de aguas, educación ciudadana y acciones legales o de incidencia política, y qué resultados han obtenido hasta ahora?
Contamos con varios proyectos clave a nivel nacional y en Europa que reflejan muy bien nuestra forma de trabajar.
Un programa europeo es Ocean Initiatives, que impulsamos desde 1996. Fue uno de los primeros programas en Europa que animaba a la ciudadanía a organizar recogidas de residuos en playas, ríos y entornos naturales. Hoy en día este tipo de acciones son más habituales, pero Surfrider fue una de las organizaciones pioneras. Cada año se realizan miles de recogidas en Europa, y solo en España organizamos alrededor de 200, muchas de ellas lideradas por personas voluntarias.
También destaca el Colillatón, una campaña europea centrada en la recogida de colillas, uno de los residuos más abundantes en el medio ambiente. Solo el año pasado a nivel europeo se contabilizaron más de 223.000 colillas, recogiendo más de 52.000 colillas en España en una semana. Todo esto, gracias a la participación de voluntariado en diferentes puntos del país.
Además, estamos desarrollando un proyecto sobre calidad del agua en Barcelona, donde analizamos la contaminación bacteriológica en aguas de baño fuera de la temporada de verano. Actualmente, la administración solo está obligada a tomar muestras en verano, por lo que este proyecto cubre un vacío importante y genera información que hasta ahora no existía.
Otro de ellos es Surfing for Science, un proyecto pionero en España en el que colaboramos con la Universidad de Barcelona para obtener datos sobre microplásticos en aguas de baño. Se trata de una iniciativa de ciencia ciudadana que combina deporte, investigación y sensibilización.
A nivel Europa, participamos en un proyecto europeo, Generaction, que busca acercar a los jóvenes europeos conocimientos sobre medio ambiente, cambio climático y gobernanza. Hemos creado una plataforma de aprendizaje interactivo gratuita para el usuario, de forma que podamos formar y educar a jóvenes de todos los países.
La acción comunitaria es clave. ¿Cómo se integra a voluntarios y comunidades locales en la planificación y ejecución de los proyectos, y qué impacto tiene esta participación en la efectividad de vuestras acciones?
Para Surfrider, la comunidad voluntaria es fundamental. De hecho, gran parte de nuestra fuerza como organización proviene de esa red de personas implicadas. A nivel europeo contamos con decenas de grupos locales, y en España tenemos grupos organizados en Barcelona y Tenerife, además de voluntariado activo en muchas otras regiones.
El voluntariado no solo participa en actividades, sino que también impulsa proyectos. Por ejemplo, Surfing for Science nació de la iniciativa del grupo de voluntariado de Barcelona en colaboración con la Universidad de Barcelona. Otro caso es Ocean Friendly Restaurants, que promueve compromisos de Sostenibilidad en el sector de la restauración, el proyecto nació en Francia de la mano de personas voluntarias.
Además, las personas voluntarias están muy presentes sobre el terreno: organizan actividades, detectan problemas de contaminación y nos trasladan información que en algunos casos ha servido para impulsar cambios concretos. Su experiencia y conocimiento del territorio alimentan directamente la estrategia de la organización. Se trata del programa Coastal Defenders que apoya voluntarios que denuncian un problema de contaminación.
Surfrider refuerza además este vínculo organizando encuentros anuales a nivel europeo, donde líderes de voluntariado de distintos países comparten experiencias, retos y buenas prácticas.
Ante la inacción de algunas instituciones y los nuevos desafíos ambientales, ¿cuáles son los principales retos y líneas de acción que Surfrider tiene previstos para los próximos años en España y a nivel europeo?
En los próximos años tenemos varios retos importantes. Uno de ellos es la implantación en España del sistema de depósito, devolución y retorno de envases, una medida clave para reducir residuos, en la que hemos trabajado junto a la Alianza Residuo Cero.
También estamos muy pendientes de la aplicación en España del futuro reglamento europeo para la prevención de pérdidas de pellets de plástico, una fuente importante de contaminación marina. Surfrider fue un agente clave para que se formalizase este reglamento, ya que tenemos una oficina en Bruselas que ha estado en contacto con el Parlamento Europeo.
Las colillas siguen siendo una prioridad, ya que continúan siendo uno de los residuos más encontrados en playas. Seguiremos impulsando campañas de sensibilización y recogida para visibilizar este problema y que los ayuntamientos decidan implementar más playas sin humo. Además, trabajaremos para que haya nuevas medidas de prevención en las playas.
En relación con el agua de baño, queremos que se amplíen los parámetros que se analizan, tanto en el tiempo (más allá del verano) como en el tipo de contaminantes estudiados. Nuestro proyecto en Barcelona va precisamente en esa línea y nuestra meta es sumar nuevos puntos de muestras.
Por último, otro gran reto es frenar la artificialización de la costa y promover soluciones basadas en la naturaleza para la gestión del litoral, que sean más resilientes y respetuosas con los ecosistemas.
¿Cómo pueden empresas y particulares contribuir a los proyectos de Surfrider, y qué beneficios fiscales y sociales pueden obtener al apoyar la protección de los océanos y la salud pública?
Las empresas pueden implicarse de distintas maneras. Una de las principales es a través del programa de partnership, donde pueden dedicar tiempo, recursos e incluso patrocinar y co-crear proyectos medioambientales, lo que nos permite asegurar su continuidad y ampliar su impacto. Al ser Surfrider una entidad de interés público, estas aportaciones también conllevan beneficios fiscales importantes, pudiéndose desgravar hasta un 40% de la donación.
Más allá del apoyo económico, buscamos construir relaciones de colaboración a largo plazo. Cuando una empresa decide convertirse en partnership, damos apoyo en la comunicación corporativa, además de vincularse a nuestra misión social, con proyectos bien definidos, objetivos concretos y un problema ambiental específico que estamos abordando.
Algunas empresas prefieren apoyar proyectos educativos, otras se interesan por iniciativas de calidad del agua o campañas como el Colillatón. Además, muchas también quieren involucrar a su equipo organizando actividades ambientales con su personal.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables.

