En esta entrevista para Corresponsables, Ramón Gómez, director de ESG de BNZ, explica cómo la compañía está desplegando su plan maestro ESG, articulado en tres grandes objetivos estratégicos, y detalla los avances logrados en materia de descarbonización, biodiversidad, economía circular, impacto social y gobernanza. A lo largo de la conversación, aborda el papel de la tecnología y la digitalización en el seguimiento de riesgos y oportunidades ESG, así como la forma en que una empresa dedicada al desarrollo y operación de proyectos de energías renovables integra estos criterios en su crecimiento en España, Portugal e Italia.
BNZ establece un plan maestro ESG con tres grandes objetivos a tres años. ¿Cuáles son estos retos y qué avances destacaría?
Nuestro plan ESG se apoya en tres grandes objetivos y funciona como la hoja de ruta que nos va a guiar durante los próximos años. Principalmente nos estamos centrando en tres áreas de actuación:
La primera es generar un impacto ambiental positivo en nuestras operaciones. BNZ es un productor independiente de energías renovables y creemos que existe un gran potencial, más allá de la propia generación de energía renovable, para apoyar positivamente al entorno y al medio ambiente. Por eso tenemos un objetivo muy enfocado a trabajar en este ámbito durante los próximos años.
El segundo eje es reforzar la relación con nuestros grupos de interés. Por nuestro modelo de negocio y la diversificación geográfica que estamos teniendo —actualmente estamos en España, Portugal e Italia, y con un porfolio cada vez más creciente—, es muy importante para nosotros establecer mecanismos de escucha activa que nos permitan identificar preocupaciones, oportunidades y todo lo relacionado con nuestros grupos de interés, desde inversores y clientes hasta la comunidad local.
El tercer bloque está más enfocado a la gestión de riesgos, tanto presentes como futuros. Sabemos que estamos en un entorno de incertidumbre, con cambios regulatorios constantes, y es necesario contar con mecanismos de gobernanza adecuados que nos permitan hacer frente a todo lo que viene.
¿Qué destacaría, dentro de esa hoja de ruta a tres años, de este primer año que tenéis en marcha, 2025?
Para mí, 2025 ha sido, sobre todo, el año de entender en qué punto estamos. Creo que, a la hora de abordar cualquier plan estratégico de ESG en una compañía, es fundamental realizar un diagnóstico profundo de la situación de partida. Este primer año ha sido clave para asentar las bases y llevar a cabo una serie de diagnósticos.
En este sentido, uno de los hitos más destacados ha sido la realización, por primera vez, del cálculo de la huella de carbono con alcances 1, 2 y 3, que quienes lo han abordado saben que es un proceso complejo y exigente. También hemos realizado el primer análisis de riesgos climáticos por proyecto, analizando a través de una plataforma digital todos los riesgos a los que estamos expuestos en función de las coordenadas concretas de cada uno de nuestros proyectos y evaluando su grado de exposición.
Además, hemos finalizado recientemente el análisis de doble materialidad. Es cierto que, para una pyme, puede parecer un ejercicio ambicioso abordar este tipo de análisis, pero para mí es absolutamente fundamental en cualquier compañía, porque permite identificar con claridad las principales preocupaciones y prioridades.
Por último, otro hito muy relevante que nos ha ayudado a entender mejor nuestra situación ha sido el inicio de una serie de auditorías presenciales a nuestros proveedores. Este año hemos comenzado con los proveedores de paneles fotovoltaicos, con el objetivo de analizar sus prácticas medioambientales, aspectos relacionados con la ESG y también cuestiones sociales que puedan estar influyendo en sus procesos de fabricación.
Durante este año nos hemos centrado especialmente en todos estos aspectos. Como resultado positivo, y creo que, como reflejo del trabajo realizado, destaca la valoración obtenida en GRESB. En la evaluación de este año hemos mejorado nuestra puntuación en un 24% respecto al año anterior, alcanzando 35 puntos sobre 40, que es la escala de esta certificación. Esto nos sitúa por encima de la media del sector e incluso por encima de la media global de las empresas que se presentan a esta evaluación.
La verdad es que estamos muy orgullosos de este resultado.
En 2024 evitaron más de 13.600 toneladas de CO₂ gracias a sus proyectos renovables. ¿Cómo se prevé evolucionar este impacto con el crecimiento de la compañía?
2024 fue el primer año en el que empezamos a poner algunos proyectos en operación e inyectar energía a la red, concretamente en el último trimestre del año. Cerramos el ejercicio con una producción de 175 megavatios, lo que supuso evitar 13.060 toneladas de CO₂ en España.
Para este año, en el que ya tendremos más proyectos en operación, y en el que esperamos alcanzar casi el medio gigavatio entre España, Portugal e Italia, prevemos multiplicar esta cifra entre cuatro y cinco veces. Según las estimaciones de producción a cierre de noviembre, calculamos que podremos evitar alrededor de 73.000 toneladas de CO₂.
A medio plazo, teniendo en cuenta el porfolio de dos gigavatios que tenemos previsto, esperamos multiplicar esta cifra de nuevo por cuatro o más. En cualquier caso, nuestra contribución en términos de emisiones evitadas siempre estará muy ligada a nuestra capacidad de producción de energía y al mix energético de cada país.
Están implementando metodologías de seguimiento de biodiversidad y medidas pioneras. ¿Cuáles son sus proyectos más destacados?
El proyecto de biodiversidad es, probablemente, el que más ilusión me hace de todos los que hemos abordado. En BNZ estamos convencidos de que los proyectos fotovoltaicos pueden ser grandes aliados para la biodiversidad, por las características que tienen: grandes extensiones de terreno, baja presencia humana y, si se hacen bien, con una serie de medidas que pueden fomentar la biodiversidad. Creemos que pueden convertirse en auténticos refugios naturales.
Sin embargo, esta idea no podía quedarse solo en una creencia. Por eso decidimos dar un paso más y pasar de la opinión a la evidencia. Este año hemos puesto en marcha un proyecto de monitorización de la biodiversidad en nuestros proyectos en España.
Es un proyecto retador por varios motivos. En primer lugar, porque no existía una metodología sólida para medir la biodiversidad, así que, con la ayuda de expertos, hemos tenido que desarrollar una metodología propia. En segundo lugar, porque la biodiversidad no se puede medir a corto plazo, sino que requiere un compromiso de varios años. Este año hemos cerrado el primero y la intención es mantenerlo al menos un par de años más.
Actualmente estamos monitorizando la calidad del suelo, comparando el interior y el exterior de las plantas, midiendo parámetros como el pH, la humedad o la temperatura. También llevamos un registro de avistamientos de especies animales y vegetales para analizar su evolución con el paso del tiempo.
Aunque todavía es pronto para sacar conclusiones, ya hemos observado, por ejemplo, que la temperatura y la humedad del suelo se ven favorecidas por la presencia de las plantas fotovoltaicas. En cuanto a los avistamientos, necesitamos más tiempo y al menos dos ciclos completos de estaciones para poder comparar correctamente, pero estamos convencidos de que los resultados serán positivos.
De cara al año que viene, uno de nuestros objetivos es extrapolar esta experiencia de España a nuestros proyectos en Italia y Portugal.
BNZ está trabajando hacia la certificación “Zero Waste”. ¿Qué cambios operativos implica y qué mejoras han identificado en esta transición?
Cuando hablamos de desperdicio cero o de economía circular, hay que tener en cuenta que se trata de un cambio transversal muy complejo. No solo afecta a tus propias operaciones, sino también a lo que ocurre aguas arriba —cómo se fabrican y suministran los materiales, incluso el tipo de embalaje— y a lo que sucede aguas abajo, una vez que el residuo sale de la planta.
Este año nos hemos centrado en analizar cuáles son los principales gaps que tenemos actualmente. Hemos revisado nuestras operaciones para comprobar si la segregación de residuos se realiza correctamente, si los gestores autorizados retiran los residuos de forma adecuada y qué carencias de información existen tanto aguas arriba como aguas abajo.
A partir de ese análisis, hemos definido una hoja de ruta con varios cambios, algunos de los cuales ya hemos empezado a implantar en 2025. Por ejemplo, hemos puesto en marcha una plataforma de captación de información en la que mensualmente se reportan los residuos generados por tipología, principalmente en la fase de construcción.
También hemos reforzado las cláusulas contractuales con los contratistas, haciendo mayor hincapié en la economía circular, la segregación, la reutilización y el seguimiento de los residuos una vez salen de la planta. Además, hemos realizado formaciones específicas a los responsables de proyecto para que entiendan la relevancia de todo este proceso.
Uno de los grandes retos es la información. Tener a las personas formadas y conscientes de qué es el Zero Waste y qué información se requiere facilita enormemente la recopilación de datos y la mejora continua.
Realizan análisis sociales y financiación de proyectos locales. ¿Cómo valoran el impacto generado y cómo seleccionan las iniciativas a apoyar?
En BNZ intentamos mantener una relación muy estrecha con la comunidad local. Tenemos un lema interno que resume bien esta idea: queremos ser buenos vecinos. Eso implica preocuparnos por los mismos temas que preocupan a la población local e intentar contribuir en la medida de lo posible.
Antes de iniciar la construcción, ya en la fase de desarrollo del proyecto, realizamos un estudio que llamamos Social Screening. Se trata de un análisis sociodemográfico de la población local, en el que evaluamos aspectos como las tasas de desempleo, la renta per cápita, las principales actividades económicas y el sentimiento social existente en torno al proyecto.
A partir de este análisis identificamos los principales retos sociales de cada comunidad y estudiamos cómo podemos contribuir a su desarrollo. Esta información se utiliza tanto en la fase de construcción, donde se suelen establecer medidas compensatorias en colaboración con los ayuntamientos, como en la fase de operación.
Durante la operación, reservamos una pequeña parte de los beneficios de cada planta para apoyar iniciativas locales. Por ejemplo, en zonas donde el desempleo es un reto, hemos apoyado programas de inserción laboral; en otras donde el turismo es clave, hemos respaldado eventos culturales relevantes para la comunidad. La idea es mantener este compromiso a lo largo del tiempo.
BNZ cuenta un equipo diverso, en crecimiento y con un fuerte foco en formación. ¿Qué capacidades consideran clave para los profesionales del sector renovable?
Nuestro sector es todavía relativamente joven y está en constante evolución, con nuevos cambios y tecnologías. Por eso creo que una de las capacidades clave es la formación continua, tanto técnica como digital, y una clara vocación innovadora.
No me refiero solo a perfiles de obra, sino a todos los departamentos. Es fundamental tener una mentalidad abierta, con ganas de aprender e investigar constantemente.
Además, por los impactos y las oportunidades que genera nuestro sector, es muy importante contar con una visión sólida de los aspectos ESG. La gestión de proveedores, la fase de construcción, la operación, el entorno regulatorio o el acceso a financiación requieren que la sostenibilidad esté integrada de forma transversal en todas las operaciones.
La compañía ha reforzado sus mecanismos de gobernanza y digitalización. ¿Qué papel juega la tecnología en el seguimiento ESG y en la gestión de riesgos?
La tecnología es fundamental, tanto en nuestro caso como en el de cualquier empresa. De hecho, una de las primeras decisiones que tomamos cuando arrancamos este plan hace tres años fue apostar por la digitalización de la información.
Durante este año hemos desarrollado una plataforma de captación de datos que permite a cada planta reportar información relacionada con cambio climático, biodiversidad, economía circular, seguridad y salud laboral, aspectos sociales y también cuestiones de gobernanza.
Contar con esta información es clave, porque sin datos es muy difícil tomar decisiones y gestionar correctamente los temas ESG. Además, nos permite disponer de dashboards que monitorizamos mes a mes, anticipar riesgos y responder a las crecientes demandas de información por parte de financiadores, clientes y otros grupos de interés.
Por todo ello, la digitalización fue una de las primeras apuestas que hicimos y sigue siendo un pilar fundamental de nuestra estrategia.
Escucha la entrevista completa aquí
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables.

