Blanca Romero, líder global de ESG Midea Europa, nos habla en esta entrevista para Corresponsables sobre cómo la integración de Teka en el grupo Midea ha acelerado la transformación en sostenibilidad de la compañía. En un entorno regulatorio cada vez más exigente y con mayores demandas por parte de consumidores y distribuidores, explica cómo se está reforzando la gobernanza ESG, reduciendo la huella de carbono en las fábricas e implicando a todas las áreas de la organización. También detalla cómo este enfoque se traslada al diseño de los electrodomésticos, con especial atención a la eficiencia, la durabilidad, la reparabilidad y la reducción del packaging.
- TEKA es una empresa con una larga trayectoria. ¿Qué os ha llevado a acelerar vuestra transformación en sostenibilidad en los últimos años?
- ¿Cómo han influido el nuevo marco normativo y las crecientes expectativas de los consumidores en este proceso?
- ¿Cuáles han sido los principales retos a la hora de integrar la sostenibilidad en una compañía “de toda la vida”?
- ¿Cómo habéis estructurado la gobernanza ESG en TEKA?
- ¿De qué manera la sostenibilidad está hoy integrada en la estrategia a largo plazo de la compañía?
- ¿Cómo habéis logrado implicar a las distintas áreas y equipos de la organización en esta transformación?
- En el ámbito industrial, ¿qué avances destacaría en vuestras fábricas en términos de energía limpia y reducción de la huella de carbono?
- ¿Cómo se está trasladando este enfoque de sostenibilidad al diseño de los electrodomésticos, especialmente en ecodiseño, reducción de packaging y mejora de la reparabilidad y durabilidad?
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TEKA es una empresa con una larga trayectoria. ¿Qué os ha llevado a acelerar vuestra transformación en sostenibilidad en los últimos años?
Teka es una marca que forma parte del grupo Midea, un gigante global con más de 190.000 empleados, con origen en China, que adquirió el grupo Teka en mayo de 2025.
Teka es una marca muy conocida porque ha estado en los hogares españoles y de todo el mundo desde los años 70. Aunque el grupo era de origen alemán, se estableció en Santander en los años 60, por eso tiene una relación muy estrecha con España. Además, fue patrocinador de la camiseta del Real Madrid, por lo que siempre ha sido una marca muy cercana a las personas.
El hecho de que sea una marca tan presente hace que como empresa tengamos que estar cerca de las expectativas del consumidor. No podemos negar que tenemos una responsabilidad directa porque producimos utilizando recursos naturales. Estamos ante una crisis climática sin precedentes, una degradación de los entornos naturales y una sobreexplotación de recursos. Por ello queremos estar cerca del consumidor, ser responsables con la gestión de los recursos naturales y ser más sostenibles.
Además, al formar parte del grupo Midea, el cumplimiento normativo ESG y todo lo que tiene que ver con la gestión de riesgos es muy importante. También es relevante que los clientes B2B, principalmente retailers y distribución, nos exigen cada vez más que ofrezcamos electrodomésticos más eficientes y sostenibles. Muchas veces es un requisito para estar en los lineales.
¿Cómo han influido el nuevo marco normativo y las crecientes expectativas de los consumidores en este proceso?
La sostenibilidad ya es una licencia para operar, no es algo voluntario, especialmente en los mercados europeos.
En el sector hemos vivido un auténtico tsunami normativo en los últimos años. Actualmente nos enfrentamos a más de 17 nuevas normas ESG europeas, especialmente medioambientales, que afectan a toda la cadena de valor. Además, en cada país se realiza una transposición distinta y existen normativas locales, lo que hace que el entorno sea complejo.
Aguas arriba tenemos normativas para la trazabilidad de materias primas, como REACH, CBAM o EUDR, y también normas relativas a la diligencia debida con proveedores en materia medioambiental y de derechos humanos, especialmente con la nueva CS3D.
Durante el proceso industrial, en fábrica, tenemos normativas respecto a eficiencia energética, consumo de agua, huella de carbono, protección de suelos y biodiversidad, así como gestión de recursos y residuos. En el marco del Pacto Verde Europeo aspiramos a una Unión Europea neutra en emisiones para 2050, lo que genera una presión industrial importante.
Aguas abajo, tenemos normativas relativas al producto final. Nuestros electrodomésticos deben respetar normas de envases y packaging, eficiencia energética, calidad, reparabilidad, reciclaje y gestión al final de la vida útil. Aquí entran normativas como el reglamento de ecodiseño, el pasaporte digital europeo o la nueva Directiva Right to Repair.
No solo en la parte ambiental, también en la social y de gobernanza: reporte, transparencia, prevención del greenwashing, leyes de diversidad, transparencia salarial y protección del trabajador.
Es cierto que en los últimos dos años hemos vivido cierta desaceleración y mayor incertidumbre, especialmente por el contexto internacional y los debates regulatorios, y Europa está intentando simplificar su paquete normativo con Omnibus. Pero la tendencia estructural sigue siendo clara.
En cuanto al consumidor, la petición es muy concreta: no quiere un discurso, quiere un electrodoméstico que le haga la vida más fácil. Eso significa eficiencia, que consuma menos energía y menos agua, que dure más, que se repare mejor y además a un precio competitivo. Como fabricantes tenemos que encontrar ese equilibrio entre inversión en sostenibilidad y competitividad.
¿Cuáles han sido los principales retos a la hora de integrar la sostenibilidad en una compañía “de toda la vida”?
Te diría que el reto es más cultural que técnico.
Llevo 11 años trabajando en sostenibilidad y he visto una evolución clara. Al principio era más orientada a la responsabilidad social corporativa y a la filantropía. Ahora hablamos de ESG con una visión mucho más holística, integrada, que responde directamente al negocio y a la gestión de riesgos.
Educar en esa visión y romper ciertos tabús a veces es complicado. Hay que explicar que no es greenwashing ni filantropía, que se puede ser rentable y sostenible a la vez.
Los consejos de administración buscan maximizar el beneficio, pero hay que explicar que la sostenibilidad es una inversión y una apuesta de futuro, y que la única manera de estar en el mercado a largo plazo es siendo sostenible.
En el caso de Teka, siendo una compañía con historia, tenemos fortalezas: know-how industrial, procedimientos, calidad excepcional y procesos internos. Pero hay que integrar la sostenibilidad en el día a día: crear KPIs, responsables del dato y que todos los departamentos lo incorporen a su trabajo.
No es tarea del departamento de sostenibilidad, es una nueva forma de hacer negocio. Requiere el apoyo de la alta dirección y que se capilarice en toda la organización: legal, recursos humanos, medio ambiente…
Además, tenemos plantas en ocho países y comercializamos en más de 120, por lo que debemos tener en cuenta legislaciones distintas y establecer estándares mínimos muy altos.
¿Cómo habéis estructurado la gobernanza ESG en TEKA?
Es fundamental porque a veces al hablar de ESG nos centramos solo en lo ambiental o en lo social. Pero la gobernanza es igual de importante, porque implica ética, transparencia y gestión de riesgos.
La gobernanza ESG supone una gestión real de la sostenibilidad y no una declaración de intenciones. Determina quién decide, bajo qué criterios, con qué datos y qué controles.
En Midea contamos con un comité ESG donde está la alta dirección, tanto corporativa como industrial, y nos reunimos cuatro veces al año. En ese comité se monitoriza la hoja de ruta, se establecen controles, se identifican riesgos y se comparten novedades regulatorias.
Además, existe un grupo de trabajo más operativo con expertos de los distintos departamentos según la temática (por ejemplo, ecodiseño o reporte no financiero). También contamos con políticas ambientales, de igualdad, de compliance y una matriz interna de aprobación para que decisiones relevantes pasen por un flujo de aprobación.
¿De qué manera la sostenibilidad está hoy integrada en la estrategia a largo plazo de la compañía?
En Midea Europa, ESG está dentro del departamento de Legal y Compliance. En muchas ocasiones depende de Comunicación o Marketing, lo que tiene sus beneficios, pero el hecho de estar en Legal y reportar a la directora global le otorga esa palanca y ese respaldo para implementar acciones y convertirlo en una prioridad real.
Además, el grupo Midea tiene compromisos públicos a largo plazo. Por ejemplo, el compromiso de neutralidad climática para 2060, con una hoja de ruta clara para los alcances 1, 2 y 3. Desde hace años, incluso antes de que fuera una obligación en determinados mercados, el grupo ya trabajaba en esta línea.
A nivel europeo contamos con un plan estratégico que se canaliza después a nivel local y en cada fábrica, con planes de acción concretos. Es decir, no se trata solo de una declaración, sino de una planificación estructurada que se aterriza en objetivos, indicadores y un seguimiento periódico.
¿Cómo habéis logrado implicar a las distintas áreas y equipos de la organización en esta transformación?
Desde el primer momento hemos contado con el apoyo de la alta dirección, que es fundamental. El grupo Midea se toma muy en serio la gestión de riesgos y he visto una especial sensibilidad a nivel departamental.
Ya se realizaban muchas acciones, pero no se identificaban como ESG. Las fábricas trabajaban en gestión del agua, huella de carbono, mejora de la reparabilidad, pero hacía falta mayor coordinación.
El tsunami regulatorio, aunque genera cierta presión, también ha sido una palanca para avanzar. Hoy tenemos implicados a todos los departamentos: a compras, solicitando a proveedores códigos de conducta; mejoras en packaging; créditos de carbono del acero; a I+D trabajando en ecodiseño; al área industrial reduciendo la huella de carbono y el consumo de agua; a recursos humanos desarrollando políticas de igualdad y diversidad.
En el ámbito industrial, ¿qué avances destacaría en vuestras fábricas en términos de energía limpia y reducción de la huella de carbono?
Un hito muy importante es que el 100% de la electricidad comprada en nuestras fábricas es de origen renovable gracias a garantías de origen.
Tenemos fábricas de la marca Teka en México, Portugal, España, Suecia, Italia, Turquía, Indonesia y China, y la mayoría cuenta con ISO 14001, que integra la gestión de riesgos climáticos.
En nuestro Estado de Información No Financiera hemos observado una reducción de casi un 50% en emisiones de alcance 1 y 2 respecto al año 2024.
Estamos trabajando en planes alineados con el Pacto Verde Europeo y el Acuerdo de París, con el objetivo de validar nuestras metas bajo estándares científicos. Además, estamos avanzando en alcance 3 con una hoja de ruta concreta para 2027.
¿Cómo se está trasladando este enfoque de sostenibilidad al diseño de los electrodomésticos, especialmente en ecodiseño, reducción de packaging y mejora de la reparabilidad y durabilidad?
Todas las mejoras corporativas son fundamentales, pero el consumidor quiere ver la sostenibilidad en el producto final. Quiere un electrodoméstico más duradero, más reparable, con menos consumo de energía y agua y con menos packaging.
Nuestro departamento de I+D y Calidad trabaja en el ecodiseño incorporando requisitos de eficiencia energética y de agua, menor consumo de materiales y selección de materiales no tóxicos y más respetuosos con el medio ambiente, con criterios de durabilidad, reparabilidad y reciclabilidad.
La etiqueta energética y el reglamento de ecodiseño permiten comprobarlo con total transparencia.
Estamos reduciendo la intensidad del packaging siguiendo el nuevo reglamento europeo de envases y embalajes (PPWR) y la normativa nacional. Además, la legislación europea en reparabilidad y durabilidad es muy estricta.
En España ofrecemos tres años de garantía y con la nueva Directiva Right to Repair podría ampliarse a cuatro si el consumidor opta por reparar. Disponemos de piezas originales hasta 10 años después de la fabricación.
La sostenibilidad no termina cuando vendemos el electrodoméstico. Acompañamos al usuario durante toda su vida útil con un servicio de calidad. Porque no hay electrodoméstico más sostenible que el que consume menos, dura más y se repara fácilmente.
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