La transición hacia la movilidad eléctrica plantea retos ambientales, energéticos y sociales que requieren la implicación directa del sector privado. En esta entrevista para Corresponsables, Bastien Verot, CEO de Electra en España, explica cómo la compañía contribuye a la descarbonización del transporte a través del despliegue de infraestructuras de recarga, la medición y reducción de su huella de carbono y una estrategia ESG integrada en toda la cadena de valor. A lo largo de la conversación, aborda también el papel de las empresas en la soberanía energética, la colaboración sectorial, la cultura interna de sostenibilidad y las prioridades que marcarán el impacto de Electra en los próximos años.
Electra nació con una misión muy clara. ¿Cómo definiría hoy el propósito de la compañía en el contexto de la transición hacia la movilidad eléctrica?
El propósito de Electra es muy sencillo y siempre ha sido el mismo: queremos que todo el mundo pueda pasarse al vehículo eléctrico. No hablamos únicamente de infraestructura de recarga, que es lo que hacemos en Electra, sino de descarbonizar el transporte de verdad. Este es un punto crítico en España. El transporte representa aproximadamente una de cada tres toneladas de CO₂ que emitimos como país, es decir, más del 30 %, y es el sector más contaminante.
Por eso, nuestra misión no es solo desplegar puntos de recarga por todo el país, sino contribuir directamente, como empresa, a resolver uno de los mayores desafíos climáticos que tenemos, tanto en Europa como en el mundo. Nos dirigimos no solo a los conductores más convencidos o a los entusiastas del coche eléctrico, sino a todos, especialmente a aquellos que todavía dudan a la hora de dar el paso. Queremos convencer a la gente de que la movilidad eléctrica no es un futuro lejano, sino algo que ya está ocurriendo. Lo vemos claramente en los países nórdicos, que ya han avanzado mucho en este camino, y ahora nos toca a nosotros.
De manera más general, te diría que la sostenibilidad no es algo añadido o decorativo. Está en el ADN de nuestro servicio y solo tiene sentido si contribuye realmente a la descarbonización. Tenemos que ser coherentes con nuestros valores, y si el vehículo eléctrico ayuda a ello, nosotros como empresa también debemos actuar en consecuencia. Por eso trabajamos en toda la cadena de valor: desde cómo compramos la energía renovable, cómo la obtenemos, cómo construimos nuestras estaciones de recarga, cómo operamos y cómo gestionamos esa energía. Todo tiene que estar alineado con el objetivo climático.
Además, hay otro aspecto igual de importante que me gustaría destacar, y es que la movilidad eléctrica también es un proyecto de país, con impactos a muchos niveles. Uno de los más críticos es la soberanía energética. En un contexto político tan volátil como el actual, seguir dependiendo de combustibles fósiles procedentes de países que no comparten nuestros valores democráticos supone un riesgo enorme. Es difícil entender que, en 2026, España siga importando petróleo de países como Venezuela o Arabia Saudí cuando somos el país del sol, del viento, rodeados de mar, con todos los recursos necesarios para ser energéticamente independientes.
Nuestro propósito como empresa va más allá de lo climático. Queremos ofrecer a los ciudadanos la posibilidad de moverse de forma eficiente en España con energía limpia, local y soberana. Ese es el futuro que estamos construyendo en Electra.
La descarbonización del transporte es un reto colectivo. ¿Qué papel cree que deben jugar empresas como Electra en ese cambio?
Creo que el papel de empresas como la nuestra es clave. Estamos en el centro del ecosistema y debemos actuar como catalizadores del cambio. No se trata solo de desplegar estaciones de recarga de forma rápida e intensiva, sino de eliminar todas las barreras que generan dudas entre los usuarios.
En Electra ponemos mucho cuidado en la experiencia de recarga: la facilidad de uso, la fiabilidad de los cargadores y la velocidad. Cuando una persona acude a un punto de recarga, necesita tener la certeza de que va a funcionar. Elevar estos estándares es fundamental para todo el sector. Porque la movilidad eléctrica es un proyecto colectivo, no individual. Por eso trabajamos con todo el ecosistema: empresas energéticas, fabricantes de vehículos, competidores, comunidades locales, proveedores, ayuntamientos y administraciones públicas. Entre todos estamos diseñando infraestructuras que sean resilientes, escalables y realmente sostenibles.
Intentamos liderar con el ejemplo. Por eso hemos creado alianzas como Charge League, que reúne a los principales operadores del continente; o AORU, una asociación que actúa en España para hacer un lobby constructivo que impulse la movilidad eléctrica en el país.
Un ejemplo de este posicionamiento fue un artículo elaborado junto a BCG en el que se alertaba de que los híbridos enchufables podían convertirse en una de las grandes trampas de la política europea de 2035, ya que no permiten alcanzar los objetivos reales de descarbonización. Nuestro objetivo no es solo crecer rápido como empresa, sino también que toda la industria avance en la misma dirección y que Electra pueda liderar ese camino.
¿Por qué decidieron medir y seguir su huella de carbono desde una fase tan temprana?
La huella de carbono es una métrica esencial porque, si no mides, no puedes mejorar. Desde el inicio entendimos que debía ser un objetivo colectivo de toda la empresa y que debíamos seguir año a año.
Electra se fundó en 2021 y desde principios de 2022 comenzamos a calcular nuestra huella de carbono, incluyendo los alcances 1, 2 y 3. Para ello hemos trabajado con expertos externos que nos han ayudado a estructurar este proceso. Seguimos un enfoque muy claro: medir, reducir y contribuir. Además, el hecho de haber levantado una financiación muy relevante, cerca de mil millones de euros en cuatro años, también influyó. Nuestros principales inversores, como PGGM o Eurazeo, son fondos con una clara vocación verde y nos exigían coherencia y liderazgo en este ámbito.
Actualmente estamos preparando nuestros objetivos alineados con la Science Based Targets Initiative y con el Acuerdo de París. Un hito muy relevante es que, desde 2024, evitamos más emisiones de las que generamos. En 2025 hemos evitado cerca de 80.000 toneladas de CO₂ y hemos facilitado más de 700 millones de kilómetros eléctricos en toda Europa.
Además, contamos con la certificación EcoVadis en nivel bronce, lo que nos sitúa en el top 35 % de las empresas evaluadas. Nuestro objetivo es seguir avanzando y trabajar en 2026 con estándares como Climate Essentials para seguir reforzando la trazabilidad y la transparencia de nuestros cálculos.
El compromiso ambiental también implica involucrar a los equipos. ¿Cómo trabajan para que la sostenibilidad forme parte de la cultura interna?
La sostenibilidad tiene que ser un valor compartido por toda la organización. Muchos de nuestros empleados pertenecen a una generación que quiere tener un impacto positivo en el mundo, y Electra conecta con ese propósito.
Como empresa, debemos asegurarnos de que este ADN se mantenga y se traduzca en el día a día. Contamos con un equipo ESG y un sólido sistema de gobernanza. La responsable de Recursos Humanos actúa como representante del área ESG, reporta directamente al CEO y también a los inversores en el consejo de administración, lo que refuerza la importancia de esta función.
Además, desde el primer día todos los empleados conocen nuestro código de conducta y nuestras políticas, para entender qué representa Electra y cómo se contribuye a los objetivos de sostenibilidad. También fomentamos la formación continua, y hemos creado plataformas internas para que todos los empleados tengan acceso a información sobre clima, economía circular y electricidad, incluso más allá de su rol específico. El reto es escalar rápidamente sin perder esta cultura, y somos muy conscientes de ese riesgo.
En el ámbito social, ¿qué elementos considera clave para construir un entorno de trabajo atractivo y responsable en una empresa en rápido crecimiento?
Una empresa en rápido crecimiento debe equilibrar ambición y sostenibilidad humana. No se puede sacrificar una por la otra. Esto no es filantropía, tiene sentido empresarial. Un equipo sano, diverso y bien formado rinde mejor.
El primer pilar es la salud y la seguridad. Aunque no estemos permanentemente en obra, trabajamos con infraestructuras y debemos tener tolerancia cero con los accidentes. El segundo es la diversidad y la inclusión: actualmente, el 32 % de la plantilla global de Electra son mujeres, y sabemos que debemos mejorar. En España hemos alcanzado la paridad, con un 50 %, algo de lo que me siento especialmente orgulloso.
Un tercer pilar sería el del bienestar. Nuestro ritmo es exigente y debemos poner límites claros: respetar horarios, evitar el trabajo en fines de semana y garantizar la desconexión. Todo ello es clave para cuidar a los equipos. Y finalmente el desarrollo profesional. Apostamos por la formación continua, empezando por los managers, que son los primeros transmisores de estos valores, para después extenderlo a toda la organización.
La cadena de suministro es uno de los grandes desafíos ESG. ¿Cómo abordan la sostenibilidad más allá de sus propias operaciones?
La cadena de suministro representa cerca del 80 % de nuestro impacto, por lo que es un aspecto crítico. Desde el inicio decidimos integrar la sostenibilidad en la selección de proveedores.
Contamos con un código de compras responsable que forma parte de todos nuestros contratos y que cubre derechos humanos, condiciones laborales, medioambiente y anticorrupción. No es opcional. Además, exigimos auditorías rigurosas. Nuestros principales proveedores de cargadores, ubicados en China e Italia, han sido auditados por terceros en 2024 para garantizar que cumplen con los estándares europeos.
El transporte de los cargadores también tiene un impacto relevante en emisiones. Estamos trabajando especialmente con proveedores europeos para reducir este impacto y ya hemos conseguido disminuirlo en un 73 % en algunos casos. Nuestro reto es seguir creciendo sin bajar el nivel de exigencia, también con nuevos proveedores. No es negociable.
Para cerrar, mirando al futuro: ¿qué le gustaría que se dijera de Electra dentro de unos años en términos de impacto y responsabilidad empresarial?
Me gustaría que se recordara que Electra ha sido y sigue siendo un actor que acelera de verdad la transición hacia la movilidad eléctrica, habilitando una movilidad baja en carbono a gran escala y cuidando siempre la experiencia del usuario.
También que lo hacemos con responsabilidad, de forma medible y transparente, en aspectos climáticos, de gobernanza y sociales, y que lideramos el camino para todo el sector.
Y, por último, me gustaría que se recordara el impacto en las personas. Que quienes hayan trabajado en Electra se lleven consigo conocimientos y valores sobre la transición ecológica que puedan aplicar en cualquier ámbito de su vida o carrera profesional. Transmitir estos valores es, para mí, una parte esencial del legado de Electra.
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