AGCO Corporation marca la hoja de ruta ESG a nivel global. ¿Cómo se articula esa estrategia corporativa en marcas como PTX y qué margen de adaptación tenéis a nivel local?
La estrategia ESG se define a nivel global dentro de AGCO, que es quien marca la dirección en términos de sostenibilidad, gobernanza y objetivos ambientales para todo el grupo. A partir de ahí, las distintas marcas y unidades de negocio, como PTx, trabajamos alineadas con esa hoja de ruta.
- AGCO Corporation marca la hoja de ruta ESG a nivel global. ¿Cómo se articula esa estrategia corporativa en marcas como PTX y qué margen de adaptación tenéis a nivel local?
- En el ámbito tecnológico y de maquinaria agrícola, ¿cuáles diríais que son vuestras principales iniciativas en descarbonización y eficiencia energética, y qué papel juega la electrificación —como el tractor 100% eléctrico— dentro de esa estrategia?
- Comentábais que la evaluación ESG se realiza a lo largo de toda la cadena de suministro. ¿Cómo trabajáis la trazabilidad y qué exigencias estáis incorporando a proveedores y partners?
- Vuestras soluciones buscan no solo productividad, sino también eficiencia en fertilización, protección de cultivos y optimización de recursos. ¿Cómo medís el impacto real de estas tecnologías en términos de sostenibilidad y reducción de emisiones para vuestros clientes?
- De cara a 2026-2027, ¿cuáles diríais que son los principales retos del sector tecnológico en infraestructura y gestión de activos en materia ESG? ¿Regulación, presión de mercado, inversión en innovación, transformación cultural…?
En nuestro caso, el foco está muy ligado a la innovación tecnológica y a cómo esa tecnología ayuda al agricultor a producir de forma más eficiente. Si tendría que explicar de forma cercana a un agrucultor cual/es el porqué de PTx, lo definiría que nace precisamente con la misión de: integrar agricultura de precisión, digitalización y automatización para ayudar a los agricultores y productores de alimentos a mejorar la toma de decisiones en el campo para producir más con menos (siempre en base a eficiencia) sin importar el color or marca de su maquinaria, desde PTx podemos ayudarlos.
A nivel local sí tenemos margen para adaptar la estrategia al contexto agrícola de cada región. No es lo mismo hablar de agricultura en España, con realidades la topografía y los desafíos que enfrentamos en base al agua, que en otras partes del mundo. Por eso tratamos de aplicar ese marco global aterrizándolo a los retos reales que tienen los agricultores aquí.
En el ámbito tecnológico y de maquinaria agrícola, ¿cuáles diríais que son vuestras principales iniciativas en descarbonización y eficiencia energética, y qué papel juega la electrificación —como el tractor 100% eléctrico— dentro de esa estrategia?
En el grupo AGCO hay varias líneas de trabajo que convergen en el mismo objetivo: ayudar a producir alimentos utilizando menos recursos y con menor impacto ambiental.
Por un lado está la propia descarbonización de nuestras operaciones industriales. El grupo se ha marcado objetivos bastante ambiciosos, como reducir las emisiones operativas (Scope 1 y 2) en torno a un 55% en la próxima década y avanzar hacia reducciones cercanas al 90% a largo plazo. Parte de ese trabajo ya se está viendo en nuestras plantas de producción, donde una parte importante de la electricidad utilizada ya proviene de fuentes renovables.
En paralelo, también hay mucho foco en el desarrollo de tecnologías más eficientes desde el punto de vista energético. Un ejemplo visible es la electrificación. El tractor de la marca Fendt e100 Vario, por ejemplo, es un modelo completamente eléctrico pensado para determinados cultivos especializados como viñedo o frutales. Si se carga con energía renovable puede trabajar sin emisiones directas, y a lo largo de su vida útil puede reducir de forma significativa la huella de carbono frente a un tractor convencional.
Pero muchas veces el mayor impacto no viene solo del tipo de motor, sino de cómo se trabaja en el campo. Ahí es donde entran tecnologías de agricultura de precisión como las que desarrollamos en PTx. Con autoguiado, control de secciones o aplicación variable se reducen solapamientos, se optimiza el uso de fertilizantes y fitosanitarios y se disminuye el consumo de combustible.
Cuando multiplicas pequeñas mejoras operativas por miles de hectáreas, el impacto ambiental y económico es realmente significativo.
Comentábais que la evaluación ESG se realiza a lo largo de toda la cadena de suministro. ¿Cómo trabajáis la trazabilidad y qué exigencias estáis incorporando a proveedores y partners?
Hoy en día la sostenibilidad no se puede analizar solo dentro de la empresa, sino a lo largo de toda la cadena de valor.
A nivel de grupo existe un marco claro de evaluación ESG para proveedores, con estándares que incluyen aspectos ambientales, sociales y de gobernanza. Cada vez se trabaja más en transparencia y trazabilidad para entender no solo qué se produce, sino cómo se produce.
En paralelo, la digitalización del sector agrícola también juega un papel importante. La agricultura digital permite registrar datos de las operaciones en campo, desde la siembra hasta la aplicación de insumos. Eso genera trazabilidad y permite demostrar con datos el impacto real de las prácticas agrícolas.
Hace unos años el sector agro comunicaba muy poco lo que hacía. Hoy estamos avanzando hacia un modelo mucho más transparente, donde se puede explicar y medir cómo se producen los alimentos. Hoy el fin no justifica los medios y por eso es que desde PTx podemos tener trazabilidad de todas y cada acción que tengamos en la parcela de un agricultor.
Vuestras soluciones buscan no solo productividad, sino también eficiencia en fertilización, protección de cultivos y optimización de recursos. ¿Cómo medís el impacto real de estas tecnologías en términos de sostenibilidad y reducción de emisiones para vuestros clientes?
Uno de los grandes cambios que estamos viendo en el sector es que hoy podemos medir cosas que antes eran muy difíciles de cuantificar.
La combinación de agricultura digital y agricultura de precisión permite registrar datos de campo en tiempo real. Con esa información se puede analizar cómo se aplican fertilizantes, fitosanitarios o semillas, y evaluar el impacto en términos de eficiencia y sostenibilidad.
Por ejemplo, con sistemas de aplicación variable o control por secciones se pueden evitar solapamientos y ajustar las dosis a las necesidades reales del cultivo. Eso reduce el uso de insumos, disminuye el riesgo de lixiviación o deriva en aplicaciones y optimiza todos los recursos que ingresan en el delicado sistema de producción agropecuaria.
Al final hay una idea bastante simple detrás de todo esto: ser más eficiente también es ser más sostenible. Y la tecnología nos permite demostrarlo con datos.
De cara a 2026-2027, ¿cuáles diríais que son los principales retos del sector tecnológico en infraestructura y gestión de activos en materia ESG? ¿Regulación, presión de mercado, inversión en innovación, transformación cultural…?
Diría que hay tres grandes retos.
El primero es regulatorio. En Europa estamos viendo cada vez más exigencias en materia ambiental, y eso obliga al sector agrícola a adaptarse rápidamente a nuevas normativas relacionadas con el uso de insumos, emisiones o gestión del suelo.
El segundo tiene que ver con la adopción tecnológica. Muchas de las soluciones que permiten mejorar la sostenibilidad ya existen, pero todavía queda trabajo para que lleguen de forma accesible a más agricultores y/o que esten regularizadas.
Y el tercero es cultural. Durante muchos años el sector agro no comunicó suficientemente bien lo que hacía. Hoy estamos en un momento donde la transparencia y la trazabilidad son claves, y donde la digitalización está permitiendo demostrar con datos cómo se producen los alimentos.
Creo que en los próximos diez o quince años la agricultura digital y de precisión dejará de verse como algo aparte. Simplemente será la forma en la que se hace agricultura.
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