La industria cafetalera tradicional se enfrenta a un enorme desafío ambiental: el procesamiento de un solo kilo de café consume entre 40 y 60 litros de agua y genera «aguas mieles» altamente contaminantes. Para revertir esta situación, un innovador proyecto ejecutado en la Reserva de Biósfera Oxapampa-Asháninka-Yánesha ha implementado un exitoso modelo de economía circular y café con proceso natural y Honey, logrando reducir a cero el consumo de agua en su beneficio y transformando el 100% de sus residuos en nuevas fuentes de ingresos.
Este hito ha sido impulsado por el proyecto implementado por Descocentro y la Fundación Finnova, en el marco del programa AL-INVEST Verde, con el apoyo financiero de la Unión Europea, trabajando directamente con cooperativas productoras y familias cafetaleras en los distritos de Villa Rica, Oxapampa y Chontabamba.
«El cambio de paradigma es total. Además de lograr producir un café de especialidad superior al procesar la cereza entera al sol, hemos transformado lo que antes se consideraba residuos en recursos invaluables. Hoy, la cascara y la pulpa del café sirve para producir harina nutritiva, bebidas energizantes, mermeladas, infusiones, snacks y compost mejorado, que mitiga el cambio climático», comentó Hugo Fredy Tueros Zevallos, especialista técnico del proyecto y experto en procesos sostenibles de descocentro.
De pasivo ambiental a rentabilidad sostenible
Como parte de los resultados del proyecto que culmina en mayo, las fincas han implementado tecnologías accesibles basadas en la naturaleza. Destaca la instalación de los llamados filtros vivos de pasto vetiver, capaces de purificar hasta un 97% de las aguas residuales agrícolas, y el uso de la cascarilla del café para fabricar briquetas que reducen el uso de leña.
Como parte de los resultados del proyecto que culmina en mayo, las fincas han implementado tecnologías accesibles basadas en la naturaleza. Destaca la instalación de filtros vivos de pasto vetiver, capaces de depurar hasta un 97 % de las aguas residuales agrícolas y devolverlas al sistema como recurso útil. Este enfoque circular no solo reduce la contaminación hídrica, sino que convierte los efluentes en insumos para la regeneración de suelos y la resiliencia de los ecosistemas, marcando un avance hacia una caficultura más sostenible.
Además de los beneficios medioambientales (que impactan directamente en los ODS 6, 12 y 13), el proceso natural y Honey otorga al café características únicas muy valoradas en la alta gastronomía como mayor dulzor, cuerpo pronunciado y notas frutales intensas, permitiendo a los productores acceder a mercados premium con mejores precios. El proyecto también ha destacado por su enfoque en la equidad de género, impulsando a cooperativas lideradas exclusivamente por mujeres, como CEMCAVIR “Cooperativa Agraria Ecológica de Mujeres Cafetaleras Villa Rica”, quienes ya exportan su producción bajo estos altos estándares ecológicos.
Este modelo productivo demuestra que la sostenibilidad y la rentabilidad pueden ir de la mano, posicionando a la selva central del Perú como un referente internacional en agricultura climáticamente inteligente y economía circular.
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