A medida que evolucionan las expectativas globales sobre ASG y se suman desafíos cada vez más complejos, vemos que la Sostenibilidad ha dejado de ser una opción y ha pasado a ser esencial para la resiliencia, la competitividad y el éxito a largo plazo de las empresas.
Cuando las empresas asumen un rol activo hacia un modelo económico más responsable y logran situar en el centro de su estrategia de negocio estos tres aspectos: la integridad, el bienestar de las personas y el respeto por los límites planetarios, siempre vinculados a su “materialidad”, inmediatamente deja de ser un costo y se transforma en una inversión inteligente que asegura la viabilidad de largo plazo.
En ese sentido, contar con procesos de reportabilidad basados en estándares y métricas universalmente aceptados, es una ventaja para que las empresas transparenten sus prácticas y desempeño en temas de Sostenibilidad, constituyendo además un aporte significativo para la toma de decisiones de inversión y financiamiento, generando confianza en el mercado y público en general.
Podríamos decir que entramos en la era de contabilidad ASG impulsado fuertemente por dos aspectos: la regulación local e internacional y por el mayor uso y comprensión por parte del sector financiero. En Chile se observa claramente a través de los esfuerzos de la Comisión para el Mercado Financiero y el ejercicio de reportes bajo la NCG 461, actualizada por la NCG 519, por la Clasificación de Actividades Económicas Medioambientalmente Sostenibles (MAS) del Ministerio de Hacienda y desde el punto de vista de la ambición climática por la actualización 2025 de la NDC y la implementación de la Ley Marco de Cambio Climático.
Esta nueva era ASG, si bien constituye un desafío adaptarse a estándares más rigurosos, también es un llamado a la acción para avanzar de manera mucho más rápida para acompañar el ritmo y la magnitud que nos exige el futuro.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Desarrollo empresarial sostenible en Chile