La violencia de género continúa siendo una de las principales crisis sociales en España. Aunque habitualmente se asocia con la agresión física o psicológica, existe otra forma mucho menos visible pero igualmente estructural: la violencia económica, que a menudo causa un daño más profundo y prolongado, ya que sus efectos pueden perdurar en el tiempo y limitar gravemente la autonomía de las mujeres.
Según los resultados de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024, publicada por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, la violencia económica ejercida por la pareja o expareja (VVEE) se sitúa en un 11,7% , una cifra que se mantiene prácticamente inalterada frente al 11,5% registrado en 2019. Lo que refleja que la violencia económica persiste como una realidad estructural que no disminuye a pesar de los avances normativos.
La encuesta analiza los principales cambios en la forma de medir la violencia económica, como la inclusión del impago de pensiones alimenticias como una forma explícita de este tipo de violencia. Al contemplar este indicador, la tasa de prevalencia asciende de forma alarmante hasta el 13,5%. Además, los datos revelan un factor de riesgo crítico: las mujeres cuya pareja toma todas las decisiones financieras tienen 5 veces más riesgo de sufrir violencia económica que aquellas que deciden en común.
Los últimos datos permiten identificar patrones de vulnerabilidad específicos. Se observa una mayor incidencia en mujeres migrantes, así como en aquellas con bajos recursos económicos y cargas familiares (hijos e hijas a cargo). Este es, precisamente, el perfil de las mujeres que a menudo enfrentan mayores barreras para romper el ciclo de abuso debido a la falta de redes de apoyo y la precariedad laboral.
Esta forma de abuso implica el control, la limitación o el sabotaje de los recursos financieros de la víctima. Según Lucía Medina, directora de la Fundación Nantik Lum: ‘La violencia económica es silenciosa y fácil de ocultar, en ocasiones, pasa desapercibida incluso para la propia víctima. No deja señales externas, pero condiciona la libertad y refuerza la dependencia dentro de la relación’.
El control como herramienta
Detrás de las estadísticas hay historias de vida que reflejan un patrón de control sistemático. Una participante anónima del programa de la Fundación Nantik Lum relata cómo, durante 23 años, fue víctima de este abuso sin identificarlo: ‘Siempre me pregunté por qué, a pesar de tener buenos ingresos, nunca lograba ahorrar. Yo asumía todos los gastos del hogar mientras mi expareja destinaba su dinero a otros fines. Si yo producía, él lo tomaba o me hacía sentir culpable’.
El sabotaje laboral es otra táctica recurrente. La misma mujer explica cómo cerró su exitoso negocio para acompañar a su pareja en su carrera pública, solo para encontrarse aislada: ‘Me pidió que no trabajara en lo mío porque estaba mal visto en su entorno. Sin darme cuenta, mi autonomía económica estaba destruida’.
La violencia a menudo se recrudece tras la separación. Otra participante, Promotora de Igualdad, describe el ‘miedo y desesperación’ que sintió cuando su expareja dejó de pagar la manutención de su hijo: ‘Al no estar casados, me vi viviendo en una casa compartida porque no podía pagar un apartamento. Me sentí anulada e impotente’.
La invisibilidad de las deudas
La violencia económica puede extenderse décadas. Un testimonio revela cómo una deuda bancaria de una expareja fallecida terminó convirtiéndose en una carga de 20.000 euros tras 11 años de intereses acumulados. Gracias a la formación técnica, la mujer pudo entender opciones legales como la aceptación de herencia a beneficio de inventario para proteger a su hijo.
Incluso gestos cotidianos se convierten en prisiones. Una mujer de 63 años relata que dejó de quedar con sus amigas porque no podía pagar ni un café y se sentía avergonzada. ‘La independencia económica, por pequeña que sea, es la base de la libertad personal’, afirma tras comprender que su trabajo doméstico y docente había sido sistemáticamente menospreciado durante años.
La formación financiera como vía de prevención e independencia
Ante esta realidad, la Fundación Nantik Lum desarrolla, desde el año 2023, su Programa de Prevención y Sensibilización de las Violencias Económicas, una iniciativa pionera financiada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 y el Ministerio de Igualdad, que ha logrado extender su impacto a casi todo el territorio nacional.
Este programa presenta indicadores de éxito notables, destacando una satisfacción sobresaliente de los usuarios que califican la formación con un 4,8 sobre 5, lo que se complementa con un 97% de profesionales que afirma que los conocimientos adquiridos son directamente aplicables en su intervención diaria. Además, la sostenibilidad de la intervención es muy elevada, ya que el 86% de los aprendizajes se mantienen a largo plazo en las entidades participantes, permitiendo que las herramientas para identificar señales de alerta y acompañar a las mujeres sean permanentes.
Gracias a esta formación técnica y humana, más de 130 entidades han mejorado sus capacidades para la detección y el acompañamiento de mujeres en riesgo de sufrir este tipo de violencia. En este programa, las mujeres se empoderan mediante la toma de conciencia de la importancia de la gestión y participación activa en las finanzas personales y familiares, así como el aprendizaje de herramientas claves como la planificación financiera, la gestión de deudas y los derechos económicos. De esta manera, les permite prevenir posibles situaciones de violencia y transformar la culpa en una comprensión clara del abuso, recuperando su autonomía frente a controles como el sabotaje laboral o el endeudamiento abusivo. Las víctimas subrayan la importancia de educar financieramente desde las escuelas y visibilizar el valor del trabajo del hogar, instando a buscar ayuda institucional para acceder a recursos profesionales que orienten en la defensa de sus derechos.
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