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En 2025, la Comisión Europea aprobó un conjunto de regulaciones clave destinadas a reforzar la trazabilidad, la Sostenibilidad y la transparencia en la cadena alimentaria.
Entre las más relevantes para el sector agroalimentario español se encuentran el Reglamento (UE) 2025/973, que establece las sustancias autorizadas en la producción ecológica, y el Reglamento (UE) 2025/351, relativo al uso de plásticos en contacto con alimentos. A este marco normativo se suman el Reglamento de Ejecución (UE) 2025/854, que define el programa de control de residuos de plaguicidas para el periodo 2026-2028, y el Reglamento (UE) 2025/2473, que actualiza los límites máximos de residuos de plaguicidas en alimentos.
En el ámbito nacional, destaca la entrada en vigor de la Ley 1/2025, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que introduce nuevas obligaciones para los operadores de la cadena agroalimentaria.
En este contexto regulatorio, TÜV Rheinland ha ampliado su catálogo de servicios de certificación dirigidos al sector agroalimentario con el fin de facilitar el cumplimiento de estas exigencias. Esta ampliación se ha visto reforzada tras la adquisición de SYGMA Certification a principios de 2025, una entidad de certificación acreditada con más de 25 años de trayectoria y pionera en España en la certificación de Buenas Prácticas Agrícolas y otros esquemas vinculados a la seguridad alimentaria.
Entre las certificaciones disponibles destacan Global G.A.P., ISO 22000 y FSSC 22000, orientadas a la implantación de buenas prácticas agrícolas y a una gestión estructurada de la seguridad alimentaria conforme a los estándares exigidos por la normativa vigente.
Certificaciones como ventaja competitiva y transformación empresarial
Existen otras certificaciones que complementan las ya mencionadas con verificaciones de Sostenibilidad, como la huella de carbono y la huella hídrica, proporcionando a las empresas herramientas para mejorar su impacto ambiental.
Desde TÜV Rheinland insisten en que la adopción de estas certificaciones no debe verse como un proceso burocrático, sino como una oportunidad estratégica para transformar las empresas hacia modelos de negocio más centrados en la confianza, la calidad y la sostenibilidad. Estas certificaciones no solo ofrecen una ventaja competitiva, sino que también sirven como un respaldo de confianza y credibilidad para los consumidores, reforzando así la posición de las empresas en el mercado nacional e internacional.
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