“Nos han devuelto el tiempo. Antes teníamos que traer el agua en garrafas, cargadas al hombro durante varios kilómetros. Eso demandaba muchísimas horas; ahora solo abro la llave y tengo agua”. Victoria Mora, de la parroquia El Tingo-La Esperanza, en Ecuador, es una de tantas mujeres a las que la falta de acceso al agua ha condicionado parte de sus vidas.
Durante años, acceder al agua en muchas comunidades rurales del país ha significado recorrer largas distancias y dedicar horas diarias a esta tarea, una responsabilidad que recae principalmente en las mujeres. En Ecuador, 3,8 millones de personas —tres de cada diez— aún carecen de acceso a agua potable y el 28,3% la consume en condiciones no aptas, según datos oficiales.
En el marco del Día Mundial del Agua, que se conmemora el 22 de marzo, esta realidad pone de relieve los retos pendientes en el país, pero también los avances que se están logrando gracias a iniciativas de gestión comunitaria que buscan garantizar el acceso a este derecho fundamental. Entre ellas se encuentran los proyectos impulsados por Farmamundi y el Centro Andino de Acción Popular (CAAP), que en los últimos cuatro años han promovido sistemas de agua potable y procesos de organización comunitaria en varias zonas rurales del país.
“En conjunto, estas iniciativas han permitido mejorar el acceso al agua y promover estrategias de salud y cuidado del medio ambiente para 13.346 personas en las provincias de Cotopaxi e Imbabura”, explica el responsable de Farmamundi en Ecuador, Jorge Irazola.
Andar cinco kilómetros para conseguir agua
En las zonas rurales, donde la pobreza alcanza el 43%, alrededor del 60% de la población no tiene acceso a agua potable. Para muchas familias, obtener agua implica recorrer kilómetros por senderos empolvados y cargar bidones durante horas, esta tarea diaria que recae principalmente en las mujeres.
Así lo detalla la directora del CAAP, Lama Al Ibrahim en referencia a varios estudios realizados sobre mujeres rurales en Ecuador: “El 11,3 % de las mujeres en zonas rurales debe recorrer al menos cinco kilómetros para conseguir este recurso y, de las 34 horas semanales que destinan al trabajo no remunerado del hogar, al menos 18 horas se dedican a acarrear agua”.
Ese es el caso de Lucía Cepeda, vecina del recinto Recta de Vélez: “La jornada de las mujeres nunca termina, solemos empezar a las 05:00. El agua la traíamos en garrafas de dos o cuatro litros. También sabíamos coger el agua de la lluvia…”.
Ellas gestionan el agua y recuperan su tiempo
Uno de los avances más relevantes de estos proyectos ha sido el fortalecimiento del liderazgo de las mujeres en la gestión comunitaria del agua. Aunque históricamente han sido las principales responsables de garantizar el agua para sus familias, su participación en los espacios formales de decisión era limitada.
A través del trabajo con las comunidades, las Juntas Administradoras de Agua Potable (JAAP) han incorporado la paridad de género en sus estatutos y actualmente al menos dos mujeres forman parte de sus directivas. “Cuando empecé a formar parte, no quería ser alguien que solamente firmara. Impulsaba los proyectos que se iban dando en beneficio del recinto y para mí es un orgullo estar en la directiva”, cuenta Gulbert Villacres, integrante de la JAAP del recinto San Vicente de Puembo.
El acceso al agua también ha tenido otro impacto directo en la vida cotidiana de las mujeres. La instalación de los sistemas ha permitido reducir entre dos y tres horas diarias el tiempo que dedicaban a acarrear, purificar y almacenar el agua. “Las mujeres en esta zona ya tenemos agua en casa, por lo tanto, vamos a tener más tiempo para nosotras, para leer, para socializar con la comunidad e incluso para producir económicamente”, señala Blanca, del recinto Recta de Vélez.
Actualmente Farmamundi y el CAAP se encuentran inmersos en la construcción de un nuevo sistema de agua potable en la parroquia de Quiroga, en el cantón Cotacachi, de la provincia de Imbabura donde la mayoría de la población es indígena rural. “El objetivo es impulsar una gestión comunitaria del agua que reconozca la diversidad cultural y promueva la participación efectiva de las mujeres en igualdad de condiciones, desde las consultas previas hasta la implementación y la administración del sistema”, concluye Irazola.
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