Cuando a la mayoría de nosotros nos habla de cáncer, tendemos a pensar simplemente en masas de células que crecen descontroladamente. Tendemos a pensar en esas células como la causa última del tumor y, por tanto, que las terapias tienen que dirigirse exclusivamente a destruir a estas células.
Pero a lo largo de los últimos años, la investigación está demostrando que el cáncer es muchísimo más complejo que todo esto. Mucho más que se multiplican descontroladamente.
Hoy en día, por ejemplo, está más que demostrado que todo el ambiente que rodea a las células tumorales tiene muchísima importancia en el establecimiento de los tumores, e incluso del desarrollo de las metástasis. Esto incluye toda la arquitectura de los tejidos, las células de alrededor, incluso el estado de los vasos sanguíneos.
El sistema inmunitario, a muchos niveles (el estado de las células que normalmente tendrían que atacar al tumor, la distribución de los componentes de nuestras defensas, …) también puede influir muchísimo en la aparición, desarrollo y diseminación de los tumores.
Incluso elementos que podrían parecernos muy peregrinos, como la composición de la microbiota de nuestro intestino, puede influir de manera muy importante en cómo aparecen determinados tumores o cómo respondemos a las terapias.
Todo este conocimiento permite que en la actualidad se estén desarrollando tratamientos mucho más dirigidos que atacan elementos clave en el desarrollo del tumor que no son los clásicos fármacos que destruyen a las células que se multiplican mucho, como podrían ser las distintas quimioterapias.
Esto nos hace avanzar hacia terapias más precisas, más adaptadas a las circunstancias de cada persona y su enfermedad, más efectivas y más seguras.
Y esto nos lleva a un campo que durante los últimos años está cobrando una importancia central en cómo comprendemos y tratamos el cáncer.
Se trata del metabolismo, la manera en que las células obtienen y utilizan la energía y los nutrientes. Comprender cómo las células tumorales reprograman su metabolismo a lo largo del tiempo para crecer, resistir y diseminarse e incluso hacerse más resistentes a los tratamientos está permitiendo identificar nuevos puntos débiles en diferentes tipos de cáncer y desarrollar estrategias terapéuticas mucho más precisas, capaces de actuar sobre procesos esenciales para el tumor y no solo sobre su capacidad de multiplicarse.
Para ilustrar cómo este nuevo enfoque puede traducirse en oportunidades para los pacientes, a continuación, mostramos ejemplos de proyectos impulsados desde CRIS Contra el Cáncer, y de cómo abordan distintas caras del metabolismo: desde su papel en el origen del tumor hasta su influencia en la metástasis o en el deterioro físico de los pacientes.
Proyecto CRIS de Cáncer de Hígado: Las causas metabólicas del cáncer
Cada vez existe más evidencia de que las alteraciones metabólicas están estrechamente relacionadas con el desarrollo de determinados tipos de cáncer, entre ellos el cáncer de hígado. El carcinoma hepatocelular, la forma más frecuente de este tumor, representa hoy una de las principales causas de mortalidad por cáncer en todo el mundo. En los últimos años, la investigación ha revelado una conexión cada vez más clara entre este tumor y la obesidad, una enfermedad metabólica en constante aumento a nivel global. Más allá del exceso de grasa, la obesidad provoca profundos cambios en el metabolismo del organismo que afectan a distintos tejidos, incluido el hígado, y que pueden favorecer la aparición del cáncer.
Durante la obesidad, el tejido adiposo deja de ser un simple almacén de energía y se convierte en un órgano que libera señales capaces de alterar el funcionamiento normal de las células hepáticas. Estas señales pueden modificar la forma en que las células del hígado gestionan los nutrientes y la energía, creando un entorno favorable para el desarrollo tumoral. El problema es que el cáncer de hígado suele diagnosticarse en fases muy avanzadas, cuando las opciones terapéuticas son limitadas, y actualmente no disponemos de herramientas eficaces para identificar de forma temprana a las personas con mayor riesgo ni de tratamientos realmente efectivos. Por ello, comprender cómo los cambios metabólicos asociados a la obesidad transforman las células del hígado es una prioridad médica y científica.
Con este objetivo, la doctora Guadalupe Sabio lidera un proyecto innovador centrado en estudiar las señales metabólicas que emite el tejido graso y que podrían estar en el origen del carcinoma hepatocelular. En particular, su investigación se focaliza en un grupo de moléculas poco exploradas hasta ahora: las microproteínas, pequeñas proteínas que podrían actuar como mediadoras clave entre la obesidad, el metabolismo alterado y el desarrollo del cáncer de hígado.
El potencial de este proyecto es doble. Por un lado, permitirá identificar biomarcadores metabólicos, es decir, señales moleculares que ayuden a predecir de forma temprana qué personas tienen más riesgo de desarrollar cáncer de hígado. Por otro, abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas basadas en modular estas señales metabólicas, avanzando hacia una medicina más preventiva y personalizada. Comprender y actuar sobre el metabolismo podría suponer un cambio radical en la detección y el tratamiento del cáncer de hígado, con un impacto directo en la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes.
Proyecto CRIS de Metástasis en Melanoma: Metabolismo y diseminación del cáncer
Más allá de su papel como posible iniciador del cáncer, otro de los aspectos en los que el metabolismo parece ser clave es la metástasis, proceso en el que las células tumorales se diseminan por el organismo y comienzan a crecer en tejidos y órganos distantes del lugar en el que se originaron. La metástasis representa uno de los grandes retos de la investigación actual, al ser responsable de la mayoría de las muertes por cáncer en la actualidad. Por ello, es preciso comprender cómo se inicia, qué factores la promueven y sobre todo buscar estrategias para frenarla.

Aún quedan muchas preguntas abiertas. Entre los millones de células que componen un tumor, solo unas pocas logran escapar y colonizar otros órganos. ¿Qué las hace diferentes? ¿Cómo consiguen sobrevivir a un viaje tan hostil, adaptarse a nuevos tejidos y volver a crecer? Cada vez más estudios apuntan a que la clave de esta capacidad extraordinaria podría residir en cómo las células tumorales gestionan la energía y los nutrientes, es decir, en su metabolismo. La capacidad de ajustar su consumo energético y adaptarse a entornos diferentes parece ser fundamental para el desarrollo de la metástasis.
Con esta premisa, el equipo del doctor Eduardo Balsa ha puesto en marcha un proyecto ambicioso y original centrado en estudiar el metabolismo de las células del melanoma en distintos momentos del proceso metastásico: cuando aún se encuentran en el tumor inicial y cuando ya están circulando por la sangre. Mediante técnicas de última generación, los investigadores son capaces de analizar el metabolismo célula a célula, con el objetivo de identificar las adaptaciones metabólicas que permiten a estas células sobrevivir, desplazarse y establecerse en nuevos tejidos y órganos del cuerpo.
El potencial impacto de este proyecto es muy elevado. Por un lado, permitirá responder a algunas de las preguntas más complejas de la biología del cáncer. Por otro, podría revelar puntos débiles en el metabolismo de las células metastásicas que puedan ser aprovechados para desarrollar nuevos tratamientos, capaces de frenar la diseminación del tumor o mejorar el abordaje terapéutico de la metástasis.
Proyecto CRIS de Metástasis y Caquexia: cómo el cáncer altera el metabolismo del cuerpo
Hoy día sabemos que la relación entre metabolismo y metástasis es bidireccional. Si los cambios metabólicos pueden ayudar al cáncer a diseminarse, cuando la enfermedad ya es metastásica ocurre lo contrario: el tumor es capaz de reprogramar el metabolismo del organismo. De hecho, cuando el cáncer avanza y se vuelve metastásico, puede desencadenar una alteración extrema del metabolismo general del paciente, provocando la degradación progresiva del músculo y del tejido graso. Este proceso genera moléculas que las propias células tumorales aprovechan como fuente de energía para seguir creciendo y diseminándose.

Esta situación, conocida como caquexia, se manifiesta como una pérdida severa de peso y masa muscular y está asociada a una mayor mortalidad. Hoy en día, la caquexia representa un enorme problema clínico: no puede revertirse únicamente con soporte nutricional y no existen tratamientos eficaces para prevenirla o frenarla. Comprender y bloquear la comunicación entre el tumor y el metabolismo del organismo es, por tanto, una prioridad urgente.
En este contexto, la doctora Blanca Majem lidera un proyecto ambicioso centrado en entender cómo la enfermedad metastásica altera el metabolismo y desencadena la caquexia. A partir de observaciones previas de su laboratorio, su investigación se centra en el papel de determinados ácidos grasos, como el ácido palmítico, que parecen favorecer tanto la aparición de metástasis como la activación de los mecanismos metabólicos que conducen a la caquexia. El proyecto profundiza en los procesos moleculares que conectan el metabolismo alterado con la progresión del cáncer y busca nuevas estrategias terapéuticas capaces de frenar simultáneamente la metástasis y la caquexia, con el objetivo final de mejorar la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables.

