Frenar el cambio climático y la sexta extinción masiva de especies exige una economía que respete a la naturaleza en vez de destruirla

La jornada anual sobre filosofía y ciencia que se celebra en el CNIO con el apoyo de la Fundación Banco Sabadell reúne a pensadores sobre temas de gran impacto sobre el modo de vida actual

04-12-2023
Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas

Mientras representantes de casi 200 países se reúnen en Emiratos Árabes en una nueva cumbre del clima para tratar de evitar las peores consecuencias del cambio climático en curso, los participantes en la V Jornada de Filosofía y Ciencia en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) debaten sobre la “catástrofe” de la pérdida de biodiversidad, un desafío que consideran aún mayor en gran medida porque avanza imparable pero silente, sin apenas atención social pese a sus inimaginables consecuencias.
 
Frenar el acelerado ritmo actual de extinción de especies exige un cambio de valores profundo, pero posible, dijeron tanto los filósofos y ecólogos. Sus mensajes coincidentes: la naturaleza no es una mera proveedora de recursos, porque las personas también somos naturaleza-; la salud de la naturaleza también es la nuestra; es obligatorio reducir el consumo de bienes y de energía, porque necesitamos una economía compatible con la naturaleza.
 
“Debemos darnos cuenta de que la pérdida de biodiversidad es un problema fundamental; sobre el cambio climático quizás podamos hacer algo en dos o tres siglos, pero la pérdida de especies es irrecuperable, al menos con la tecnología que tenemos. Y tenemos que ser conscientes de que dependemos de la biodiversidad para nuestra existencia”, dijo Antonio Antonio Diéguez, catedrático de lógica y filosofía de la ciencia de la Universidad de Málaga (UMA) y co-organizador de la jornada junto con Arantza Etxeberria, catedrática de filosofía de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Maria A. Blasco, directora del CNIO.
 
“Nos estamos pegando un tiro en el pie”
 
Las cifras son apabullantes. Como explicaron Fernando Valladares, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y Anna Traveset, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC-UIB), un millón de especies de plantas y animales están actualmente en peligro de extinción. Representan el 11.5% de una biodiversidad producto de 3.500 millones de años de evolución de la vida en la Tierra, y que se enfrenta ahora a una sexta extinción masiva.
 
Tanto como los números de este fenómeno, asusta el ritmo: “Esta gran extinción está siendo diferente a las anteriores en que está ocurriendo muy deprisa”, insistió Valladares. “Esto significa que, como especie, nos estamos pegando un tiro en el pie, porque los humanos necesitamos unas condiciones ambientales para sobrevivir, y la paradoja, difícil de entender, es que nosotros mismos estamos acabando con ellas”.
 
Protección, alimento, supervivencia
 
La biodiversidad nos provee de alimento y de aire respirable, y nos protege de enfermedades físicas y mentales. La reciente pandemia está directamente vinculada con la pérdida de biodiversidad, dijo Valladares.
 
Traveset recordó el papel de los insectos polinizadores: “el 75% de los principales cultivos depende de los polinizadores”, muchos de ellos hoy amenazados.Con la era industrial, a mediados del siglo pasado, empezó un auténtico holocausto biológico. La pérdida de biodiversidad nos sitúa en una espiral descendente, si no dejamos de bajar pronto tendremos graves problemas para nuestra supervivencia”.
 
“Sufrimos una crisis de la verdad que induce al conformismo”
 
La filosofía es un elemento importante para tratar de frenarlo, señaló la filósofa Alicia Puleo, de la Universidad de Valladolid (UVA): “El diálogo entre la filosofía y la ciencia es imprescindible. La filosofía es también una guía sobre cómo vivir mejor, cómo ser feliz. Y ahora estamos a la intemperie, en una situación de pérdida de esperanza; la crisis ecológica es una de las causas.  La filosofía es más necesaria que nunca para tener un horizonte que sirva de referencia a nuestro presente”.
 
La filosofía aporta además un “pensamiento crítico” que ayude a huir de paradigmas anticientíficos, añadió Puleo. En su opinión vivimos “un presente distópico”: nos enfrentamos a “la destrucción masiva del medio ambiente” y al mismo tiempo “sufrimos una crisis de la verdad, un relativismo bastante potente que induce al conformismo y a un enfrentamiento con la ciencia”.
 
“El decrecimiento es necesario”
 
Puleo defiende una “vuelta a la Ilustración, a la ciencia”, para hacer frente a los problemas del siglo XXI atendiendo al pensamiento crítico que propugna la filosofía.
Es un pensamiento que conduce al ecofeminismo, teoría en la que Puleo es experta y que reclama abandonar la mentalidad de dominio patriarcal aplicado hasta ahora en la relación de la especie humana con la naturaleza: “venimos de una tradición en que la naturaleza no tiene más finalidad que proveernos de recursos; el ecofeminismo es la redefinición del ser humano en la naturaleza”.
 
¿Se puede ser optimista?, preguntaron desde el público. “Sí”, dijo Valladares, “pero el optimismo hay que trabajárselo”, con cambios profundos también en lo económico. “Hemos convertido un planeta vivo en un sistema masivo de producción global. Pero no podemos seguir en un modelo basado en extraer recursos como si fueran infinitos: nuestro planeta es finito. Tenemos que ir al origen del problema y dejar de alimentar esa sed inagotable de energía. Sí, el decrecimiento es necesario”.
 
Maria Blasco recordó el informe Dasgupta, un estudio realizado en 2019 sobre el valor económico de la biodiversidad, que defiende la necesidad de computar el valor de la naturaleza en nuestra economía.
 
Escapar del “individualismo extremo”
 
“Siempre hay esperanza”, dijo Traveset por su parte. “Pero debemos actuar, actuar localmente, pensando globalmente. Tenemos que competir menos y cooperar más, debemos reducir nuestro consumismo de bienes y de energía, necesitamos una economía compatible con la naturaleza”.
 
Arantza Etxeberria destacó un mensaje final: “La vida es siempre interdependiente y siempre heterogénea; somos biodiversos también por dentro [dependemos también de los millones de microorganismos en nuestro cuerpo]”, y eso debería hacernos salir de un “individualismo extremo” hacia el que ha estado sesgada la filosofía y, quizás, los valores imperantes en la sociedad en general.