El cambio climático dejó de ser un concepto lejano para convertirse en un asunto de atención urgente y actual. Hoy lo vemos reflejado en estaciones que ya no siguen el mismo ritmo, en lluvias que llegan tarde o en sequías que se prolongan más de lo esperado. Estos cambios no solo modifican nuestro entorno natural, también impactan directamente en el desarrollo de las comunidades y en cómo las empresas planificamos nuestras actividades. En este contexto, fortalecer ecosistemas capaces de adaptarse y recuperarse frente a los cambios —también llamados resilientes—se vuelve fundamental para mitigar los efectos de alteraciones ambientales y asegurar un equilibrio sostenible.
La situación actual nos obliga a repensar la manera en la que gestionamos nuestros recursos y, sobre todo, cómo colaboramos entre Estado, sector privado y sociedad civil para cuidar los ecosistemas de los que todos dependemos. En un reciente informe de las Naciones Unidas, el Ministerio del Ambiente del Perú reportó que cada año se pierden entre 120 mil y 150 mil hectáreas de bosque. Una cifra que, puesta en perspectiva, equivale a cerca de 190 mil canchas oficiales de fútbol. Esto significa menos agua disponible, menor fertilidad de los suelos y menor capacidad de adaptación de las comunidades que viven en ellos.
Frente a ello, uno de los caminos más efectivos es la ejecución de acciones que integren la sostenibilidad ambiental con el desarrollo social mediante el trabajo articulado entre instituciones. La reforestación es un ejemplo claro: los bosques son mucho más que sumideros de carbono; son fuentes de agua, barreras naturales contra la erosión y espacios de biodiversidad que sostienen economías locales.
Conscientes de esta realidad, desde el 2018 impulsamos el proyecto “Sembrando Vida”, en coordinación con el Instituto Estatal Superior Tecnológico Carlos Malpica Rivarola del Distrito de Yonán Tembladera, provincia de Contumazá y región Cajamarca. El objetivo es implementar planes para recuperar, conservar y ampliar áreas verdes mediante la producción y sembrado de plantas forestales, nativas, frutales y ornamentales. A la fecha, hemos producido 12,816 plantones y reforestado 7.68 hectáreas, principalmente, en la región Cajamarca, distrito de Yonán Tembladera.
La experiencia nos enseña que cuando una comunidad se involucra en el cuidado de su entorno, se construyen cimientos más sólidos para enfrentar los cambios que forman parte de nuestra realidad. Comunidades organizadas y capacitadas no sólo se adaptan mejor a los retos productivos, sino que también participan de manera activa y protagónica en iniciativas de desarrollo sostenible. Para el sector privado, el reto es claro: dejar de ver estas acciones como esfuerzos aislados y reconocerlas como inversiones estratégicas de largo plazo. Invertir en ecosistemas resilientes es invertir en el futuro de las comunidades, en la sostenibilidad de nuestras operaciones y en el desarrollo de todo el país.
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