Montañas y montañas de circuitos, placas y demás componentes electrónicos están encontrando un nuevo futuro. Donde antes solo había contenedores repletos de componentes electrónicos defectuosos, placas base desechadas y materiales tecnológicos, ahora están emergiendo productos completamente nuevos con un valor de mercado sorprendente. ¿El responsable de esto? El upcycling industrial. Una fórmula que va más allá del reciclaje tal y como lo conocemos para volcarse con la reinvención pura y dura.
A diferencia del reciclaje tradicional, que desmonta los materiales hasta sus componentes más básicos para reutilizar todo lo posible, el upcycling aprovecha piezas industriales descartadas manteniéndolas lo más intactas posible para darles una segunda vida en contextos completamente distintos. Hablamos de circuitos que terminan convertidos en joyería de diseño, carcasas de servidores transformadas en mobiliario urbano, o incluso componentes aeronáuticos reconvertidos en elementos arquitectónicos de lujo. Y funcionan.
Haciendo del descarte una oportunidad
El concepto del upcycling tiene sentido se mire por donde se mire. Según datos recogidos por las Naciones Unidas, la generación global de residuos electrónicos alcanzó las 62 millones de toneladas en 2022, y solo el 22,3% se recicló formalmente. El resto terminó en vertederos o fue gestionado de manera informal, desperdiciando materiales valiosos y causando daños ambientales
Pero, gracias a la economía circular, se ha planteado un importante cambio de paradigma con el que reaprovechar mucho más todos esos residuos. Ya no se ven tanto como un problema, sino como un recurso infrautilizado. De hecho, el cupcycling industrial es, posiblemente, la expresión más refinada de esta economía.
Y ya se está poniendo en marcha. Empresas como Because Science (Circuit Breaker Labs), con sede en Estados unidos, han construido modelos de negocio alrededor de esta idea, transformando placas de circuito recuperadas en joyería de diseño. Su fundadora, Amanda Preske comenzó hace más de diez años cortando componentes electrónicos para crear collares, pendientes y pulseras que ahora se venden internacionalmente.
Otro ejemplo muy parecido es el de TechWears, otra empresa estadounidenseque convierte placas base descartadas en accesorios premium como corbatas, imanes y obras de arte coleccionables. Su proceso evita que estos componentes pasen por el reciclaje tradicional, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero más allá de lo que el reciclaje convencional lograría.
Aunque el concepto suena bien, cabe recordar que, al igual que en otros campos, los números deben cuadrar. La viabilidad económica del upcycling industrial depende de la trazabilidad de los materiales, la certificación de seguridad de componentes reutilizados y, sobre todo, la capacidad de escalar sin perder el atractivo artesanal que justifica los precios más elevados. Aunque es algo que generalmente se consigue. De hecho, muchas empresas que han puesto en marcha estrategias de upcycling han reportado un aumento en sus márgenes de beneficio.
Y eso es doblemente positivo, porque no solo alimenta a los negocios, también sirve para cuidar más del medio ambiente y seguir fomentando la economía circular en un mundo en el que cada vez es más necesario apostar por soluciones diferentes a las tradicionales.
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