La sostenibilidad, hoy, está escrita en la agenda de todas las empresas modernas que no quieren quedarse desfasadas, más allá de ser una simple moda. Es un eje casi obligado, trazado por un mapa legal cada vez más ambicioso. Si bien antes costaba ver a las empresas moverse realmente por el medio ambiente, ahora la Ley de Cambio Climático en España o la Directiva CSRD desde Bruselas corren como entrenadores exigentes detrás de ellas, marcando el ritmo y levantando el listón. Esta nueva forma de hacer negocios obliga a transformar de verdad los engranajes internos, elevar el cristal de la transparencia y aceptar sin rodeos un control que antes era impensable. Por si fuera poco, ahora el mercado observa con lupa cómo se mide cada impacto, desde lo ambiental hasta lo social y lo que sucede puertas adentro. Por eso, las empresas que buscan orientación profesional y soporte legal encuentran una gran ventaja en recurrir a expertos como Toro Abogados, que conocen de cerca las implicaciones y pueden ayudar a transitar este terreno lleno de matices.
¿Qué nuevas normativas de sostenibilidad afectan a mi empresa?
No cabe duda de que el mundo regulador ha tomado el volante en esto de la sostenibilidad, convirtiéndola en un motor imprescindible de la economía. Es curioso cómo dos normativas (una local y otra europea), con enfoques distintos y complementarios, están dibujando nuevas líneas rojas para las empresas. Más allá de la letra pequeña, conocerlas y aplicarlas puede ser la clave para seguir en el juego.
La Ley 7/2021 de Cambio Climático en España
Esta norma, firmemente apoyada por el gobierno, empuja a las empresas rumbo a la neutralidad climática de aquí a 2050. Particularmente, quienes operan en industrias como la energía, el transporte o la agricultura se ven bajo la lupa, ya que se les exige medidas muy concretas para minimizar su huella ambiental. Entre las obligaciones que tienen que asumir las empresas destacan:
- Preparar inventarios y registros de todas sus emisiones, a veces como quien apunta cada gasto en una libreta.
- Modernizar los procesos usando herramientas más limpias, porque no basta con pequeños retoques.
- Diseñar planes integrales de acción climática, que no se queden solo en buenas intenciones.
- Trabajar para lograr auténticos avances en eficiencia energética, algo que a menudo implica revisar desde la maquinaria hasta las pautas diarias.
No se trata solamente de cumplir, sino de convertir la transparencia y la rendición de cuentas en prioridades diarias, como si fueran las nuevas reglas del juego.
La Directiva Europea CSRD
Cuando Europa decide algo, suele hacerlo a lo grande: la Directiva CSRD impone una divulgación empresarial que, lejos de ser un simple trámite, se convierte en una radiografía detallada de cada empresa. Esta normativa intenta que la información sobre sostenibilidad deje de ser caótica y se vuelva comparable, verificable y útil, como una especie de “medidor global” que permite saber quién está realmente comprometido y quién solo pone la etiqueta. Además, combate prácticas como el greenwashing, esa especie de maquillaje verde que tanto confunde a inversores y a la sociedad, garantizando datos fiables sobre el impacto ESG.
¿Cómo sé si mi empresa está obligada a cumplir con la CSRD?
Resulta que la CSRD, tras la última revisión, lanza su red más allá de las conocidas multinacionales. Ahora, cualquier empresa, grande o que forme parte de un grupo, podría verse dentro del radar si cumple ciertos criterios.
Criterios de aplicación de la CSRD
No basta con ser de “las grandes” o cotizar: la normativa detalla umbrales concretos, por ejemplo:
- Tener más de 250 empleados en plantilla.
- Facturar más de 40 millones de euros anuales.
- Presentar un balance que supere los 20 millones de euros.
De hecho, algunas pymes, por su actividad, ubicación o pertenencia a grupos internacionales, también se ven alcanzadas por estas obligaciones, aunque a primera vista parezca exagerado.
¿Qué información específica debo reportar?
Redactar el informe para CSRD no es tarea de un solo día: las empresas deben adaptarse a las Normas Europeas de Información sobre Sostenibilidad (ESRS). Esto es como armar un puzzle que toca todos los ámbitos importantes del negocio, incluidos los siguientes:
- Gobernanza ambiental y social (ESG): Cómo se gestiona la sostenibilidad desde la dirección.
- Políticas y estrategias: Qué planes y métodos aplican realmente las empresas más allá de los discursos informativos.
- Riesgos y oportunidades: Qué peligros y ventajas se identifican respecto a medio ambiente o temas sociales, y cómo se enfrentan.
- Objetivos y resultados: Metas definidas, avances logrados, y lo que falta para alcanzar el siguiente estadio.
No solo es esencial ser completos, sino que la normativa subraya que estos datos tengan aseguramiento independiente, algo que eleva la exigencia y da mayor tranquilidad a quienes apuestan por la fiabilidad.
¿Cuáles son los principales retos para adaptarse a esta nueva legalidad?
La realidad muestra que cambiar las viejas costumbres no es cosa de un par de tardes. Las empresas, si de verdad apuestan por subirse a este tren, van a encontrar varios retos importantes en estos primeros pasos:
- Adaptar los sistemas de información para que lo no financiero deje de ser un apéndice y pase a ser protagonista en el reporte.
- Integrar la sostenibilidad en la estrategia y decisiones diarias, para evitar que se quede como un simple eslogan.
- Invertir en formación y capacitación para que equipos internos y externos dominen lo necesario sobre sostenibilidad y los nuevos informes.
- Fomentar la colaboración entre departamentos tan distantes como finanzas o operaciones, algo que puede recordar al trabajo en equipo de un buen club deportivo.
- Anticipar cambios legales y evolucionar con flexibilidad ante futuras revisiones, evitando quedarse atrás.
Por último, este proceso de adaptación puede pensarse como una maratón: implica revisar rutinas, invertir en tecnología y apostar por controles efectivos. Pero, aunque exige esfuerzo, puede ser la puerta de entrada hacia una resiliencia empresarial superior y una reputación mucho más sólida.
Finalmente, negarse a cambiar o esconder la cabeza ante estas normativas no solo expone a sanciones legales, sino que también puede restar atractivo financiero y dañar gravemente la imagen. Las reglas de juego han cambiado para siempre y, en algún punto, no adaptarse dejará de ser una opción, porque el mercado no perdona y la sostenibilidad se ha convertido en la nueva vara de medir el éxito de toda empresa con visión de futuro.
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