Bolboreta Innova Group se define como un ecosistema de innovación aplicado. ¿Cómo describirías el enfoque único de BIG para conectar ciencia, tecnología y mercado, y cómo impacta esto en el desarrollo de soluciones innovadoras?
En Bolboreta Innova Group tenemos una idea central que guía todas las decisiones. La ciencia y la tecnología solo tienen sentido cuando se transforman en soluciones concretas que mejoran vidas. Por ello, el grupo se ha organizado como un ecosistema de innovación aplicada que recorre todo el trayecto, desde la validación de hipótesis hasta la llegada al mercado de productos y servicios. Esta estructura conecta a investigadores, emprendedores, empresas e inversores alrededor de una misma visión. El resultado es un entorno en el que el conocimiento encuentra un camino claro hacia su aplicación.
Por otra parte, nuestro enfoque une rigor científico y visión tecnológica con un criterio empresarial muy definido. Cada proyecto se analiza por su potencial de impacto y por su viabilidad real, no solo por su interés académico. A partir de ese análisis se trazan rutas que pueden desembocar en activos protegidos y en distintas formas de transferencia, que van desde la creación de empresas hasta el desarrollo de productos, licencias o colaboraciones estratégicas.
Esta manera de trabajar evita que la ciencia y la tecnología queden desligadas del mercado. Además, impulsa una innovación que busca resultados medibles y positivos en la economía y en la vida de las personas.
A través de sus tres líneas de negocio —BIG Investiga, BIG Impulsa y BIG Desarrolla— el grupo aborda diferentes fases del ciclo de transferencia del conocimiento. ¿Podrías explicarnos cómo se interrelacionan estas áreas y cuál es su papel en la aceleración de la llegada de la ciencia al mercado?
Las tres líneas de negocio forman un recorrido continuo que acompaña al conocimiento desde la idea inicial hasta la solución implementada.
BIG Investiga se sitúa en la base, cerca de los equipos científicos. En este sentido, ayudamos a validar hipótesis y a ordenar los proyectos, además de identificar resultados con potencial de transferencia. Ese trabajo permite convertir avances en patentes o prototipos que se consolidan como activos claros. Gracias a este primer filtro el ecosistema dispone de un flujo de iniciativas con más opciones de llegar al mercado.
Cuando un proyecto supera esa fase, entra en escena BIG Impulsa. Esta área convierte el conocimiento validado en negocio mediante instrumentos de inversión que combinan Venture Capital o Venture Debt junto con un modelo de Venture Builder. El equipo acompaña a las compañías en estrategia y acceso a mercado, mientras que fomenta la conexión con redes del ecosistema.
Por último, BIG Desarrolla completa el recorrido como brazo tecnológico del grupo y crea soluciones digitales a medida para proyectos propios y para clientes externos.
En definitiva, la interacción entre las tres áreas acorta plazos y alinea expectativas, lo que acelera la llegada de la ciencia al mercado.
En términos de impacto, Bolboreta Innova Group no solo busca resultados económicos, sino también un legado transformador. ¿Cómo medís este impacto y cuáles son los mayores desafíos que enfrentas al generar cambios tangibles a partir del conocimiento científico?
En Bolboreta, medimos el impacto observando cuántos proyectos avanzan desde la validación científica hasta etapas concretas de transferencia: activos protegidos, prototipos, licencias o incluso la creación de nuevas compañías. Nos fijamos en la calidad del conocimiento, pero también en su viabilidad, escalabilidad y capacidad de generar transformación real. Eso incluye la creación de empleo, la apertura de nuevas rutas para sectores como la neurociencia o la transición energética, o el potencial de escalar soluciones que beneficien a miles de personas. Solo cuando el conocimiento encuentra un camino real hacia su aplicación, la transferencia deja de ser una aspiración y se convierte en un hecho económico y social.
Uno de los mayores retos que enfrentamos en Bolboreta es demostrar que en España podemos construir un ecosistema donde la ciencia y la tecnología encuentren caminos reales hacia la sociedad, sin necesidad de que el talento científico tenga que emigrar o que las ideas mueran en el cajón. Estamos creando un modelo que conecta ciencia, tecnología, empresa e inversión desde fases muy tempranas y con un nivel alto de incertidumbre. Eso exige estructuras flexibles, equipos diversos, una gran capacidad de escucha y, sobre todo, nos resulta clave construir confianza entre todos los agentes que participan en la transferencia. De este modo, el conocimiento puede sostener cambios duraderos y un legado que trascienda los proyectos concretos.
En relación con IPfest, el evento que lidera BIG, ¿cómo contribuye esta iniciativa a impulsar la transferencia de conocimiento entre la ciencia y el mercado? ¿Qué novedades presenta esta edición en su enfoque y formato?
IPfest se ha consolidado como un espacio que reconoce y da visibilidad a la transferencia de conocimiento en todo el país. Bajo esta perspectiva, el festival ha situado en primer plano el trabajo de los equipos de universidades y centros de investigación y lo ha acercado al tejido productivo. Por su parte, los premios han distinguido trayectorias consolidadas y talento emergente y han reforzado la idea de que el conocimiento debe transformarse en soluciones útiles para la sociedad. Gracias a ello hemos podido contribuir a que la conversación sobre la transferencia llegue a audiencias mucho más amplias.
Por su parte, la edición celebrada este año ha supuesto un salto importante. IPfest se ha celebrado de forma simultánea en todas las comunidades autónomas, con eventos locales conectados entre sí y un anuncio compartido de los ganadores nacionales, lo que ha creado una red de reconocimiento a escala estatal. Asimismo, se ha puesto en marcha un programa audiovisual que se ha extendido durante todo el año, con contenidos digitales y entrevistas, además de espacios de debate ligados a la actualidad de la transferencia de conocimiento.
De esta manera, el festival se ha convertido en una plataforma continua que mantiene vivo el diálogo entre ciencia y mercado.
Una parte fundamental de la misión de BIG es conectar investigadores, emprendedores, empresas e inversores. Desde tu experiencia, ¿cómo ves la evolución del ecosistema de innovación en España y qué papel juega Bolboreta en su fortalecimiento?
En los últimos años, el ecosistema de innovación en España ha avanzado de forma notable. Hay una conciencia creciente sobre la importancia de la transferencia de conocimiento, estructuras más profesionales en muchas universidades y una nueva generación de investigadores con voluntad clara de impacto. Aun así, seguimos viendo brechas importantes: diferencias de lenguaje, percepción del riesgo y plazos que dificultan la conexión entre ciencia y mercado.
Bolboreta nace precisamente para tender puentes entre esos mundos. No como un actor más, sino como un ecosistema completo que integra capacidades científicas, tecnológicas, empresariales y de inversión desde fases muy tempranas. Estamos construyendo una estructura que acompaña a los investigadores desde la validación de hipótesis hasta el diseño de rutas de transferencia viables, con una combinación de criterios técnicos, visión de negocio y respeto profundo al conocimiento.
Nuestro papel es facilitar esa conexión, hacerlo con humildad y aportar valor donde otros modelos no han llegado. Apostamos por una innovación profunda, con vocación transformadora, y creemos que solo generando confianza entre todos los agentes (investigadores, universidades, empresas, inversores) podremos consolidar un modelo de transferencia sostenible en el tiempo.
¿Cuál es la visión de futuro para Bolboreta Innova Group? ¿Cómo imaginas que el grupo seguirá evolucionando en los próximos años y qué desafíos crees que serán clave en el camino hacia la transformación de la ciencia en soluciones concretas?
En los próximos años, aspiramos a reforzar nuestro modelo como ecosistema completo de transferencia: validando hipótesis científicas, impulsando tecnologías emergentes, construyendo nuevos vehículos de inversión y acompañando el desarrollo de compañías que nacen del conocimiento.
Bolboreta evolucionará como una estructura cada vez más interconectada, capaz de atraer talento, generar confianza y canalizar recursos hacia proyectos con propósito.
El mayor desafío, quizás, será seguir navegando la complejidad que supone trabajar con grados altos de incertidumbre, diferentes lenguajes profesionales y ritmos muy distintos entre ciencia, inversión y mercado. Para eso, necesitamos seguir construyendo relaciones basadas en la confianza, el propósito compartido y una forma de trabajar rigurosa, pero profundamente humana.
Si logramos que este camino se perciba como una opción aspiracional para investigadores y empresas, así como para los propios inversores, el legado de Bolboreta superará los proyectos actuales y ayudará a transformar la forma en que la ciencia llega a la sociedad.
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