Esther Unceta-Barrenechea, Directora Gerente de la Fundación Laboral San Prudencio, es una de las voces que lleva más tiempo impulsando la Responsabilidad Social en el tejido empresarial vasco y estatal. Su compromiso se remonta a finales de los años noventa, cuando aún no se hablaba abiertamente de Sostenibilidad en las organizaciones. “En el año 2000 ya nos definíamos como un instrumento para canalizar la Responsabilidad Social de las empresas”, recuerda. Con visión pionera, Esther apostó desde el inicio por integrar este enfoque de forma estructural y alineada con las necesidades reales de empresas y trabajadores.
Desde entonces, ha vivido en primera línea la transformación del concepto: de la filantropía y la acción social aislada a la gestión transversal liderada desde la alta dirección. “La RSE ha pasado de ser una herramienta de reputación a convertirse en un factor de competitividad”, afirma. Pero no oculta los desafíos que aún persisten: la falta de implicación real de las PYMES, el riesgo de instrumentalización por parte de algunos agentes o el contexto geopolítico que, en momentos de crisis, tiende a relegar lo social y lo ambiental a un segundo plano.
En el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Unceta-Barrenechea subraya el papel imprescindible que ha desempeñado el medio para visibilizar este cambio de paradigma: “Desde sus inicios, Corresponsables se consolidó como un referente en materia de Comunicación Responsable”. A través del Anuario, los Premios y otras iniciativas, la Fundación ha encontrado un altavoz para compartir buenas prácticas y generar alianzas en torno a una cultura empresarial más ética, sostenible y transformadora.
Su mirada de futuro es clara: las empresas que no se comprometan de forma real con la Sostenibilidad quedarán fuera del mercado, y serán las nuevas generaciones quienes consoliden este legado. “No se conforman con declaraciones: quieren hechos, coherencia y propósito”.
Esther, ¿cómo surgió tu implicación personal y profesional con la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad? ¿Qué vivencias marcaron los primeros pasos de este compromiso en tu trayectoria?
Mi vinculación con la Responsabilidad Social se remonta a 1997, año en el que me incorporé a la Fundación Laboral San Prudencio. En ese momento, la organización afrontó una profunda refundación para adaptar su propuesta de valor a las nuevas necesidades del entorno empresarial. Aunque el término “Responsabilidad Social” aún no estaba consolidado como tal, en Europa ya comenzaban a definirse sus principios y fundamentos, y en nuestra Fundación ya empezábamos a aplicarlos de forma natural.
«El enfoque de la RSE ha estado presente a lo largo de toda mi trayectoria profesional»
De hecho, en el año 2000 ya nos definíamos como un instrumento al servicio de la canalización de la Responsabilidad Social de las empresas, con el propósito de contribuir al desarrollo social de nuestros titulares y empresas asociadas. Poco después, en 2004, organizamos el primer encuentro de Responsabilidad Social Empresarial, dirigido especialmente a sensibilizar al tejido de PYMES, y en 2006 lanzamos el primer premio Fundación Laboral San Prudencio a las buenas prácticas en RSE. Desde entonces, este enfoque ha estado siempre presente a lo largo de toda mi trayectoria profesional.
¿Cómo era el panorama de la RSE en aquellos primeros años y cómo lo compararías con el contexto actual?
Cuando el concepto de RSE comenzó a aterrizar en España, el debate giraba fundamentalmente en torno a cuestiones filosóficas: qué era exactamente la RSE, cómo debía denominarse, cuál debía ser su alcance y si debía entenderse como una práctica voluntaria o como una obligación legal.
En la práctica, pocas empresas, y sobre todo grandes corporaciones, empezaban a implementar acciones, muchas veces aisladas y centradas en filantropía, acción social o comunicación. Habitualmente, eran los departamentos de comunicación quienes impulsaban estas iniciativas, sin una implicación real de la dirección, y el área financiera lo veía como un gasto prescindible. El mercado tampoco lo demandaba.
«La RSE ya se concibe como una gestión transversal que debe estar integrada en la estrategia empresarial y liderada por la alta dirección»
Desde entonces se ha avanzado mucho, aunque el impulso sigue estando liderado por las grandes empresas. Hoy ya no se concibe la RSE como un conjunto de acciones puntuales, sino como una gestión transversal que debe estar integrada en la estrategia empresarial y liderada por la alta dirección. También ha crecido notablemente la exigencia por parte del mercado y de los grupos de interés, una tendencia que seguirá en aumento. Aun así, considero que queda un largo camino por recorrer, especialmente en lo que respecta a su adopción real por parte de la mayoría de las PYMES.
Hoy, 20 años después, Esther, ¿cómo conociste a Corresponsables y qué papel consideras que hemos desempeñado en la evolución de la Responsabilidad Social en estas dos décadas?
Nuestro primer contacto con Corresponsables fue en 2010, a través de Marcos González, y desde entonces comenzamos a colaborar activamente tanto en el Anuario como en los Premios Corresponsables. Para nosotros fue un punto de inflexión.
Desde sus inicios, Corresponsables se ha consolidado como un referente indiscutible en materia de Comunicación Responsable. Su labor ha sido fundamental para sensibilizar y difundir el concepto de la RSE en sus distintas etapas: desde los primeros enfoques centrados en lo filantrópico hasta la integración plena en la gestión estratégica empresarial. Con sus múltiples iniciativas, ha contribuido de manera decisiva a que muchas organizaciones, grandes y pequeñas, entiendan la importancia de incorporar la Sostenibilidad en su modelo de negocio.
«Corresponsables ha sido fundamental para sensibilizar y difundir el concepto de la RSE»
Además, ha tenido un fuerte impacto tanto en España como en América Latina, ayudando a visibilizar una enorme batería de buenas prácticas que sirven de inspiración y guía. Su evolución ha sido exponencial y sigue siendo clave para impulsar el cambio cultural que necesita nuestro tejido empresarial.
Y con mirada global, ¿qué cambios significativos has observado en la evolución de la RSE desde tus comienzos hasta hoy?
En los primeros años, las acciones de RSE eran puntuales y se centraban mayoritariamente en la acción social, sin formar parte de la estrategia global de las organizaciones. Además, se discutía si el mero cumplimiento legal debía considerarse parte de la RSE o no. Para muchas grandes corporaciones, la RSE era entonces un instrumento de mejora reputacional, vinculado principalmente a la comunicación externa.
«Hoy la Sostenibilidad empresarial se ha convertido en una necesidad para aquellas organizaciones que desean perdurar en el tiempo»
Con el tiempo, las empresas comenzaron a asociar la RSE con la gestión medioambiental, evolucionando posteriormente hacia aspectos más amplios como la transparencia y el buen gobierno corporativo.
Hoy la Sostenibilidad empresarial se ha convertido en una necesidad para aquellas organizaciones que desean perdurar en el tiempo. La presión social, las nuevas normativas y la creciente concienciación de los consumidores han hecho que el compromiso y el nivel de implicación de muchas organizaciones crezcan, ya sea por voluntad propia o por exigencia del contexto.
¿Cuáles consideras que han sido los hitos más importantes en la evolución de la RSE y la Sostenibilidad en estas dos décadas, y qué factores crees que han impulsado estos cambios?
A lo largo de las últimas décadas, se han producido hitos clave que han marcado un antes y un después en la evolución de la Responsabilidad Social. La Cumbre de Río en 1992 y el Protocolo de Kioto en 1997 supusieron importantes avances en materia medioambiental a nivel internacional. Ese mismo año, además, se constituyó el GRI (Global Reporting Initiative), que introdujo los informes de sostenibilidad como práctica estándar para medir y reportar el desempeño económico, social y ambiental de las organizaciones.
En 2011, la Unión Europea aprobó su Estrategia sobre Responsabilidad Social Empresarial, en la que se subrayaba la necesidad de respetar la ley, maximizar el valor compartido y minimizar los impactos negativos. Posteriormente, la adopción de la Agenda 2030 y del Acuerdo de París supuso un gran impulso, al fijar metas concretas y alinear a todos los agentes, incluidas las empresas, en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente en lo referente a la acción climática.
Otro hito fundamental fue la entrada en vigor de la Ley 11/2018 sobre Información No Financiera y Diversidad. Por primera vez, se obligaba a determinadas empresas, según su tamaño y facturación, a presentar los Estados de Información No Financiera junto con sus cuentas anuales en el Registro Mercantil. Esta obligación supuso un cambio de paradigma al introducir la transparencia como exigencia legal.
Finalmente, la revisión en 2020 del Código de Buen Gobierno de las sociedades cotizadas sustituyó el término “Responsabilidad Social Corporativa” por el de “Sostenibilidad”, incorporando plenamente el enfoque ESG (ambiental, social y de buen gobierno) como estándar de gestión empresarial.
En lo personal, ¿qué lecciones has aprendido a lo largo de tu trayectoria profesional vinculada a la RSE?
Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que la RSE debe ser entendida como un verdadero factor de competitividad. Por eso, no puede estar relegada a un departamento específico, ni mucho menos al área de comunicación: debe estar liderada desde la alta dirección e integrada de forma transversal en la estrategia de la organización.
«El gran reto es implicar de forma real a las PYMES, que son el 90% del tejido empresarial»
A lo largo del tiempo, muchas empresas han comenzado a interiorizar esta visión y han dado pasos para que la RSE forme parte del núcleo de su toma de decisiones. No obstante, sigue pendiente una asignatura clave: lograr una implicación real de las pequeñas y medianas empresas. El 90% del tejido empresarial está formado por pymes, y si no conseguimos involucrarlas de forma estructural, el avance de la Sostenibilidad será necesariamente limitado.
A lo largo de tu recorrido profesional, ¿cuáles han sido tus principales referentes y qué actores consideras pioneros en el impulso de la RSE en nuestro entorno?
Desde el ámbito formativo, destacaría al IE como pionero en la integración académica de la RSE, al impulsar uno de los primeros másteres especializados en esta materia. En cuanto a asociaciones, Forética, el Club de Sostenibilidad y el Pacto Mundial han jugado un papel fundamental en la difusión, la profesionalización del sector y la generación de espacios de encuentro y aprendizaje.
En el plano individual, me resulta imposible no mencionar a personas como Joaquín Garralda, Aldo Olcese, Antonio Argandoña, Javier Garilleti o José Luis Blasco. Cada uno de ellos ha contribuido de manera decisiva al desarrollo y consolidación de la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad en España. La lista, sin duda, podría ser mucho más extensa.
Mirando al futuro, ¿qué retos y oportunidades crees que marcarán el rumbo de la RSE y la Sostenibilidad en las próximas décadas?
Nos encontramos en un contexto geopolítico y económico complejo que, en algunos momentos, puede llevar a priorizar aspectos puramente económicos por encima de los medioambientales o sociales, especialmente en Europa. Sin embargo, al mismo tiempo, estamos asistiendo a un despertar de conciencia por parte de la sociedad y de las nuevas generaciones, cada vez más exigentes con el comportamiento empresarial.
Esto genera un doble escenario: por un lado, incertidumbre; y por otro, una gran oportunidad para que las organizaciones refuercen su compromiso con la Sostenibilidad como valor diferencial y motor de confianza. La presión por la rendición de cuentas seguirá en aumento, y las empresas que mejor se adapten a esta nueva realidad serán también las que logren una ventaja competitiva sostenible a largo plazo.
Para terminar, ¿qué papel deberían asumir las nuevas generaciones para continuar fortaleciendo el legado de la Responsabilidad Social?
Las nuevas generaciones tienen un papel absolutamente crucial en la evolución de la RSE. En primer lugar, como consumidores, ya están demostrando una conciencia mucho más elevada en cuanto a los valores que exigen a las empresas y a los productos que eligen. Esperan transparencia en los procesos, quieren saber dónde y cómo se han fabricado los bienes que adquieren, y valoran profundamente el compromiso ético y ambiental de las marcas.
Pero también son más exigentes como profesionales: buscan entornos de trabajo saludables, seguros y alineados con sus principios. Les preocupan temas como la diversidad, la igualdad de género, la ética en las cadenas de suministro o las condiciones laborales. No se conforman con declaraciones: quieren hechos, coherencia y propósito.
«Las nuevas generaciones no se conforman con declaraciones: quieren hechos y coherencia»
Su sensibilidad hacia el medio ambiente y el cambio climático es otro factor clave. Si las organizaciones quieren atraer y retener talento joven, deberán comprometerse de manera real y transversal con todos estos aspectos.
En definitiva, las nuevas generaciones no solo deben continuar con este legado, sino que serán las encargadas de consolidarlo y transformarlo en un nuevo estándar cultural y empresarial.
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