La viña frente al cambio climático | Corresponsables.com España

La viña frente al cambio climático

05-06-2018
Miguel A. Torres, presidente de Familia Torres
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2017 fue un año complicado para los que vivimos de la tierra, con heladas a finales de abril, olas de calor extremo, sequía y también granizadas en algún caso, que este mes de mayo se han vuelto a repetir. Estamos sufriendo las consecuencias directas del cambio climático, posiblemente la amenaza más grande que ha tenido el planeta desde la llegada del Homo sapiens, diga lo que diga Trump.

Seguramente los efectos más graves los notaremos en la agricultura: el aumento de las temperaturas y la sequía harán que muchos cultivos deban adaptarse o incluso abandonarse. La vid es una planta especialmente sensible a estos cambios y cada vez será más difícil mantener el mismo nivel de calidad de los vinos. Habrá que invertir para proteger los viñedos, con mallas anti-granizo, molinos anti-heladas o balsas para recoger el agua del invierno y poder regar en verano, por ejemplo, y adaptarnos recorriendo a variedades de vitis vinífera más resistentes, buscando nuevos escenarios donde plantar viña, etc.

Pero, además de adaptarnos, debemos hacer cuanto esté en nuestras manos para minimizar los efectos del calentamiento global reduciendo nuestras emisiones de CO2, uno de los gases que provocan el efecto invernadero. Las energías renovables, y concretamente la energía solar, son la solución más conveniente.

En las VII Jornadas Ambientales que celebramos la semana pasada en la Universidad de Barcelona para tratar por qué la sociedad no reacciona ante las evidencias del cambio climático, criticaba precisamente el bloqueo a las renovables por parte del Gobierno español. El Decreto Ley 900/2015 ha hecho casi imposible la instalación de placas fotovoltaicas en autoconsumo tanto a nivel de las empresas como a nivel de los particulares. De hecho, España, que tiene la mejor situación para la obtención de energía eléctrica por medio de las placas fotovoltaicas, se está quedando por detrás de muchos países como Alemania o Inglaterra.

Las empresas del sector vitivinícola estamos haciendo grandes esfuerzos en la lucha contra el cambio climático, especialmente en lo que respecta a inversiones en energías renovables, y las administraciones deberían facilitar la transición energética hacia un modelo limpio y sostenible. Pero lo cierto es que los empresarios que decidimos instalar placas fotovoltaicas de autoconsumo debemos hacer frente a un sinfín de dificultades y trabas burocráticas.

A pesar de las dificultades, en nuestras bodegas continuamos apostando por el uso de energías renovables como una de las vías para reducir nuestras emisiones de CO2. Con la instalación de 400 kW para autoconsumo – pendiente todavía de conexión desde hace prácticamente dos años –, cubriremos el 25% de las necesidades energéticas en nuestra bodega de Pacs del Penedès con energías renovables (fotovoltaica y biomasa). Esta firme apuesta por las renovables, además de otras actuaciones ambientales relacionadas con la eficiencia energética, la movilidad sostenible con vehículos eléctricos, la optimización de los recursos hídricos o la reducción del peso de las botellas, nos han permitido reducir en un 25,4% las emisiones de CO2 por botella del 2008 al 2017 en todo su alcance, desde la viña hasta el transporte final.

Pero hay que ir más allá. Para mantener las emisiones a un nivel que evite subidas de temperatura media por encima de los 2ºC acordados en la COP 21 de París, que para el sector vitivinícola ya serían muy críticos, los expertos dicen que la única forma es limitar la concentración de CO2 en la atmósfera mediante el desarrollo de tecnologías que permitan la captura y reutilización de dichos gases.

Por la disponibilidad de grandes cantidades de CO2 altamente concentrado generado durante la fermentación alcohólica, nuestro sector  tiene en sus manos la capacidad de abanderar la adopción de tecnologías de captación y reutilización de CO2 para reducir de manera importante las emisiones. Esto implica, ciertamente, un cambio de paradigma y es un camino largo y necesario, pero también viable. 

En Torres, llevamos ya un tiempo investigando y apoyando el desarrollo de tecnologías de CCR (Carbon Capture and Reuse) en colaboración con universidades y empresas tecnológicas, para buscar vías de aprovechamiento del CO2 producido y darle usos alternativos que permitan obtener energía, biomasa, productos como bicarbonatos, etc. El abanico de posibilidades es amplio, aunque seguramente no haya un solo modelo válido sino que la solución pase por la combinación de diferentes técnicas.

Nuestra voluntad es compartir los resultados de estas investigaciones con el sector para que las bodegas podamos ser, en un plazo de 10 a 15 años, neutras en emisiones, es decir que podamos ser capaces de absorber la misma cantidad de CO2 que emitimos con nuestra actividad. El cambio climático es una amenaza, de eso no hay duda, pero debemos entenderlo también como una oportunidad.

*Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables sobre el Día Mundial del Medio Ambiente 2018