“La RSC permite que las empresas den lo mejor de sí mismas” | Corresponsables.com España

“La RSC permite que las empresas den lo mejor de sí mismas”

21-04-2015
Ángel Pes, presidente de la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas

 

 

¿Cómo se le ocurrió el título y cuál fue la motivación para lanzar el libro?  ¿Cómo fue el proceso de publicación?

La idea del trébol de cuatro hojas surge de un sentimiento que he ido madurando mientras escribía el libro, la cual tiene relación con que el desarrollo económico y el bienestar de los países y las comunidades están influido por el tipo de empresas que hay en el país. Para mí las empresas son organizaciones que canalizan la actividad colectiva, es decir, la actividad que se orienta a generar riqueza. Hay muchas formas de hacer esto y hay millones de empresas en el mundo. La característica común es generar valor económico –primera hoja del trébol-, aspecto que es denominador común de las empresas. Sin embargo, al ser denominador común, no es lo que la distingue una de otras. 

 

 

¿Cómo es la empresa con cuatro hojas de trébol?

Las empresas que tienen las cuatro hojas del trébol contribuirán a que la sociedad goce de un mayor desarrollo económico y bienestar. Las empresas con estas características son como “amuletos” para sus respectivas sociedades. Por otra parte, es muy importante la estructura que tiene la empresa. Si la empresa realmente tiene un proyecto propio, significa que debe tener autonomía para consagrarlo. Lo anterior implica que la empresa no debe subordinar su actividad a los intereses de ninguno de los grupos que confluyen en sus actividades. 

 

La empresa necesita empleados, clientes, proveedores, inversores y, además, tiene relación con administraciones públicas por temas específicos a su sector. Cada uno de estos grupos tiene intereses legítimos y la empresa debe saber contribuir a su cumplimiento, pero dejando en claro a que todos esos intereses tienen que estar subordinados al propósito específico de la empresa. En resumidas palabras, la empresa debe saber canalizar los legítimos intereses y derechos de sus grupos de interés para viabilizar la consecución del propósito de la empresa.

 

 

¿Cómo conseguir el equilibro entre los cuatro tréboles? 

La vida de una empresa, al igual que de una persona, se encuentra sujeta a muchos avatares. A veces las cosas salen bien y otras veces no. Igual que cualquier persona, las empresas tienen propósitos y estos se ven interferidos por factores ajenos a su voluntad. El elemento fundamental para no perder el norte está en diferentes vías, una de ellas: que su sistema de gobierno sea autónomo, es decir, que las personas que dirigen la empresa no estén sujetas a ningún interés externo. 

Para que una empresa no pierda su propósito tiene que tener muy claramente en sus prioridades que el mediano y largo plazo tiene que imperar más que el corto plazo. A veces hay que superar momentos difíciles de corto plazo, pero se tiene que tener consciencia que es una situación de emergencia, extrema, no es lo que la empresa quiere hacer de forma habitual. 

Una empresa que forma parte del conjunto del trébol de cuatro hojas tiene el objetivo de persistir en el tiempo, incluso más allá de las personas que la han dirigido durante un tiempo determinado. 

 

 

¿De qué trata la tercera hoja del trébol?

La tercera hoja es la ética de la empresa. Dice el dicho que “se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo pero no a todo el mundo durante todo el tiempo”. Una empresa que se plantea objetivos a largo plazo tiene que tener comportamiento ético. Es imposible perdurar sin un compartimiento ético. Tu puedes defraudar la confianza durante un cierto tiempo; puedes engañar a tus clientes o a tus reguladores durante un tiempo, pero no puedes estar permanente engañando ya que se darán cuenta que estás haciendo algo falso. Se necesita un comportamiento íntegro y transparente. Una empresa para demostrar esto tiene que ser coherente entre lo que dice y lo que hace. Desde este punto de vista, es muy importante que se comprometa a cumplir determinados estándares –tales como Pacto Global, aunque no sea legalmente obligatorios-. El hecho de que una empresa se comprometa con los principios es demostración de que se quiere cumplir con aquello. 

 

Por otra parte, bajo este mismo marco de la ética, las empresas tienen que ser transparentes. Esta coherencia se tiene que demostrar haciendo que cualquier parte interesada en una empresa pueda comprobar que realmente las acciones de la empresa se corresponden con lo prometido. Esta transparencia se demuestra a través del sistema de gobierno y el reporting que hace. 

 

 

¿Y con respecto a la cuarta hoja del trébol?

La cuarta hoja del trébol es que además la empresa se sienta parte de la solución de los problemas que se plantea la comunidad. Las empresas tienen sus limitaciones, pueden hacer lo que pueden hacer. Por mayor que sea la empresa, nunca tiene los recursos de los que puede disponer un gobierno o la comunidad en su conjunto. 

 

En su ámbito de influencia, la empresa tiene que comprometerse con los desafíos planteados por la sociedad o la comunidad con la que interactúa. El concepto de Responsabilidad Social Corporativa encaja en esta idea. Una empresa tiene que crear valor económico; tiene que cumplir con estándares éticos y tiene que tener en cuenta las necesidades de la comunidad y la sociedad en general. 

 

En conjunto, toda esta participación en los desafíos sociales por parte de las empresas es una de las grandes aportaciones de Pacto Mundial, la agenda social construida a partir de una institución pública-internacional como lo es Naciones Unidas. Asimismo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible que están acabando de cocinarse, serán el marco en el cual las empresas que quieren además de general valor económico y de actuar de forma ética, quieren además contribuir a que la sociedad resuelva sus problemas. Al final, las empresas que reúnen estas características no solo son empresas que generan un beneficio para todos los agentes directamente implicados, sino que además aportan valor a personas o a grupos que no tengan ninguna relación con la empresa, ya que no utilizan los servicios o no coinciden con el mismo espacio. 

 

 

En los últimos años la RSE ha estado más enfocada en los temas sociales y ambientales, pero no tanto en los laborales, lo cual no debería ser así por la situación generalizada de desempleo que vive España.  ¿Cómo se puede hacer compatible las diferentes hojas del trébol a la hora de poner a la persona en el centro de preocupación?

Evidentemente está claro que en España y en otros países el problema social más importante es el paro y así lo dicen todos los sondeos de opinión. Durante la crisis han aumentado las desigualdades y uno de los factores más importantes es el paro. 

 

La responsabilidad social de cualquier agente, no solo de las empresas, es contribuir e intentar superar esta situación, es decir, mejorar las condiciones para generar ocupación. Aquí las empresas juegan un papel importante en tres sentidos. En primer lugar, una empresa –repito- debe perdurar en el tiempo. Esto en una situación de crisis esto puede ser el único objetivo. Las empresas que se plantearon esto cuando la crisis era más dura han hecho una estrategia de Responsabilidad Social Corporativa eficaz, porque la desaparición de una empresa implica de forma automática la pérdida de los puestos de empleo que han creado. La empresa que es capaz de desarrollar una estrategia que le permita superar ese momento crítico, sin cerrar sus puertas, está contribuyendo a minimizar sus problemas y los de otros, aunque muchas veces deben recurrir a la disminución de parte de su plantilla, situación que resulta inevitable en numerosas ocasiones.

 

El segundo elemento es que la empresa puede tener una estrategia para subsistir, pero para ello tiene que reducir su plantilla. Esta gestión de la reducción de la plantilla también se puede hacer de manera distinta y se pueden introducir criterios de Responsabilidad Social Corporativa. Evidentemente todo el mundo quiere mantener su puesto de trabajo, pero no todos tienen las mismas condiciones críticas. La empresa quizás tenga que sacrificar una parte de su plantilla para evitar crear problemas sociales enormemente graves, y por otra parte, las personas afectadas tienen que darse cuenta que las situaciones que pasan no dependen puramente de la empresa, sino del entorno. 

 

Finalmente, todas las relaciones laborales están influidas por un marco laboral donde confluyen empresas, sindicatos y administración pública, principalmente. La regulación del mercado del trabajo es importante y como demuestra el hecho de que con caídas parecidas del producto generado, los impactos de las caídas es son distintas según los países. Nosotros somos de los países que más hemos aumentado la tasa de paro como consecuencia de la crisis, ya que el peso de la industria inmobiliaria en la crisis es muy importante y dicho sector en España ocupa una parte muy alta de la población.

 

A pesar de lo anterior, en España está claro que las reglas del juego del sistema laboral son mejorables y esto es una cuestión que no solo depende de las empresas, sino de los múltiples actores que componen la sociedad. Las reformas que se necesitan en este ámbito deben ser especialmente discutidas en los programas electorales. 

 

 

Has planteado la necesidad de eliminar los paraísos fiscales para llevar a cabo políticas redistributivas eficaces. Al mismo tiempo, el sector financiero ha sido uno de los más castigados con respecto a las causas y efectos de la crisis. ¿Qué lecciones se puede aprender de todo ello?

Aquí hay varias cosas. En primer lugar, en España la crisis financiera ha sido muy fuerte. Los que hemos sobrevivido a esta situación nos hemos reconvertido en bancos por obligación legal. Las crisis de las cajas de ahorro en España se debe al hecho de que estaban muy orientadas a financiar las hipotecas con las que los ciudadanos adquirirían sus viviendas, por lo que la crisis inmobiliaria ha arrastrado y dañado muchísimo la calidad de estos préstamos. 

 

También ha habido un elemento de gestión asociado a la corrupción o en última instancia a la falta de autonomía, o sea, de utilización de algunas cajas de ahorro para finalidades que no tienen nada que ver con su naturaleza. Algunas han promocionado proyectos políticos de turno sin tener en mente lógicas de costo y beneficio. Está perdida de autonomía ha resultado absolutamente nefasta para entidades que llevaban décadas de existencia, prestando un servicio a su comunidad y que se desviaron completamente de su trayectoria, entrando en una dinámica que las llevo a su desaparición. Ha sido un cumulo de circunstancias en donde la falta de Responsabilidad Social Corporativa; la falta de autonomía de gestión, ha sido un factor que ha pesado a la hora de explicar por qué muchas cajas han desaparecido.

 

Con respecto a la cuestión de los paraísos fiscales, está claro que existe una disonancia en el conjunto de la economía internacional entre la capacidad regulatoria y la dinámica de la economía. Básicamente la capacidad regulatoria está centrada en los Estados y sus políticas. Sin embargo, la dinámica de la economía es cada vez más global; más interconectada. Desde esta perspectiva, la regulación de la economía a escala global no está en el mismo plano que la gestión de la economía. Esto provoca disonancias importantes, sobretodo en el tema fiscal. En determinados ámbitos existe esta figura del paraíso fiscal, lo que permite que empresas, particulares o cualquier agente que tenga interés en reducir su contribución fiscal puede “jugar” con estas disonancias.

 

Este es un tema que la regulación de la economía global tiene que ir ganando para ir siendo coherente, necesario y socialmente exigido. La propia crisis ha hecho que las diferencias entre la contribución fiscal de las empresas en los lugares donde realmente genera negocios y el uso de estos circuitos para minimizar este costo fiscal, resulten más escandalosas. Esto se debe corregir a través de la creación de un campo de juego fiscal mucho más homogéneo. No tiene que ser idéntico, pero si más homogéneo. El éxito de esto dependerá de la voluntad política y una presión social importante, que es lo que cada vez se pone de manifiesto. 

 

 

¿Cuáles son tus motivaciones para escribir sobre estas materias?

Desde hace muchos años, por un tema de formación como economista, me ha interesado y he estudiado cómo funciona la economía y por qué otros países funcionan mejor que otros o por qué un sistema es más eficaz que otro. 

Una de las conclusiones a las que he llegado desde hace tiempo es que la empresa es un elemento fundamental para mejorar la situación económica de los países. Por ejemplo, dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el tema que se plantea como objetivo fundamental es la eliminación de la pobreza. Este es un objetivo absolutamente necesario y hay capacidad para hacerlo, en el sentido de que existe la capacidad de producción para eliminar la pobreza. La idea central es que todo el mundo tenga un nivel de vida en donde no tenga la incertidumbre si va a comer mañana o si tiene que luchar por la supervivencia. Si se consigue esto será porque se van a crear muchísimas más empresas, estoy absolutamente convencido de esto.

 

También la experiencia me ha demostrado que el entorno en el que se desarrollan las empresas influye mucho en la eficacia de sus actividades. Desde esta perspectiva, siempre me ha parecido que el discurso de la Responsabilidad Social Corporativa es necesario para garantizar que las empresas sean capaces de entregar todo el potencial que tienen, con el fin de hacer una contribución decisiva para este objetivo de eliminar la pobreza. En términos concretos, las empresas deben funcionar en un ecosistema que sea funcional para lograr sus objetivos. La Responsabilidad Social Corporativa permite que las empresas den lo mejor de sí mismas en beneficio propio y de la sociedad. Esta es la importancia del discurso y práctica de la Responsabilidad Social en general.