En esto del emprendimiento social en España llegamos tarde. ¿O quizá no? | Corresponsables.com España

En esto del emprendimiento social en España llegamos tarde. ¿O quizá no?

19-12-2017
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Allá por la mitad del siglo XX, mientras en la mayoría de potencias (con los países anglosajones a la cabeza) el emprendimiento social ya formaba parte del tejido productivo y comenzaba a extenderse gracias a prescriptores como Bill Drayton, fundador de Ashoka, en España aún tardaríamos medio siglo en incorporar esta disciplina que persigue la generación de soluciones innovadoras a problemas sociales. ¿O quizá ya lo estábamos haciendo?  Si Bangladesh y Yunus tenían su Graamen Bank y Drayton y EEUU su Ashoka, nosotros teníamos nuestra ONCE, que lleva desde 1938 generando soluciones innovadoras para garantizar la igualdad e integración social de las personas con discapacidad visual y, más importante aún, sensibilizando a nuestra sociedad. Sólo hace falta ir a cualquier otro país del mundo y buscar a personas con discapacidad visual por la calle para comprobar la diferencia abismal que existe entre nuestro país y el resto.

En los 80 aún no contábamos con ninguna incubadora de proyectos sociales (dicen que no había ni espacios de coworking aunque yo no me lo creo), pero teníamos a Cristóbal Colón. El de la Fageda. Él nos enseñó que se puede ser pequeño y a la vez muy grande.

En los 90 seguíamos sin saber nada sobre emprendimiento social, pero de economía social y cooperativismo sabíamos un rato… (actualmente España cuenta con más de  20.000 cooperativas). Y también de emprender (el 70% de la población activa total está formada por autónomos –más de la mitad- y PYMES).

Con el cambio de siglo, la llegada de Ashoka a nuestro país contribuyó a visibilizar el trabajo invisible de estos agentes de cambio y a tejer redes en la base, la escuela, para continuar promoviendo el cambio sistémico y las habilidades y competencias que les ayudarán a resolver los problemas del mañana.

Mientras los informes arrojan datos cada vez más pesimistas sobre las condiciones para emprender en España y sobre la actividad emprendedora en nuestro país (seguimos estando a la cola de la Unión Europea según el último informe Global Entrepreneurship Monitor para España), los emprendedores sociales parecen inmunes a estos datos, demostrando quizás que el emprendimiento social es más un estado de ánimo y como buen estado de ánimo se contagia… Y qué placer que nos contagien el cuestionar el status quo y promover la ética en nuestro trabajo y en nuestras decisiones del día a día…

En un entorno español donde la educación emprendedora sigue siendo el ítem peor valorado por los expertos, se hacen más necesarios que nunca los programas que visibilizan el rol de la escuela como principal motor de cambio. A ello se dedican emprendimientos sociales como RIE, un movimiento educativo con una gran misión: renovar la educación para transformar la sociedad.

Pero en nuestro país han surgido muchos más retos y problemáticas sociales.  El éxodo rural ha aumentado enormemente (actualmente la mitad de nuestros pueblos está en peligro de extinción) y las grandes ciudades continúan captando la cada vez menos joven población española. Para combatirlo, organizaciones como Radio sen Idade, Apadrina un olivo o Espacio Arroelo están logrando que las miradas vayan más allá de las grandes ciudades.

De los emprendedores sociales de esta última década también aprendemos que no se abandonan más mascotas en verano (es un problema generalizado, al que organizaciones como Miwuki dan respuesta), que el comercio responsable, sostenible y colaborativo está muy presente (con organizaciones como Farmidable), que el mayor activo de nuestro país son nuestros abuelos (Adopta un abuelo) o que todos tenemos la llave para crear una sociedad libre de violencia hacia las mujeres (Fundación Ana Bella).

Estos son sólo unos ejemplos. Hay muchos más en nuestro país. Y hay muchas más ideas que necesitan ser escuchadas.  Muchos programas de apoyo a emprendedores sociales y muchas empresas conscientes de que aliarse con estos agentes de cambio es uno de los motores más poderosos para hacer bueno su propósito y cuadrar sus balances.

Llegamos tarde, sí. Ahora sigamos haciendo bueno el dicho de que los últimos serán los primeros.