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2017: El cambio climático llegó para quedarse entre los inversores

22-12-2017
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En los últimos años una serie de elementos habían venido adelantando la creciente importancia que los inversores estaban dando a la gestión sostenible en general y más en concreto a la gestión de los riesgos y oportunidades derivados del cambio climático en las empresas a la hora de decidir en qué activos invertir. Se había venido produciendo un crecimiento continuo de los fondos de inversión socialmente responsable en todas sus categorías, incluyendo los temáticos (y dentro de ellos los ligados a cambio climático), tanto en número como en importe de capital gestionado. Los fondos generalistas empezaban a integrar información no financiera en sus criterios de inversión. Los analistas y proxys daban una importancia creciente a los aspectos relacionados con el cambio climático, evaluando cómo estos aspectos estaban integrados en la estrategia general de la empresa, si tenían un nivel de supervisión suficiente (al nivel de Consejos de Administración), si los riesgos y oportunidades asociados al cambio climático eran debidamente evaluados, si las empresas desarrollaban modelos de negocio que contribuyeran a la lucha contra el cambio climático y se adaptaran a los escenarios asociados a él…. Y el tema financiero era un clásico recurrente de todas las reuniones de alto nivel en materia de sostenibilidad y específicamente en las de cambio climático.

Sin embargo, en 2017 se han producido un conjunto de hechos de especial relevancia que van a suponer una auténtica revolución en el enfoque del mundo empresarial de este tema. Ante los reveses y retrocesos políticos que para los Acuerdos de París ha supuesto la nueva Administración norteamericana parece que otros agentes a nivel político internacional (China) y, sobre todo, el mundo empresarial en general y el mundo financiero en concreto han decidido dar un empuje definitivo a la lucha contra el cambio climático.

En algunos casos se hará por convicción ética, en otros no, pero lo que es una realidad económica incuestionable es que el cambio climático va a tener (ya está empezando a tener) un fuerte impacto económico que puede comprometer, además de cuestiones tan relevantes como la garantía de los derechos humanos de la población mundial, temas mucho más prosaicos y determinantes para los inversores: la rentabilidad de sus inversiones.

Así, uno de los países que más ha sufrido los efectos ambientales de un desarrollo poco sostenible, China, ha lanzado medidas tan reveladoras como elevar la cuota de vehículos eléctricos que deberán producir los fabricantes, que llegará al 12% en 2020. Y se prevé que, siguiendo los pasos de Francia y Gran Bretaña, prohíba la fabricación de vehículos de combustión a partir de 2040. Pero desde el punto de vista estrictamente financiero, China ha alcanzado los $130.000 MM en sus emisiones de bonos verdes. 

A nivel global se ha producido en 2017 en el mundo financiero uno de los hechos más relevantes para impulsar la integración de la gestión de los riesgos y oportunidades en la estrategia empresarial: en junio el grupo de trabajo sobre información financiera relacionada con el cambio climático (Task Force for Climate-related Financial Disclosures o TCFD) emitió su informe final de recomendaciones. La TCFD fue lanzada el 4 de diciembre de 2015 por el International Financial Stability Board (FSB) y estaba constituida por 32 miembros, que reunió a entidades financieras (usuarios de los datos), compañías (proveedores de datos) y expertos para elaborar una recomendaciones sobre reporting en materia de cambio climático por parte de las empresas que permitieran a los inversores entender mejor la exposición financiera al cambio climático. Presidida por el Gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, fue dirigida por el exalcalde de Nueva York, Michael R. Bloomberg.

El informe establece 4 áreas temáticas de recomendaciones, que abarcan:

  1. La gobernanza: La gobernanza de la empresa en relación con los riesgos y oportunidades del cambio climático
  2. Estrategia: Impacto actual y potencial de los riesgos y oportunidades relacionados con el cambio climático en los negocios, estrategia y planificación financiera de la empresas
  3. Gestión de riesgo: Procesos empleados por la organización para identificar, analizar y gestionar los riesgos relacionados con el cambio climático.
  4. Métricas y objetivos: Métricas y objetivos usados para analizar y gestionar los riesgos y oportunidades relevantes relacionados con el cambio climático.

Además, en el informe se establecen también suplementos para determinados sectores y recomendaciones adicionales sobre dónde incluir este reporting, cómo usar el análisis de materialidad a la hora de determinar la estrategia y las métricas y el uso del análisis de escenarios para permitir a los inversores entender mejor la resilencia de las organizaciones a los riesgos asociados al cambio climático.

La aparición del informe de la TCFD ha sido como apretar el gatillo que dispara la bala de la presión de los inversores sobre las empresas en materia de cambio climático. Por supuesto, en el muy corto plazo, las entidades financieras que participaron en la TCFD se comprometieron a trasladar estas recomendaciones de forma activa a las empresas en las que habían invertido sus fondos. Blackrock, por ejemplo, ha convertido en prioridad en su estrategia de engagement con las empresas preguntarles de forma individual y al más alto nivel cómo están analizando el riesgo que el cambio climático introduce en sus operaciones y Aviva ha anunciado recientemente que votará en contra en las Juntas de las empresas cuyos Consejos no sean capaces de informar públicamente de los riesgos que genera el cambio climático en sus modelos de negocio.  Pero a lo largo de la segunda mitad del año han ido apareciendo iniciativas que plantean una acción más coordinada y estructurada.

Así, por ejemplo, en la Cumbre del Planeta de París de este mes de diciembre, 237 compañías, con una capitalización de más de 6,3 Billones de dólares, incluyendo 150 entidades financieras que gestionan activos por valor de más de 81,7 Billones de dólares, apoyaron las recomendaciones de la TCFD.

Y en el camino de implementación de estas recomendaciones, aparecen también iniciativas tan relevantes como “Climate Action 100+”. Esta iniciativa que tiene un alcance de 5 años agrupa a 225 inversores, con 26,3 Billones de dólares de activos bajo gestión. Han puesto el foco inicial en 100 de las mayores compañías que emiten gases de efecto invernadero aunque las empresas pueden entrar y salir de la lista en función de las respuestas que den a los inversores. El compromiso inicial de los 225 inversores (y los que se vayan incorporando) es que cada uno de ellos haga “engagement” directo con al menos una compañía de las incluidas en la lista al año. Ese “engagement” está definido en términos genéricos de diálogo con los Consejos de Administración, pudiendo incluir potencialmente propuestas a los Consejos para mejorar la governance, disclosure y acción en Cambio Climático.  Lo que los inversores van a pedir a las compañías es:

  1. Implementar un marco de governance sólido que articule claramente la responsabilidad y supervisión del Consejo en relación con los riesgos y oportunidades del cambio climático
  2. Tomar acción para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de la cadena de valor, consistente con el objetivo de los Acuerdos de París  de limitar el incremento medio de la temperatura a menos de 2ºC respecto a la era pre-industrial;
  3. Proporcionar información detallada en línea con las recomendaciones finales de la TCFD y, cuando le sea aplicable las Global Investor Coalition on Climate Change Investor Expectations on Climate Change específicas del sector para permitir a los inversores analizar la robustez de los planes de negocio de las compañías en un rango amplio de escenarios climáticos, incluyendo los que estén claramente por debajo de 2ºC, y mejorar la toma de decisiones sobre inversiones.

No es, por tanto, accidental que surjan iniciativas relacionadas como RE100 que reúne fundamentalmente a grandes empresas que han establecido compromisos para suministrarse de energía 100% renovable en diferentes horizontes temporales. Como tampoco es accidental que el precio del carbono sea un elemento integrado en la planificación de las compañías cada vez con mayor frecuencia que, en lugares como Estados Unidos, a pesar de la falta de empuje del gobierno federal, ha visto nacer la Carbon Pricing in the Americas cooperative framework con la participación de 12 Estados y el objetivo de implementar el precio del carbono como un instrumento central de la política estatal.

En definitiva, 2017 debería ser, sin duda, recordado como uno de los años en los que la lucha contra el cambio climático recibió un empuje mayor. El año en que, frente a los pasos dudosos de algunos gobiernos, la comunidad financiera dio un golpe de timón para acelerar la lucha contra el cambio climático. El trabajo, por supuesto, no termina aquí. A lo largo de 2018 la TCFD ya ha anunciado que los emisores desplegarán el marco de la TCFD y a través de la colaboración y engagement con los proveedores de capital empezarán a proporcionar información más eficiente y útil para la toma de decisiones y la TCFD informará del grado de implementación de la iniciativa en la Cumbre del G20 de Argentina del año que viene. Marcos internacionales ya muy completos en la actualidad, como el Carbon Disclosure Project (CDP) deberán revisar su contenido para asegurar que están perfectamente alineados con las recomendaciones de la TCFD y muchos Consejos verán llegar preguntas sobre su posición respecto al cambio climático. Es decir, el cambio climático reforzará decisivamente su peso en la agenda empresarial. Buenas noticias.