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Gestión de riesgos y oportunidades vinculadas al capital natural, corazón de la sostenibilidad empresarial

11-07-2018
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En un contexto de creciente presión por parte de inversores, accionistas, clientes y demás grupos de interés en materia de sostenibilidad, medir y gestionar los impactos y dependencias que las operaciones tienen del capital natural es un desafío clave para las compañías.

Recursos naturales como el agua limpia y fresca, suelo fértil, polinizadores, minerales, pesca, madera, biomasa o energía son vitales para el mundo de los negocios. Al mismo tiempo, hoy en día corren un gran riesgo en numerosos sectores industriales por el elevado ritmo de agotamiento al que están sometidos y la falta de una gestión sostenible.

El fallo en la gestión de los recursos naturales terrestres y marinos del capital natural tiene consecuencias que van más allá de los efectos directos sobre el medioambiente. En concreto, la falta de consideración y valoración del capital natural puede representar para los actores empresariales nuevos escenarios de interrupción y pérdidas, a medida que la escasez de recursos, las medidas reguladoras y las presiones tanto de los grupos de interés como del resto de la sociedad aumentan.

El uso sostenible de los activos naturales y de los servicios ecosistémicos es crítico para el éxito futuro de la mayoría de las empresas, por lo que comprender y conocer mejor su huella de capital natural es fundamental. Las evaluaciones de capital natural no solo dotan a las organizaciones de una panorámica precisa sobre las amenazas específicas que enfrentan sus negocios, sino también acerca de las oportunidades vinculadas al reconocimiento del valor de la naturaleza y a su gestión desde un prisma sostenible.

Por la naturaleza de sus actividades, sectores como el de la energía, agricultura, alimentación y bebidas y las industrias extractivas y transformadoras tienen una exposición muy alta a los riesgos del capital natural. Esto se debe a que sus cadenas de suministro dependen de forma muy significativa de la biodiversidad agrícola; la disponibilidad de agua, alimentos, materiales y minerales; y la salud y fertilidad de los suelos. Todos ellos son bienes naturales muy vulnerables a los fenómenos meteorológicos y presiones derivadas del crecimiento poblacional.

Del mismo modo, estos sectores también cuentan con una huella de carbono muy alta por las emisiones de gases de efecto invernadero que generan sus operaciones de fabricación directas y las de sus cadenas de valor.

Los análisis de capital natural ofrecen información cualitativa, cuantitativa y monetaria sobre estos riesgos —que no siempre son considerados por las compañías—. Además, también abren una ventana de oportunidad a soluciones de mitigación de riesgos, ahorro de costes, optimización de la eficiencia, mejora de los flujos de ingresos y nuevas líneas de negocio.

¿Cómo abordar estos análisis? ¿Qué aporta de diferenciador el enfoque de capital natural?

El enfoque de capitales y, en particular, el enfoque de capital natural proporciona tres aspectos clave para responder a estas cuestiones. Por un lado, no solo considera los impactos (positivos o negativos), sino también las dependencias. Es decir, tiene en cuenta en qué medida nuestro modelo de negocio puede verse afectado por un cambio en el estado de un recurso natural o un servicio ecosistémico determinado.

En segundo lugar, la relación con el medio natural suele medirse de manera incompleta, es decir, evaluando de forma independiente la relación de un determinado proyecto o compañía con el agua, o la biodiversidad o la calidad del aire… Sin embargo, el enfoque de capitales proporciona una aproximación integral de los flujos entre los distintos elementos que conforman el capital natural. Y, lo que es más importante, informa sobre cómo el desarrollo o disminución de un elemento del capital natural afecta a otro. Por último, este enfoque permite valorar —cuantificar tanto en unidades físicas como monetarias— lo que aporta una medida conocida por todos y que facilita la toma de decisiones.

Esto último es precisamente lo más importante: Aplicar el enfoque de capital natural nos ofrece herramientas para la toma de decisiones. Contar con este tipo de información permite adoptar mejores decisiones e integrarlas en las estrategias tanto a nivel operacional como estratégico tan pronto como sea posible. Por ejemplo, ante una situación identificada de escasez local de agua, una organización estará en posición de decidir si abordar este problema bien mediante la captación de agua de lluvia en su gestión diaria o a una escala más estratégica, si opta por no ampliar una instalación existente. Del mismo modo, podrá definir medidas junto a los miembros de su cadena de aprovisionamiento para garantizar un consumo más sostenible de este recurso y buscar una solución integral a este riesgo.

Cada vez son más las entidades que apuestan por los enfoques de capital natural como una herramienta útil y eficaz para asegurar su resiliencia y continuidad futura, al tiempo que contribuyen al logro de sus objetivos corporativos y los compromisos globales adoptados como los ODS de la Agenda 2030 y el Acuerdo de París sobre cambio climático.

Esta buena práctica facilita el flujo de datos basados en la evidencia científica, que permiten corregir medidas ineficaces o perjudiciales y proporcionar soluciones a riesgos que afectan directamente a los programas de sostenibilidad de las corporaciones y, por ende, a su reputación e imagen.

Apostar por métricas basadas en la ciencia, transparentes, estandarizadas a escala global y comúnmente aceptadas para valorar los impactos y dependencias del capital natural —como, por ejemplo, el Protocolo del Capital Natural— facilita al sector empresarial la gestión adecuada de riesgos futuros a largo plazo. Asimismo, ayuda al reporting no financiero y a la presentación de informes corporativos sobre aspectos relacionados con el cambio climático y otros factores ambientales, cuya información es cada vez más requerida tanto desde el punto de vista regulatorio como por parte de los stakeholders.