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España, un país para emprender

19-12-2017



Si hay algo que he descubierto durante mi trayectoria como emprendedor es cuánto nos gusta autoflagelarnos. Vivimos en un país pesimista por sistema. Por ello, me gustaría comenzar poniendo de manifiesto que España es un país que merece la pena para esto que han dado en denominar emprendimiento. Vivimos en un país muy sólido para emprender, no hablamos para nada de un país menor, sino de uno, el nuestro, sin cuya contribución el mundo no sería el que es.

Tengan en cuenta los escépticos que somos uno de los 30 países con la renta per cápita superior a 25.000€, con las mejores infraestructuras del mundo (aunque nos sobren algunos aeropuertos, autopistas y líneas de AVE), con el reloj tecnológico en hora, con una industria automovilística competitiva, con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, con un potente sector agroalimentario, líderes en turismo internacional… Y esto crea un caldo de cultivo que permite a las semillas del desarrollo empresarial germinar adecuadamente.

Aunque en los últimos tiempos se haya puesto de moda una visión pesimista y descreída de España que lo cuestiona todo, es preciso consolidar una actitud más reflexiva y optimista de que estamos en un país con fuertes cimientos para el emprendimiento.

En diferentes aventuras empresariales, he ido dando forma a startups en las que siempre he incorporado tecnología a sectores muy tradicionales. Reparatucoche.com que ha venido a convertirse en el primer taller que opera online en nuestro país, es el mejor ejemplo de ello. No es que se lleve en el ADN, se necesitan únicamente tesón, ilusiones y, no mintamos a nadie, un notable esfuerzo económico o la capacidad para buscarlo con la que muchos afortunados cuentan. Pero, partiendo de estos mimbres, cualquiera con una buena idea puede (y debe) emprender con la premisa primera de que el mercado evoluciona y, en el 100% de los momentos, el “startapero” lo hace hacia donde marca el mercado. Y, cuando se equivoca, pivota.

Decir todo esto después de atravesar una de las peores crisis económicas de nuestra historia y, más que eso, asumirlo como cierto, es realmente complicado. Pero en el emprendimiento uno termina por ver que las crisis siempre son coyunturales y que, de hecho, tras todas ellas subyace siempre una oportunidad. No sólo el emprendimiento y la forma de emprender han evolucionado, es el mundo el que lo hace una velocidad de vértigo y donde la adaptación al cambio ha de ser cada vez más y más ágil. La solución pasa, como suelo afirmar a mi propio equipo, por “pegarse a las curvas”, cambiar la mentalidad cuando se requiera y reconocer que uno es el responsable de su proyecto esté éste en el punto que esté o en el país que esté.

Y es que, si de evolución hablamos en el emprendimiento, no podemos hacerlo sin hablar de confianza. No he conocido emprendedor sin buenas dosis de confianza en sí mismo o en la idea que da forma a su proyecto. Ahora bien, la confianza es clave a la hora de perseverar siempre y cuando en tu propia evolución no erres por incapacidad de gestionarla. La clave para mí del crecimiento de todo proyecto está en rodearse del mejor equipo y ser consciente de que los resultados pueden a veces no ser los esperados.

Es innegable que necesitamos más políticas que apalanquen la evidente evolución que el sector de las startups está viviendo desde que, a finales de los 90, apareciera Internet para hacerlo todo más fácil. Tanto como lo es un cambio de consciencia que nos haga sentir igual de válidos, creativos, exitosos y, sobre todo, valientes en esto de emprender que cualquier “startapero” de Silicon Valley donde no pocos proyectos españoles han tenido ya cabida. Iremos a más.

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