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29 junio 2017, 14:24
Actualidad

El inaceptable legado de la pobreza y la desigualdad social

17 Octubre 2016

Borja Vega, responsable de Alianzas Corporativas de Ayuda en Acción

Son numerosos los cursos, seminarios o conferencias donde se presenta, debate  y especula sobre la fórmula mágica de la sostenibilidad, como si del bálsamo de Fierabrás, que todo lo cura, se tratase.

Nos hallamos enfrascados en discusiones retóricas sobre la sostenibilidad y cómo este paradigma -emergente y clásico a un tiempo- tiene ahora su momentum, sobre si nos aportará luz a las necesidades de la triple cuenta de resultados (económica, social y medioambiental) de las entidades públicas, privadas y sociales. Ahora bien, en este debate de la sostenibilidad es imposible obviar su papel en el crecimiento exponencial de la desigualdad y la pobreza en el siglo XX y principios del XXI.

Pensemos un momento en el alcance social del término sostenibilidad: asegurar las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a las propias. Tomemos también  las cifras de pobreza y exclusión social, que nos dibujan un mundo donde el 70% de la población mundial carece de una protección social adecuada y en el que se calcula que el cambio climático podría arrojar a 720 millones de personas bajo el umbral de la pobreza en los próximos años. Es innegable la urgencia de pasar a la acción, pero también lo es el hecho de que las iniciativas y políticas que se pongan en marcha en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible no pongan en cuestión el desarrollo y la capacidad de las próximas generaciones de satisfacer sus necesidades.

Las soluciones no son sencillas y pasan no sólo por aumentar la cantidad de fondos públicos o privados, que son y seguirán siendo muy necesarios a corto y medio plazo, sino también por profundizar en la calidad de las políticas públicas y de las estrategias e iniciativas privadas vinculadas con la Responsabilidad Social. En particular, aquellas que tienen un impacto directo en la vida de las personas más vulnerables o empobrecidas, prestando especial atención a aquellas que mitigan las desigualdades estructurales de género. En esta misma línea, debemos avanzar en materias como los principios rectores de Naciones Unidas sobre las empresas y los Derechos Humanos dotándolos de mecanismos de supervisión, y trabajar para que se conviertan en un estándar mínimo para que cualquier entidad pueda obtener su licencia para operar. 

Los obstáculos son muchos y los retos son importantes si queremos que la pobreza deje de ser la única herencia que reciben millones de personas de sus progenitores. Pero para ello es necesario pasar a la acción.

Actualmente, cerca del 80% de la población del planeta posee solo el 6% de la riqueza global. Y es probable que en 2016 la participación del 1% más rico de la población en la riqueza mundial supere el 50%. Todo ello al mismo tiempo que 836 millones de personas se encuentran en pobreza extrema y que la desigualdad puede cobrarse la vida de 69 millones de niños hasta 2030. Ante estas situaciones, en Ayuda en Acción trabajamos para la mejora de las oportunidades de vida, de los ingresos de las familias y el fortalecimiento de capacidades de las personas para su autogestión, la empleabilidad o el manejo de sus emprendimientos económicos y unidades productivas; conservando sus medios de vida.

Por otro lado, el hambre extrema y la desnutrición siguen siendo obstáculos enormes para el desarrollo de muchos países. En la actualidad, se estima que 795 millones de personas sufren de desnutrición crónica, a menudo como consecuencia directa de la degradación ambiental, la sequía y la pérdida de biodiversidad. Asimismo, más de 90 millones de niños menores de cinco años tienen un peso peligrosamente bajo y una de cada cuatro personas pasa hambre en África. Para poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible, en Ayuda en Acción contribuimos a la reducción de la mortalidad infantil, la desnutrición crónica y la malnutrición, promovemos las explotaciones agrarias familiares e impulsamos las políticas relacionadas con la agricultura familiar y a pequeña escala.

Por último, los obstáculos más difíciles de superar y que aún persisten son los relacionados con la violencia y la explotación sexual (una de cada tres mujeres ha sido objeto de violencia física o sexual), la división desigual del trabajo remunerado (en el 32% de las empresas del mundo ninguna mujer desempeña un cargo directivo) o no –tanto doméstico como en el cuidado de otras personas- y la discriminación en la toma de decisiones en el ámbito público (las mujeres siguen ocupando solo un 22% de los escaños en la cámara única o en la cámara baja de los parlamentos nacionales). Es por ello que para alcanzar la igualdad entre los géneros, uno de los pilares para conseguir la erradicación de la pobreza, desde Ayuda en Acción, promocionamos el acceso al empleo y el acceso y control de los recursos por parte de las mujeres en condiciones de igualdad y contribuimos al fortalecimiento de las redes de protección de y para mujeres, así como con el fortalecimiento de las redes y organizaciones que velan por el ejercicio de sus derechos.

Es nuestra responsabilidad garantizar un futuro sin legados de pobreza y desigualdad a esta y a las próximas generaciones. Está en nuestras manos pasar a la acción, legar sostenibilidad.

 
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